Opinión | Los jueces no hacen política, sólo aplican el derecho al caso concreto (principio de legalidad)

Ricardo Rodríguez es doctor en derecho, académico correspondiente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación y magistrado. Foto: R.R.

9 / 07 / 2024 06:31

Actualizado el 09 / 07 / 2024 08:32

En esta noticia se habla de:

Cansados estamos de ver, leer y escuchar en los medios de comunicación las declaraciones y opiniones de políticos, periodistas y tertulianos sobre la intencionalidad política de ciertas resoluciones judiciales, especialmente den el ámbito penal.

Pero… ¿el juez Aguirre hace política cuando dicta una resolución?, ¿y el juez Peinado?…, ¿y los jueces Llarena y Marchena?

No. Rotundamente no. Absolutamente.

Corresponde a los jueces y tribunales aplicar la ley al caso concreto, esto es, en el ámbito penal la Ley de Enjuiciamiento Criminal y el Código Penal; sea en fase de instrucción (investigación) por si los hechos denunciados pudieran ser constitutivos de delito, sea en fase del juicio oral, dictando la correspondiente sentencia, absolutoria o condenatoria (artículo 117 Constitución española).

Entonces…, ¿por qué esos ataques furibundos  a las resoluciones judiciales dictadas en cumplimiento de su deber constitucional?

Es más, ¿por qué esos ataques nominativos a ciertos jueces?

Corresponde a los demás poderes públicos velar por la independencia judicial. Y, dentro del Poder Judicial, al órgano de gobierno del Poder Judicial, cuál es el Consejo General del Poder Judicial.

Y no se hace; no se respeta en modo alguno la función constitucional ejercitada por los jueces y tribunales: Los políticos por cuanto critican y atacan resoluciones judiciales que no les gustan o van en contra de sus intereses partidistas, llegando –se reitera- a señalar a los jueces que las dictan por nombre y apellidos.

Y el Consejo General del Poder Judicial pocas veces sale en auxilio de tales jueces de tal forma vilipendiados, simple y llanamente por cuanto los Vocales que lo integran están divididos entre la izquierda y la derecha debido al vicio de su nombramiento (de este tema ya nos ocupamos en anterior columna de Confilegal de 20 de octubre de 2020, «Reflexiones sobre el bloqueo–desbloqueo del nombramiento de vocales jueces por el CGPJ»).

Esta situación, en un Estado de Derecho como presumimos es el nuestro, es intolerable, insufrible y perniciosa.

El Poder Judicial, como uno de los tres Poderes del Estado, debería estar en igualdad de condiciones con los otros dos Poderes, el Legislativo y el Ejecutivo.

Pero no es así. El Ejecutivo, en la práctica, domina al Legislativo (de hecho, el Legislativo elige al Presidente del Ejecutivo, quien, a su vez, designa a los miembros de su gabinete, el Consejo de Ministros).

El Poder Judicial, al ser la última garantía del control de las arbitrariedades del poder político es criticado y arrollado. 1

Cada vez más. Este es el gran problema actual al observarse en los medios de comunicación (prensa, radio, TV) las noticias judiciales que copan todas las portadas (Caso Begoña, Caso Tsunami Democratic, Caso Ley de Amnistía, Caso EREs, etc.).

LLAMAMIENTO A LA CORDURA

La crítica, en una sociedad democrática, no solo es buena sino que enriquece. Pero aprovechar la crítica a resoluciones que no nos gustan para descalificar nominativamente a los jueces que las dictan es deleznable.

Debemos llamar a la  cordura de todos los representantes políticos y periodistas, amén de tertulianos y  columnistas, a que se abstengan de tales prácticas perniciosas, que dejen actuar a jueces y tribunales en el ejercicio de sus funciones con la serenidad de ánimo que requiere la alta función de juzgar a sus semejantes.

Se trata -lo sabemos y no lo duden- de una plegaria al viento.

Estamos en tiempos revueltos, sí, muy revueltos. La sociedad, derivada de la crispación política en que vivimos, en la que estamos sumergidos, está rota: conmigo o contra mí.

Una sociedad como la actual, en la que no se argumenta, no se discute, no se debate, no confronta ideas y que funciona únicamente por tuits o hashtag, tiende a radicalizarse cada vez más. Siempre a peor.

Tenemos que intentar entre todos reducir esta situación de eterno conflicto y volver a los cauces de la cordura, sin atacar –muchas veces sin fundamento alguno- a los otros, a los que no opinan igual que nosotros, de forma cruel, deleznable, vil.

¿Difícil? Sí, muy difícil, por no decir imposible. Pero debemos hacer todos y cada uno de nosotros un ejercicio de humildad y contención. Pensar  en las ideas del otro y rebatirlas dialécticamente, con argumentos y no con exabruptos. De escuchar y sí, rebatir, pero con argumentos y no con insultos soeces, groseros, bastos y chabacanos.

Es un ruego, una súplica, una plegaria. Difícil, pero –no lo duden- merece la pena.

Qué tiempos aquellos de los Padres constituyentes, de los Pactos de la Moncloa, ejemplo al mundo entero de como una sociedad pasaba de una dictadura a una democracia, a un Estado de Derecho.

¡Qué tiempos!

Como decía la canción del grupo Golpes Bajos… «Malos tiempos para la lírica».

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