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El adiós de una gran fiscal

Susana Gisbert GrifoSusana Gisbert es fiscal en la Audiencia Provincial de Valencia.
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La noticia empezó a correr esta mañana de whatsapp en whatsapp, de Fiscalía en Fiscalía, de Juzgado en Juzgado. Soledad Cazorla, Fiscal de Sala Delegada de Violencia sobre la Mujer, estaba ingresada, en estado de suma gravedad, debatiéndose entre la vida y la muerte. No podíamos creerlo pero, cuando todavía confiábamos en que su fortaleza le haría superar el trance, nos llegó la mala nueva, frisando el mediodía, como un mazazo del que difícilmente nos recuperaremos.

No podíamos creerlo. Tuve que comprobar que estaba ya publicado en varios medios de comunicación -su valía no era para menos- para asumir que era cierto, que había pasado. Que se había marchado sin anunciarlo, sin hacer ruido, de repente, dejándonos con la boca abierta y el corazón encogido.

Pero lo importante no es tanto cómo se fue, sino cómo vivió. No voy a hacer un repaso de su dilatado e impresionante currículum, que puede consultarse con facilidad en la hemeroteca. Prefiero hacer hincapié en su calidad humana, en su calidad profesional y en su cercanía como persona, cualidades que muy pocos pueden conjugar al tiempo. Y era, en efecto, excepcional.

Soledad Cazorla era fiscal por vocación y por profesión, de ésas que crean escuela. Ha abierto un camino trascendental en la lucha contra la violencia de género y a favor de la igualdad, un camino que los demás no hemos tenido más que recorrer siguiendo sus huellas. Y sin miedo a perdernos porque, a pesar de su más que importante cargo, siempre ha sido accesible para todos y todas los que ejercíamos nuestra función desde las trincheras, sin miedo a entrar y mojarse las rodillas, como diría una compañera.

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Era Fiscal de Sala, la más alta categoría en nuestra carrera, un puesto que no está al alcance de cualquiera, más aun siendo mujer, porque, aunque poco a poco vamos logrando buenas cotas de igualdad, no siempre ha sido fácil. Y ha sido un referente para todas. Y también para todos.

Desde la entrada en vigor de la ley integral contra la Violencia de género, ha defendido sus postulados y protegido a las víctimas sin desfallecer, sirviendo de ejemplo para los que venimos detrás. Y todo ello, siempre, con una sonrisa, con una palabra amable cuando era preciso, sin perjuicio de la emplear la contundencia y la valentía que le eran propias.

Hoy estamos de luto todos los fiscales, todos los juristas, todas las personas de bien y, sobre todo, todas las víctimas de ese terrible fenómeno que es la violencia de género y todas las mujeres que pueden llegar a serlo. Y lo único que podemos hacer para amortiguar esa pérdida, es seguir la senda que ella nos marcó.

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Hasta pronto, compañera. Ya se te echa de menos.