Opinión | La jueza desconfiada y el enfermo “imaginario” abogado.

Luis Romero, socio director de la firma Luis Romero Abogados y doctor en Derecho Penal, hace un relato crítico sobre la suspensión de un juicio por su enfermedad, marcado por la actuación hostil de la jueza, la desconfianza de otros letrados y el descrédito público y profesional que sufrió pese a contar con bajas médicas oficiales. Foto. LR.

30 / 12 / 2025 00:30

Actualizado el 31 / 12 / 2025 00:25

En esta noticia se habla de:

Repuesto ya de mi síndrome gripal, aún resuenan en mis oídos los gritos de la jueza de lo penal a mi secretaria y a mi compañera Aurora, según me contaron ellas. Estaba yo en la cama ese día sobre las nueve y pico de la mañana cuando me llamó mi secretaria y me puso sobre aviso:

– ¡Luis, que la jueza dice que no va a suspender el juicio de ninguna de las maneras! ¡Que te tendrías que estar muriendo para que ella suspendiese el juicio! Así que tienes que ir para allá o tú o cualquier abogado del bufete, y que te espera hasta última hora de la mañana o que “¡Te tendrá por no comparecido!”

– ¿Cómo que no suspende?

– ¡Hasta me ha pedido que le facilite tu móvil para llamarte!

– ¿Mi móvil?

– Y también ha dicho que sabe que estás en Madrid y que este juicio se podría haber evitado y si se va a celebrar es por tu culpa porque no quisiste llegar a un acuerdo.

– ¡Pero si yo no fui el abogado que asistió a la vista de la conformidad! Además, la familia de la víctima quiere que haya una condena de prisión efectiva ¿Cómo se iba a llegar a un acuerdo? ¡Somos la acusación particular!

– También ha dicho que la pobre chica está siendo intimidada por más de treinta familiares en la puerta del juzgado y han tenido que pedir protección policial ¡Vamos, que te espera hasta que llegues!

– ¡Esto es absurdo!

Así pues, dadas las circunstancias, tomé la decisión de abandonar el reposo recomendado y desplazarme cerca de mi casa, donde se encuentra la consulta de la seguridad social, aunque había remitido la noche anterior a mi secretaria el informe médico del facultativo que me asistió en mi domicilio y que ella había trasladado al juzgado como justificante para la suspensión de la vista oral.

Mientras me iba preparando para afrontar el frío glacial en la calle, sufría los mareos y tosía a consecuencia de mi fuerte resfriado, pensaba en las pocas veces que me había puesto enfermo un día de juicio. Aunque llevaba acatarrado varios días, creí que tomando un conocido medicamento en sobre solucionaría mi constipado.

Es más, tenía reservada habitación en un hotel cercano al juzgado de lo penal para trasladarme la tarde antes junto a una compañera del bufete.

Pero ya a esas horas vespertinas, lo único que podría salvar mi ausencia en estrados sería una milagrosa recuperación descansando y durmiendo bajo los efectos del paracetamol y otras medicinas que me recetase el médico.

Hete aquí las cosas, que hube de esperar al médico y a su enfermera hasta las nueve de la noche o más. Y a esto que llegaron, me reconoció el doctor preguntándome antes cómo me encontraba y por mis síntomas, me tomó la tensión, oyó mi respiración, etc.

Concluyendo el médico que sufría un síndrome gripal y que tendría que guardar reposo durante 72 horas, recetándome a continuación varios jarabes y comprimidos, con el consejo de abrigarme y guardar cama.

Pero antes de salir para el ambulatorio, tuve otro sobresalto cuando me llamó mi colega Aurora:

– ¡Luis, que acabo de hablar con la jueza de Jerez! No te vas a creer lo que me ha dicho. Es que me ha pasado la llamada Elvira, porque la pobre no podía ni hablar: estaba asustada.

– ¿Por qué ha llamado otra vez la jueza?

– ¡Que dice que vaya el “amigo médico” que te has buscado! ¡Que el informe que te ha hecho está muy mal y que no te vas a librar, que vaya yo para Jerez o cualquier otro compañero del bufete!

– ¡Esto no lo he visto yo nunca! De hecho, voy ahora a la consulta del SAS (Servicio Andaluz de Salud) para que me reconozcan y me den un segundo informe, ya que Su Señoría pone en duda que esté enfermo.

