Opinión | Reindustrialización y automatización: promesas y desafíos laborales

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos y consultor internacional, analiza los retos y oportunidades de la reindustrialización frente al avance imparable de la automatización, desde una perspectiva estratégica internacional centrada en Estados Unidos y Europa. Foto: EP.

20 / 04 / 2025 00:30

Actualizado el 21 / 04 / 2025 01:23

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En el complejo panorama económico actual, la reindustrialización ha emergido como un objetivo prioritario tanto en Estados Unidos como en Europa, impulsada por la búsqueda de resiliencia en las cadenas de suministro, la seguridad nacional y la adaptación a un entorno geopolítico en reconfiguración.

Sin embargo, esta aspiración colisiona con una realidad ineludible: la creciente integración de la automatización avanzada en los procesos productivos.

En este artículo tratamos de profundizar en las complejidades de este fenómeno, analizando el verdadero potencial del “reshoring” y la inversión extranjera directa (IED) para transformar el panorama industrial, el papel dual de la automatización, los desafíos de la manufactura de bajo valor añadido y la necesidad crítica de estrategias integrales de competitividad, contrastando las aproximaciones a ambos lados del Atlántico.

Una tendencia bipartidista con implicaciones estratégicas

La reindustrialización trasciende las fronteras políticas, manifestándose como una tendencia bipartidista en Estados Unidos y un pilar de la estrategia industrial de la Unión Europea.

En EE.UU., tanto la Administración Trump, con sus medidas arancelarias, como la Administración Biden, con iniciativas como la Ley CHIPS y la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), han buscado fortalecer la manufactura nacional.

Este consenso refleja una conciencia compartida sobre la importancia estratégica de la manufactura para la seguridad económica y la competitividad en un mundo cada vez más bipolar.

De manera similar, Europa enfoca su reindustrialización en la innovación, la inversión y una internacionalización estratégica particular, priorizando la transición ecológica y digital y buscando una autonomía estratégica abierta, reduciendo dependencias críticas sin cerrarse al mundo.

La competencia global se intensifica, y el control sobre la producción de bienes esenciales, particularmente en sectores de alta tecnología, se convierte en un factor determinante de poder e influencia en este tablero global interconectado.  

“Reshoring” e IED: motores del cambio con impacto diverso

El debate sobre la revitalización manufacturera se articula en torno al “reshoring” –el retorno de operaciones previamente deslocalizadas por empresas estadounidenses– y la IED –la instalación o expansión de operaciones de manufactura en EE. UU. por empresas extranjeras–.

Ambas tendencias convergen en el fortalecimiento del entramado manufacturero nacional y, según entidades como la “Reshoring Initiative”, han mostrado un incremento notable en los últimos años.

 Los datos compilados por esta organización, basados en anuncios públicos, sugieren cifras récord de empleos «anunciados» combinados de “reshoring” e IED, superando las 360.000 en 2022.

Sin embargo, es crucial interpretar estas cifras con cautela.

La distinción entre empleos «anunciados» y el impacto «neto» real en el empleo manufacturero general, reflejado en las estadísticas oficiales, a menudo presenta una disparidad significativa.

Análisis previos han expresado escepticismo sobre una reversión fundamental y sostenida de la deslocalización, y el panorama actual se caracteriza más por una «gran reasignación» de cadenas de suministro que por un simple retorno masivo.

Por ejemplo, mientras que anuncios de grandes inversiones en plantas de semiconductores por parte de empresas como TSMC o Intel (IED y potencial “reshoring”) generan titulares, es fundamental evaluar cuántos de estos empleos son netos y de qué tipo, considerando la alta automatización de estas instalaciones.

La automatización: catalizador y desafío para el empleo

La automatización avanzada no es un fenómeno paralelo a la reindustrialización, sino que a menudo actúa como un facilitador crucial.

Al mitigar la desventaja del costo laboral en comparación con países de salarios más bajos, la automatización incrementa la viabilidad económica de la fabricación nacional.

Además, impulsa la eficiencia, la calidad y la reducción del costo total de propiedad (TCO, “Total Cost of Ownership”).

Por ejemplo, la inversión en robótica en almacenes automatizados permite a las empresas gestionar inventarios y pedidos de manera más eficiente en suelo nacional, reduciendo la dependencia de mano de obra intensiva en el extranjero para ciertas tareas logísticas.

No obstante, la automatización presenta un desafío dual para la fuerza laboral. Si bien plantea riesgos de desplazamiento para trabajadores en tareas repetitivas, también genera nuevas oportunidades de empleo que demandan habilidades técnicas, digitales y cognitivas avanzadas.

La automatización está transformando la naturaleza del trabajo manufacturero, requiriendo operarios de sistemas automatizados, técnicos de mantenimiento especializados, analistas de datos para optimizar procesos y desarrolladores de software industrial.

Esta metamorfosis exige una adaptación significativa de la fuerza laboral.

El desafío de la manufactura de bajo valor añadido

La relocalización de la manufactura de bajo valor añadido (LVA), caracterizada por procesos intensivos en mano de obra poco cualificada y tecnologías simples, presenta un desafío económico sustancial debido a la disparidad de costos laborales.

Aunque el análisis del TCO y la automatización pueden mejorar la competitividad de la producción LVA nacional, la viabilidad económica sigue siendo un obstáculo.

La dependencia de la automatización para hacer viable el “reshoring LVA” crea una paradoja: la tecnología que lo posibilita simultáneamente limita el potencial de generar empleo masivo poco cualificado, históricamente asociado a estas industrias.

