Opinión | La era de la multiesfera: Por qué el 2026 nos obligará a elegir bando

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos, consultor y analista internacional describe el cierre de 2025: un mundo fragmentado entre multiesfera, guerras globalizadas, autarquía económica y democracias bajo asedio ante un 2026 decisivo. Foto: Generado digitalmente.

28 / 12 / 2025 00:40

Actualizado el 29 / 12 / 2025 01:43

Despida usted al 2025 no con uvas, sino con un cinturón de seguridad bien ajustado.

Si hace años algunos analistas nos prometieron una transición ordenada hacia la multipolaridad —ese tablero de ajedrez donde grandes potencias jugarían bajo reglas claras—, la realidad al cierre de este año nos ha puesto los pies en el suelo con algo mucho más caótico: la «multiesfera».

Un mundo donde las alianzas de seguridad ya no coinciden con las dependencias económicas y donde la estabilidad es, hoy más que nunca, una reliquia del pasado.

El mapa de 2025 se cierra como un recordatorio brutal de que la libertad y la prosperidad están bajo asedio. No solo por las armas, sino por una fragmentación geoeconómica que amenaza con devolvernos a los años más oscuros del siglo XX.

Con el comercio global estancado en un anémico crecimiento previsto para 2026, estamos presenciando el desmantelamiento consciente de la interdependencia en favor de una autarquía estratégica que nos hará a todos más pobres.

Europa es el espejo de esta paradoja.

Mientras Alemania parece haber encontrado un cierto aunque frágil respiro bajo el liderazgo de Friedrich Merz, recuperando el orden conservador y un atlantismo renovado tras el fin del experimento «semáforo», Francia se hunde en una parálisis preocupante.

París es hoy más que nunca el enfermo de Europa: con una deuda que roza el 117% del PIB y un sistema político bloqueado entre extremos, el Elíseo ha dejado de ser el motor de la integración para convertirse en una advertencia sobre los riesgos del gasto desbocado y la falta de consenso.

Pero el verdadero sismo es sistémico.

La guerra en Ucrania ya no es un conflicto regional; es el corazón de una guerra globalizada. La aparición de tropas norcoreanas en el frente europeo y la consolidación del eje «CRINK» (China, Rusia, Irán y Corea del Norte) han fusionado la seguridad del Atlántico y del Pacífico.

Ya no hay compartimentos estancos. Lo que ocurre en el Donbás se decide en Pyongyang y se financia en Pekín.

En Oriente Medio, la «Guerra de los 12 Días» de este junio rompió todos los umbrales de disuasión. El ataque directo entre Israel e Irán marcó el fin de las guerras por delegación: ahora son los Estados los que se golpean sin guantes.

La región se encamina hacia una «paz fría» y armada, donde la única certidumbre es la preparación para la siguiente ronda de fuego.

Mientras tanto, en las Américas, el contraste es fascinante y aterrador a la vez.

Estados Unidos, bajo la Administración Trump, ha abrazado un mercantilismo agresivo que golpea por igual a aliados y enemigos con aranceles del 25%.

En el sur, Argentina se ha convertido en el laboratorio mundial de la libertad económica: la victoria de Javier Milei en las legislativas de octubre demuestra que una sociedad agotada por el estatismo está dispuesta a tolerar terapias de choque si el rumbo moral es claro. Con todo, hoy por hoy ese experimento tiene luces y sombras.

«El 2026 se perfila como el año de la ‘Splinternet’ y los bloques tecnológicos incompatibles. Entre la regulación obsesiva de la Unión Europea y la desregulación competitiva de Washington, las empresas y los ciudadanos seremos obligados a elegir bando»

Brasil emerge como una voz de fricción frente a Occidente, irritado por las nuevas barreras verdes europeas como el impuesto al carbono (CBAM), que Brasilia percibe como un proteccionismo climático que castiga a las economías emergentes.

México, en cambio, camina claramente hacia la incertidumbre, politizando su justicia y poniendo en jaque la certeza jurídica que tanto necesita para prosperar.

Y en ese contexto aparece también Venezuela.  El despliegue de la flota estadounidense frente a sus costas no busca una invasión clásica al estilo de los ochenta, sino alimentar una estrategia de «decapitación», alentada por la sombra de Monroe.

El 2026 se perfila como el año de la «Splinternet» y los bloques tecnológicos incompatibles. Entre la regulación obsesiva de la Unión Europea y la desregulación competitiva de Washington, las empresas y los ciudadanos seremos obligados a elegir bando.

La libertad de internet, en declive por decimoquinto año consecutivo, es el canario en la mina de este retroceso civilizatorio.

Desde una perspectiva liberal clásica, el balance es una advertencia: la seguridad o la razón de Estado están devorando la libertad del individuo.

Creer que la prosperidad se logra cerrando fronteras o subsidiando campeones nacionales es una falacia que solo empobrecerá a las clases medias.

La estabilidad que ofrecen los regímenes autoritarios es una ilusión basada en la desesperación; la verdadera resiliencia reside en la sociedad abierta, la innovación descentralizada y el imperio de la ley.

El próximo año será la prueba de fuego para las democracias.

Debemos demostrar que podemos ser geopolíticamente relevantes sin traicionar los principios de apertura y libertad que constituyen nuestra verdadera fuerza moral. Pero esa relevancia es hoy un espejismo si seguimos degradando nuestras democracias desde dentro.

La amenaza a la libertad no siempre viste uniforme extranjero; a menudo viste de gala en nuestros propios despachos.

La imparable expansión de la corrupción al más alto nivel, la conversión de la política en un mero «manual de resistencia» y la demagogia de la intolerancia son las voladuras controladas que estamos ejecutando sobre nuestro propio sistema.

Cuando el imperio de la ley se erosiona en democracias consolidadas y los gobiernos electos desmantelan los contrapesos institucionales en nombre de una falsa «soberanía», estamos allanando el camino a lo iliberal.

La resiliencia de Occidente no reside en imitar la rapidez de los autócratas, sino en la legitimidad de su ley y la apertura de su sociedad civil.

La tormenta ruge con fuerza en el horizonte de 2026, y el futuro no perdonará a quienes, por ambición o ceguera, se queden a medio camino entre la libertad y el autoritarismo.

Es en ese contexto, que más tarde o más temprano, Vd. estará obligado a elegir bando.

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