– ¡Vamos, vamos! ¡Luis, tú no sabes cómo se ha puesto esta señora! ¡Gritándome! La he intentado calmar explicándole que tú eres el único abogado que estás preparado para asistir al juicio, que es un juicio con casi treinta interrogatorios y cientos de folios, y que tú estás en tu casa en la cama.

– Sí, a Elvira le ha dicho algo parecido.

– ¡Qué no se cree que estés en Sevilla! Que en el parte pone que te han visto en Madrid y que el médico es de Madrid. Que no te habrá dado tiempo de volver de Madrid y que por eso no has venido, porque no habrás encontrado tren ni avión.

– ¡Claro, es que el médico está colegiado en Madrid, las recetas son del colegio de médicos de Madrid y la empresa de asistencia médica que colabora con Mapfre Salud tiene su domicilio en Madrid! ¿Y por eso una jueza ha concluido que yo estoy en Madrid y estoy mintiendo?

– ¡Claro, Luis, además tú podrías haber estado en Madrid y haberte puesto enfermo allí! No hacía más que preguntar “¿Y por qué está en Madrid?”

– ¿Y qué más te ha dicho?

– Bueno, se ha apaciguado un poco cuando yo le he asegurado que el único abogado que tiene preparado el juicio eres tú y que no te puedes desplazar. Y me ha dicho:

¡Bueno, pues “si no me queda más remedio” tendré que suspender, pero con todas las personas que han venido hoy y para nada! ¡Esto se podía haber quedado arreglado antes!

– A Elvira ha llegado a decirle que el juicio se celebraría de todas formas porque incluso les iba a nombrar abogado de oficio a mis clientes. De hecho, los padres de la víctima, la hermana y otros familiares no paran de llamar al despacho y de llamarme a mi móvil pidiéndome explicaciones. Pero yo no estoy para hablar con nadie.

¡Ah, y los familiares me preguntan que si estoy en Madrid! Haciendo ver que la jueza les ha dicho que yo los he engañado.

Tuve la suerte de no estar más de una hora en el consultorio, ya que ese miércoles 10 de diciembre había huelga de médicos y eso habría alertado a algunos enfermos para no desplazarse a la consulta pública.

Me asistió una doctora que me reconoció y dictaminó que tenía “otros trastornos respiratorios especificados” dándome la baja médica. Y remití de inmediato a mi secretaria una foto de dicho informe para que a su vez se la enviase a nuestro procurador y quedase doble constancia de mi enfermedad propia de esta época invernal.

Las llamadas no dejaron de sucederse en el bufete por parte de los clientes y familiares que preguntaban dónde estaba yo, porque la jueza le había dicho a los padres de la víctima mortal, a su hermana, al abogado de la acusada, al abogado de la compañía de seguros, a los testigos y a todo el que por los juzgados se encontraba que el juicio se suspendía porque yo estaba en Madrid.

Mi secretaria y mi otro administrativo no daban abasto pues también llamaban muchos periodistas interesados en la causa “real” de la suspensión.

Aunque muy pocas veces en los miles de procedimientos en los que he intervenido, he provocado por mi baja médica una suspensión de un juicio oral, el día anterior me encontraba tan indispuesto que hasta un compañero de Tenerife con el que estuve reunido me dijo que me veía muy mal y que debía descansar.

Respondiéndole yo a éste que debía recuperarme y asistir al juicio como fuese, pero ya al caminar por la calle, tuve que auto convencerme que esos mareos y aturdimientos anunciaban un empeoramiento que muy probablemente me impedirían cumplir con mi deber.

Lo que no me esperaba yo es la falta de respeto y consideración por parte de una jueza que no me conocía, aunque le confió a mi compañera Aurora:

– ¡No, si yo conozco a Luis Romero de Sevilla y nunca he tenido problemas con él!

Pues menos mal que la señora magistrada no había tenido nunca inconvenientes conmigo, porque esa mañana fue soberbia y prepotente con mi secretaria, con mi colega y con los pobres padres y hermana del joven fallecido en 2021 cuando colisionó su ciclomotor con un vehículo que se le atravesó de pronto en la carretera, conducido por la acusada que dio positivo en consumo de alcohol y que fue suplantada por su cuñado que se presentó ante la policía local como falso conductor.