Sin embargo, imperativos estratégicos como la resiliencia de la cadena de suministro y la seguridad nacional pueden influir en la decisión de relocalizar manufactura LVA, a pesar de las consideraciones puramente económicas.

Por ejemplo, la producción nacional de ciertos equipos médicos básicos o componentes críticos, aunque sea manufactura LVA, puede considerarse esencial por motivos de seguridad nacional.

Políticas de reindustrialización y la urgencia de una estrategia de competitividad integral

Las políticas de reindustrialización, incluyendo medidas arancelarias, deben enmarcarse en una estrategia integral de competitividad.

La reindustrialización aislada, sin abordar los factores subyacentes que afectan la competitividad manufacturera, puede tener un éxito limitado o generar consecuencias negativas.

Una estrategia robusta debe incluir inversión en capital humano para desarrollar habilidades para la manufactura avanzada, fomento de la innovación en tecnologías y procesos, mejora de la infraestructura física y digital, y reducción de los costos de producción más allá de la mano de obra.

La política arancelaria, como la implementada por la administración Trump, busca incentivar la producción nacional.

Sus defensores argumentan que puede proteger a las industrias de la competencia desleal y darles tiempo para modernizarse. No obstante, los críticos señalan que los aranceles pueden elevar costos para las empresas, perjudicar su competitividad de exportación y desencadenar represalias comerciales.

La efectividad de los aranceles depende de su implementación como parte de una estrategia integral: si solo protegen industrias ineficientes sin fomentar la innovación, el impacto a largo plazo será negativo.

En el contexto europeo, si bien la aproximación se inclina más hacia la inversión en innovación, transición ecológica y digital, y «regulaciones de mayor peso», también surgen debates sobre cómo ciertas políticas regulatorias o prácticas comerciales pueden actuar de facto como barreras al comercio, a veces percibidas como aranceles indirectos o encubiertos.

Una alta presión regulatoria, aunque persiga objetivos válidos (ambientales, sociales, de seguridad), puede incrementar significativamente los costos de producción y cumplimiento para las empresas en la UE, afectando su competitividad global.

Esta realidad, sumada a las fricciones generadas por políticas específicas como la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense, subraya que los desafíos para una reindustrialización competitiva y una relación cooperativa sólida no son exclusivos de las políticas estadounidenses.

Ambos bloques enfrentan la necesidad de evaluar el impacto de sus propias regulaciones y medidas en la competitividad y en la facilidad para la colaboración transatlántica, incluso cuando buscan asegurar sus cadenas de suministro estratégicas.  

Navegando el futuro: estrategias para una reindustrialización robusta y colaborativa

Para maximizar los beneficios potenciales de la reindustrialización y construir un sector manufacturero competitivo, se requieren estrategias clave.

Es fundamental una inversión masiva en formación técnica y educación STEM (“Science, Technology, Engineering, and Mathematics”) para preparar a la fuerza laboral para los empleos del futuro.

Se debe reorientar la política industrial hacia la mejora de la competitividad de costos subyacente, promoviendo el análisis del TCO y racionalizando regulaciones. Acelerar la adopción de tecnologías de manufactura avanzada, especialmente en PYMEs, y mejorar la infraestructura digital son cruciales.

Fomentar cadenas de suministro inteligentes y diversificadas, considerando el “nearshoring” como alternativa o complemento al “reshoring” completo, es esencial para la resiliencia. Finalmente, mejorar la medición y evaluación basada en evidencia es necesario para rastrear el impacto real de las iniciativas y evaluar la resiliencia de las cadenas de suministro.

En este escenario global reconfigurándose, es esencial reconocer que la reindustrialización, tanto en Estados Unidos como en Europa, no debe buscarse a expensas de los aliados.

Si bien pueden surgir fricciones en torno a políticas específicas, como las generadas por la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense en Europa o los actuales aranceles de Trump, la necesidad compartida de asegurar cadenas de suministro estratégicas y adaptarse a un entorno geopolítico incierto subraya la importancia de una colaboración transatlántica sólida.

Una estrategia inteligente para Washington y Bruselas reconoce el valor de la cooperación internacional y busca fortalecer las alianzas a través de la integración económica y la complementariedad de las capacidades productivas.

Un horizonte manufacturero impulsado por la tecnología y el talento

La reindustrialización es una tendencia intrincada y dinámica que exige una perspectiva pragmática ante la automatización avanzada, que limita la probabilidad de un resurgimiento masivo del empleo no cualificado.

El éxito dependerá de la capacidad para abordar desafíos compartidos como la mejora de la competitividad, el desarrollo de habilidades para la fuerza laboral del futuro y la modernización de la infraestructura.

Las políticas industriales deben emplearse con cautela y en el marco de estrategias integrales que vayan más allá de la simple protección.

La visión para ambos lados del Atlántico no reside en un retorno nostálgico a la manufactura del pasado, sino en construir un sector manufacturero del futuro: ágil, innovador, impulsado por la tecnología avanzada –incluida la inteligencia artificial– y centrado en el desarrollo del talento humano.

Solo a través de enfoques equilibrados y estratégicos, que consideren tanto las oportunidades inherentes a la automatización e innovación como los riesgos de la desconexión y la falta de cooperación, se podrá aprovechar el verdadero potencial de la reindustrialización para impulsar una prosperidad económica y social sostenible.

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