La doctora Elisa Pinto recurrirá en apelación el archivo de la denuncia contra López Madrid por acoso sexual

La doctora del «caso López Madrid» sufre una situación «kafkiana» en los Juzgados madrileños

8 / 04 / 2016 12:47

Actualizado el 28 / 08 / 2019 09:12

La doctora dermatóloga, Elisa Pinto, sufrió el lunes y el martes una situación más propia de la imaginación de Franz Kafka que de un estado de derecho como el nuestro, al ordenarse su detención para que acudiera a una rueda de reconocimiento prevista en los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid.

Su presencia era muy importante pues se tenía que esclarecer si un testigo hindú, que regentaba un locutorio donde supuestamente Pinto solía ir «a navegar», la podía identificar.

La doctora había sido citada el pasado 4 de abril a las 11.30 por la magistrada titular del Juzgado de Instrucción 26 de Madrid, Concepción Jerez, para que tomara parte en una rueda de reconocimiento, con cinco mujeres más, para determinar si un testigo, un ciudadano indio que había regentado un locutorio, podía identificarla.

La magistrada Jerez es la que lleva el segundo «caso López Madrid». En este el empresario Javier López Madrid, yerno de Juan Miguel Villar Mir y amigo personal de los Reyes, aparece como víctima de supuestos acosos telefónicos.

La doctora, en este asunto, aparece como sospechosa, a diferencia del que lleva el Juzgado de Instrucción 39 de Madrid -cuya titular es Belén Sánchez Hernández-, en el que Elisa Pinto es la denunciante, caso que fue archivado provisionalmente hace unos días. Y cuyo archivo ya ha recurrido la doctora, alegando, entre otras cosas, una vulneración de la tutela judicial efectiva.

FUERTE DOLOR DE ESPALDA

Según ha podido saber Confilegal, la madrugada del lunes la doctora sufrió un fuerte dolor en la espalda que la dejó “doblada”. Las primeras sospechas es que podría tratarse del aplastamiento de una vértebra dorsal, por lo que fue llevada por su marido a Urgencias del Hospital San Rafael para ser atendida.

Su abogada, Ana Blanco, informó a las 10.50 a la magistrada de lo que le estaba sucediendo a su cliente, a la que habían puesto una unidad intravenosa en el brazo para mitigar los fuertes dolores.

Fue a partir de ese momento cuando se materializó el «espíritu de Kafka».

Porque todo indica que la magistrada no se creyó lo que de verdad le estaba sucediendo a Pinto. Así que a las 12.30 dijo que iba a mandar a la Policía Judicial al Hospital para comprobar si era verdad.

La abogada de la doctorar la informó a través del móvil y ésta, con la vía intravenosa puesta, presa de fuertes dolores, optó por abandonar el hospital. Tomó un taxi y se fue a los Juzgados, que estaban a poco más de diez minutos.

La rueda de reconocimiento no tuvo lugar de inmediato, porque la juez comenzó unas testificales, por lo que la doctora Pinto se vio obligada a esperar en el pasillo, tiempo durante el que su salud empeoró. Por lo que su abogada decidió acompañarla a la calle, donde la metió en un taxi y la mandó de regreso al hospital.

ORDEN DE DETENCIÓN

La letrada Blanco le explicó a la juez después lo que estaba sucediendo, pero esta siguió sin creérselo, así que a las 15.00 cursó una orden detención contra la doctora Pinto.

Cuatro miembros de la Policía Judicial de la Policía Nacional se presentaron, primero, en su casa, y luego en el Hospital San Rafael para materializar la detención de la dermatóloga, con el fin de conducirla a los calabozos de Plaza de Castilla.

Sin embargo, los policías comprobaron que Elisa Pinto se encontraba realmente mal de salud. Había sido ingresada. No sufría un aplastamiento de la vértebra dorsal, como se temía, sino que era un pinzamiento de la hernia discal.

Visto lo visto, los policías, a pesar de tener la orden de detención que les autorizaba a llevársela a los calabozos, acordaron con ella que pasarían al día siguiente para conducirla ante la magistrada Jerez, de lo que fue informada esta.

Prevaleció, por lo tanto, el sentido común.

Se estuvo en un tris de cometerse una injusticia.

A las 8 de la mañana, cuando ya estaba visiblemente recuperada, los mismos policías le leyeron sus derechos –como en las películas y como se tiene que hacer- antes de introducirla en el vehículo oficial y enfilar hacia Plaza de Castilla.

La rueda de reconocimiento tuvo lugar a las 11 de la mañana.

La juez Jerez, ya convencida de que la doctora Pinto había estado sufriendo fuertes dolores de espalda, se mostró amable con la “sospechosa” y su abogada.

Elisa Pinto se colocó junto a cuatro mujeres más para ver si el testigo podía reconocerla.

Pero no la reconoció.

Al terminar, la mencionada rueda, que se llevó a cabo en los sótanos de los Juzgados de Plaza de Castilla, donde hay habilitada una habitación para tales menesteres, Pinto no recuperó automáticamente la libertad.

Tuvo que esperar hasta las 12.30, cuando se le entregó el auto de libertad consiguiente.

Lo dicho, como si lo hubiera pensado Kafka.

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