A mis clientes los intimidó Su Señoría, pues les dijo en un tono áspero y vociferando:

– ¡El juicio no se va a suspender! ¡Voy a escuchar a los testigos, a ver qué tienen que decir! ¡Díganle que suban!

Y después de la comparecencia en la sala de vistas y de los distintos informes de las partes, cuando ya no se grababa la imagen y el sonido, les dijo:

– ¡Vaya “abogaito” que se han buscado ustedes! ¡Ahora le reclamareis a vuestro abogado! ¿No?

Aunque el portavoz de la familia había recibido los informes médicos y éste le había explicado a los padres de la víctima y a su hermana, además de a los demás familiares, el motivo de mi ausencia en Jerez, ellos llegaron a dudar de la veracidad de mi baja pues era la jueza, nada más y nada menos que una jueza, la que no hacía más que repetirles que yo estaba en la capital de España y que no me habría dado tiempo a venir.

A mi me hubiese gustado avisar con más antelación, pero había dos poderosas razones que me lo impidieron: por una parte, cuando constaté que estaba realmente mal fue por la tarde y no obtuve el parte médico aconsejándome reposo hasta después de las nueve de la noche; por otra parte, que yo sepa, a las diez de la noche no hay nadie en un juzgado de lo penal y no creo que fuese una cuestión como para avisar al juzgado de guardia.

Y como mi secretaria se incorpora a las nueve de la mañana, nada más llegar se puso en contacto con la funcionaria del juzgado para comunicarle la noticia y enviarle el escrito que acompañaba el informe médico de asistencia domiciliaria.

Lo que no se esperaba mi secretaria es que la funcionaria le pasase ipso facto con la magistrada y tuviese que oír los gritos y los malos modos de ésta.

Justo es destacar que la única parte que fue objetiva y correcta fue la señora fiscal, a quien oí en la grabación de la vista solicitar la suspensión del juicio por concurrir una causa justificada en la ley tras examinar el parte médico, sin ningún tipo de aspaviento.

Por el contrario, el abogado de la acusada puso en duda que yo estuviese realmente enfermo y afirmó que como estaba la noche anterior en Madrid, donde me había visitado el médico, no habría tenido medio de transporte para viajar con tiempo a Jerez, y que por eso no había comparecido.

Incluso solicitó a la jueza que me requiriese para justificar más ampliamente el lugar donde me encontraba la noche antes y esa misma mañana, debiendo aportar los títulos de transporte desde la capital hasta Sevilla: el imaginario viaje de un abogado enfermo “imaginario”.

Cuando oí a mi compañero, concluí que más que aplicárseme por un colega el beneficio de la duda más pareciese que nos encontrásemos en un estado policial.

Comportamiento en el que ha vuelto a incidir este “compañero” reclamando al juzgado posteriormente que yo explicase pormenorizadamente y justificase lo que hice en las horas y días posteriores a la suspensión del juicio. Es decir, desea abrir una “causa general”.

Me he interesado en encontrar la definición de “síndrome gripal” en el diccionario y se describe éste como un conjunto de síntomas respiratorios (fiebre, tos, dolor de garganta, congestión) y generales (malestar, dolores musculares, dolor de cabeza) de aparición brusca, causados por virus como la influenza, que se transmite fácilmente y puede ser leve o grave, aunque mejora en pocos días. El tratamiento se centra en aliviar esos síntomas con analgésicos y reposo.

El abogado de la compañía de seguros, la misma que la de mi seguro médico privado, también insistió en que a mi se me había reconocido en Madrid. Es decir, nadie me creía excepto, aparentemente, el ministerio fiscal.

No me extraña que en estas circunstancias haya tantos jueces en España que nos faltan el respeto a los abogados, si nuestros propios colegas se alinean con estos jueces desconsiderados dejando en mal lugar a su compañero de profesión que aunque esté en una posición contraria ha aportado un documento público que si fuese falso constituiría delito.

No es ya que se haya podido calumniar a un abogado impedido de asistir a un juicio sino que como mínimo se le ha injuriado públicamente, desacreditándolo ante sus clientes y las decenas de familiares y amigos que les acompañaban, además del dolor producido.

Como epílogo y para demostrar las prisas de Su Señoría, ésta ha fijado el juicio para octubre de 2026, llegándole a decir a mis defendidos que lo iba a señalar para 2027 cuando ya habían tenido que esperar casi cinco años desde el día de autos.

Por supuesto, esto no va a quedar así.

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