(Epístolas Morales a Lucilio, XXII).
Hace casi dos mil años, Séneca aconsejó a Lucilio, en su epístola XXII, abandonar sus altos cargos, para lo que debería aprovechar la mejor ocasión para liberarse de ellos poco a poco o, si no, de una vez. Y no debería continuar en su puesto de forma deshonrosa.
Además, le refirió una carta de Epicuro destinada a Idomeneo en la que rogaba a este que, en la medida de sus fuerzas, huyera a toda prisa antes de que una fuerza mayor interviniese y le quitase la libertad de retirarse.
Cuesta dejar los cargos, decía Séneca, pero hemos de liberarnos de ellos como de una esclavitud, sin preocuparnos por las ventajas que perdemos.
“Ahora comprendes que debes evadirte de esas ocupaciones brillantes, pero nocivas”.
“Nadie es tan tímido que prefiera estar siempre colgando a caer de una vez”.
“Confía en una salida airosa hasta de las situaciones más difíciles”.
Pero si te retrasas solo para considerar cuántos bienes llevarás contigo, cuánto dinero proveerá tu ocio, nunca hallarás la salida: nadie sale a flote con la impedimenta.
Yo recordaba que había leído una carta de Lucio Anneo Séneca dirigida a su discípulo Lucilio en la que le aconsejaba abandonar el cargo público antes de que fuese demasiado tarde.
Y, releyendo esta epístola, he llegado a la conclusión de que a nuestro presidente del gobierno le hubiese venido muy bien seguir esta recomendación del filósofo romano hace al menos un año.
«Séneca aconsejaba abandonar el cargo público y dedicarse a la filosofía para buscar la virtud y la sabiduría. La vida pública, llena de ambiciones y vanidades, distrae del verdadero propósito de la vida: la búsqueda de la felicidad a través del conocimiento y la virtud».
La tendencia es decir: “No, yo no puedo abandonar mis privilegios, mis prebendas, yo vivo así muy bien. Toda la vida luchando para esto, así que yo tengo que seguir aquí”.
Y aprovechaba Séneca para citar a Epicuro cuando este sugería a Idomeneo que se fuese ya porque, a lo mejor, se tendría que marchar a la fuerza, cuando la situación fuese desesperante.
Séneca aconsejaba abandonar el cargo público y dedicarse a la filosofía para buscar la virtud y la sabiduría. La vida pública, llena de ambiciones y vanidades, distrae del verdadero propósito de la vida: la búsqueda de la felicidad a través del conocimiento y la virtud.
Hace un año, las cosas estaban mal para el presidente, su gobierno y su partido, pero hoy la situación de Pedro Sánchez, su entorno y el PSOE recuerda a los últimos días del Tercer Reich en Berlín reflejados en la película “El hundimiento”.
Sánchez no hace caso a los que le recomiendan dejar el cargo y convocar elecciones, dado el escenario insostenible de tantas personas de su confianza, incluidos algunos de sus familiares.
No los oye cuando le hacen ver el ridículo que ha hecho defendiendo a su fiscal general, no permitiéndole dimitir. No ha tenido en cuenta a los que le advertían no enfrentarse a toda una sala segunda del Tribunal Supremo.
ALDAMA TRAZÓ LA HOJA DE RUTA DE LA HECATOMBE
Y ahora se encuentra con José Luis Ábalos y Koldo García en la cárcel, con un horizonte penitenciario de varias décadas, al igual que Santos Cerdán. Sus tres compañeros del Peugeot.
Víctor de Aldama ha trazado la hoja de ruta de la hecatombe desde que decidió colaborar con la justicia, delatando a los malhechores que, junto a él, practicaban buena parte de los delitos recogidos en nuestro código penal, liberándose así él de muchos años de cárcel y regocijándose, al mismo tiempo, de sus otrora compadres.
Como sugería Séneca, es mejor dedicarse a la filosofía, como algunos tendrán tiempo de hacer cuando, lamentablemente, hayan de pasar unos años privados de libertad debido a la alta corrupción en la que, por acción u omisión, se vieron involucrados.
Surgen casos de acoso laboral y sexual, registros en Hacienda, SEPI, Plus Ultra, empresas cotizadas, sedes del PSOE, Fiscalía General, ministerios y otros altos organismos y personas jurídicas, además de bares y despachos profesionales.
La actividad del Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, otros tribunales, la UCO y la policía es frenética.
Han dejado un reguero de pruebas los protagonistas de estos desmanes, tales como mensajes de voz, «Whatsapps», documentos, fotos de fajos de billetes y sobres con billetes, facturas de hoteles, restaurantes y clubes, billetes de avión, viajes al Caribe, etc.
Delitos económicos y de corrupción como cohecho, malversación, tráfico de influencias, organización criminal, prevaricación, blanqueo, etc., se repiten en las fases de instrucción, intermedia y juicio oral. Ya hay señalados varios juicios y otros poco tardarán en llegar.
Cunde el pánico, pero en la Moncloa parece no tenerse en cuenta la recomendación de Séneca a Lucilio: ¡Precisa abandonar los cargos públicos!
Allí se resiste como en una fortificación, aunque los socios de gobierno exijan remodelaciones integrales del gobierno y sus socios amenacen con abandonar el barco.
No obstante, no salgan adelante los presupuestos año tras año, aunque dimitan algunos cargos del PSOE avocados a ello, el jefe supremo desea seguir adelante a pesar de la deshonra.
Su estancia veraniega en La Mareta, con toda clase de lujos y gastos, acompañado de gran séquito, familiares y amigos, con acotaciones extraordinarias del espacio marítimo, destinando a fines particulares un bien público, al igual que su periplo en el hotel de cinco estrellas en Andorra, reservando plantas enteras y decenas de policías, guardias civiles y guardaespaldas a su lado, hacía presagiar que nuestro presidente mantendría su apego al cargo.
Quizás huya en breve a su Villa Jovis (Villa de Júpiter), como ya hizo el emperador Tiberio en la isla de Capri, no volviendo más a Roma para evadirse de sus problemas y por el temor a que lo asesinasen.
¿Tendremos en España a nuestro Bettino Craxi, fugado en algún país que lo proteja?