Francisco Javier Martínez de Derqui, magistrado presidente que dirigió el juicio por el tribunal del jurado contra Micael da Silva Montoya, conocido como «el Portugués», lo ha condenado a 40 años de cárcel por dos asesinatos y a dos penas de prisión permanente revisable por otros dos, 80 años de prisión por 8 delitos de asesinato en grado de tentativa y a tres años y 9 meses de cárcel por un noveno delito de intento de asesinato.
También lo condena, en su sentencia 436/2025, a indemnizar a 9 personas que resultaron heridas con un total de 1.308.622,48 euros, declarando responsable civil directo al Consorcio de Compensación de seguros hasta el límite del seguro obligatorio.
Para otras cuatro personas, asimismo, queda pendiente la fijación de la indemnización, que se hará en ejecución de sentencia una vez que el informe médico forense establezca las secuelas. Algunas de ellas siguen en tratamiento hospitalario.
«Estoy muy feliz y satisfecho por la sentencia», explica el abogado Jaime Sanz Bremond –uno de los reconocidos especialistas en tribunales del jurado–, que representaba a toda la familia del novio, y cuya intervención ha sido decisiva para alcanzar este resultado.
«Y de una forma especial por la condena al Consorcio de Compensación de seguros cuya representante legal argumentó durante la vista que no podía ser condenado porque no había sido un accidente de circulación sino un hecho doloso. Lo que imposibilitaba ese desenlace. A la vista del resultado, el magistrado presidente acogió nuestro punto de vista».
Previamente a esta sentencia, los 9 miembros del jurado popular habían alcanzado el veredicto de culpabilidad al final del juicio que tuvo lugar entre mayo y junio pasados, y que se extendió durante tres semanas en la Audiencia Provincial de Madrid, hasta el 3 de junio. Más de cien personas entre familiares, peritos, policías y testigos, declararon en audiencia pública.
Los hechos no admiten paliativos. La madrugada del 6 de noviembre de 2022, Da Silva Montoya, de 38 años aceleró deliberadamente su Toyota Corolla hasta los 62,74 kilómetros por hora contra un grupo de personas que celebraban una boda en el exterior del restaurante El Rancho de Torrejón de Ardoz.
El resultado: cuatro muertos y nueve heridos graves.
Una condena que marca jurisprudencia
El tribunal ha aplicado la prisión permanente revisable por los asesinatos de Consuelo Bruno Silva, de 64 años, y Casiano Romero Bruno, de 37 años, mientras que por las muertes de José Manuel Romero Varga, de 68 años, e Iván M. S. —este último menor de 16 años— ha impuesto veinte años por cada víctima.
Los nueve asesinatos en grado de tentativa suman otros 83 años y nueve meses.
Da Silva será evaluado dentro de 25 años para determinar si puede acceder a la libertad condicional, conforme establece la normativa española que no contempla la cadena perpetua absoluta.
La noche del horror
Los hechos se desarrollaron durante una celebración nupcial con 200 o 300 invitados, todos ellos de etnia gitana. El condenado no figuraba en la lista de invitados y solo mantenía un parentesco lejano con una de las familias. Llegó acompañado de dos sobrinos y dos hijos menores.
La tensión escaló cuando el grupo protagonizó comportamientos inapropiados hacia algunas mujeres presentes y consumió whisky reservado para los más allegados a los novios. Tras el enfrentamiento, los cinco abandonaron airados el restaurante, subieron al vehículo estacionado en la calle de Jaén y Da Silva arrancó con intención homicida.
El tribunal ha rechazado categóricamente las alegaciones defensivas sobre miedo insuperable u otras eximentes. La sentencia establece que no hubo disparos contra el acusado ni fue agredido, sino que actuó «con total voluntad de causarles la muerte o asumiendo la posibilidad de que ello sucediera».
El dinero de los regalos de boda desparramado en el interior del vehículo
La investigación reveló un detalle especialmente sórdido. En el interior del Toyota fueron hallados 3.940 euros en efectivo correspondientes a la «manzana» —el donativo tradicional recogido por los novios— que Consuelo, abuela de uno de los contrayentes, guardaba en su escote.
El dato resulta escalofriante: tras arrollar mortalmente a la anciana, que llevaba el dinero en el escote, su cadáver penetró en el interior del vehículo y el dinero se desparramó por el suelo.
El condenado, para explicar este hecho, alegó falsamente que era su regalo para los novios, cuando no había sido invitado.
La detención se produjo horas después en Seseña (Toledo), cuando la Guardia Civil interceptó el Toyota circulando de forma errática. El vehículo presentaba el capó y la luna delantera destrozados por los impactos y carecía de seguro obligatorio.
La defensa puede recurrir la sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y, posteriormente, ante el Tribunal Supremo. Mientras tanto, Da Silva permanecerá entre rejas con la perspectiva de no ser evaluado para una posible libertad hasta 2047.