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Hervé Falciani: “La corrupción es el más importante de todos los riesgos a los que estamos haciendo frente”

Hervé Falciani provocó un terremoto en el mundo de las finanzas con la entrega, a las autoridades de diferentes países -incluyendo la española- de la lista de millonarios que tenían su dinero oculto en paraísos fiscales a través del banco en el que trabajaba, el HSBC. Confilegal.
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Hay una cosa innegable. Hervé Falciani tiene un don de gentes innato. Posee una sonrisa desarmante y unos ojos que se conectan en clave de felicidad que iluminan su cara y te hacen pensar, “¡qué majo es este tipo!”.

Es imposible que te pueda caer mal. Y aunque a veces da de patadas a tu idioma, de una forma que matarías a alguien, a él se lo perdonas sin ningún rencor.

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Entiendes su “secreto personal”, por qué hizo lo que hizo y no lo detectaron. “¡Cómo no ibas a confiar en él!”, seguro que dijo más de un jefe suyo después de saber que este ingeniero informático –de 44 años en la actualidad-, franco-italiano y nacido en Montecarlo, se había llevado los datos de 127.000 clientes de la sucursal de Ginebra, Suiza, del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC).

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Fue en 2009 y el mundo bancario suizo tembló como en un terremoto.

Era el dinero “secreto” que los ricos y opulentos del mundo tenían oculto, a buen recaudo, lejos de las autoridades fiscales de sus respectivos países.

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La sección de los grandes patrimonios de ese banco gestionaba entonces 382.000 millones de dólares. Entre los propietarios de esas cuentas, copiadas por este experto informático en una “nube”, figuraban más de 1.800 españoles, 10.000 italianos, 12.000 franceses, casi 11.000 británicos, 6.000 estadounidenses, 1.800 japoneses y 1.300 griegos, entre otros.

En total, 800 gigabytes.

Falciani y yo teníamos una entrevista pendiente desde el año pasado, cuando La Esfera de los Libros –la editorial en la que yo publico- me envió su libro, titulado “La Caja fuerte de los evasores. La Lista Falciani”.

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Lo leí con mucho interés. Es una manual muy completo sobre cómo funcionan los bancos y los paraísos fiscales, en el que descubres que no hay sólo un triángulo de las Bermudas.

Son dos. El segundo está formado por Las Islas Vírgenes, Panamá y Bahamas. Basta con crear tres sociedades pantallas en esos paraísos fiscales para hacer desaparecer cualquier rastro del dinero.

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Un libro muy recomendable.

Había muchas preguntas pendientes. La oportunidad se presentó en Torres, Jaén, en el marco de los cursos de verano que allí organizaba la Fundación Internacional Baltasar Garzón y la Universidad de Jaén y en los que los dos éramos ponentes.

Y el bar de la casa rural, pegada al centro donde tenía lugar el curso, al filo de las 12,pegamos la hebra Hervé Falciani y un servidor.

Falciani con los olivos de Torres, Jaén, al fondo, donde tuvo lugar la entrevista.
Falciani con los olivos de Torres, Jaén, al fondo, donde tuvo lugar la entrevista.

Cuando ‘tiró de la manta’, usted estaba casado y tenía una hija. Ganaba un magnífico sueldo. Tenía una posición acomodada. ¿Le apoyó su mujer, a sabiendas de que eso significaba el final de ese mundo para la familia?

No fue un proceso de un momento. No llegué a tomar esa decisión en un minuto.

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Mi mujer y yo hablamos mucho sobre el asunto y nos preparamos, para sufrir lo menos posible económicamente. Ella sabe cómo soy, cómo es mi naturaleza. Creía firmemente que se podían cambiar las cosas. Y di el paso. Fue muy, muy meditado.

Pero sí, contamos con una cobertura económica, un ‘colchón’, como dicen en España, de un año. Minimizamos el riesgo al máximo. Mi mujer también trabajaba.

En el libro se refiere, en varias ocasiones, a “la red”, un grupo de amigos que le ayudaron a escondidas. ¿Quiénes eran esos amigos, que más que amigos parecen ángeles protectores?

Lo fueron, sin duda alguna. Fueron auténticos ángeles protectores. Cuando te decides a participar en un juego como éste tienes que conocer todas las reglas del juego. Y las reglas son las leyes. En esta sociedad, los que conocen esas reglas son los abogados. Fíjate, que de los 10 últimos presidentes franceses, 7 han sido abogados.

A “la red” le debo no sólo sus consejos, también su apoyo. Porque me ayudaron después a buscar trabajo.

Su padre trabajó en el BCI de Montecarlo. ¿Ha hablado con él sobre todo lo ocurrido, sobre lo que ha hecho?

Continuamente. Su relación conmigo es –y es lógico- de respeto y de protección. Respeta las decisiones que he tomado, pero también siente miedo. Es normal. Es muy humano. Mi padre me quiere y no desea que me ocurra nada malo.

Pero mire, yo crecí en un ambiente ‘bancario’. Desde muy niño aprendes que la banca existe porque sabe manejar el riesgo mejor que otras entidades.

La banca piensa en el riesgo. No en el peligro. No en el miedo. Piensa en un riesgo que valora y al puede poner un costo.

Por eso aprendí que manejar el riesgo significaba valorar la situación y decidirse.

La vida consiste en eso, en evaluar riesgos, en estudiar cómo afrontarlos con éxito.

Dentro de los riesgos que maneja un banco hay un riesgo, muy raro, que es el riesgo legal.

De eso saben mucho.

Por eso le dio tanta importancia a la estrategia jurídica, ¿verdad? Para asegurarse que los datos no pudieran ser invalidados legalmente después.

Así es. Mis “ángeles protectores” (se ríe abiertamente ante la idea, que le parece muy atractiva) y yo apostamos porque se abriera la investigación en Francia, pero, para ello, había que provocar que previamente se abriera otra en Suiza.

De otra forma, todo hubiera quedado en agua de borrajas.

Era diciembre de 2008, y yo ya estaba en contacto con las autoridades galas desde mediados de ese año. Me había hecho con el material en 2007, a lo largo de pocos meses.

Me detuvieron en Ginebra, en Suiza, en el banco, luego registraron mi casa y me pusieron en libertad. Cuando eso ocurrió, me marché a Francia, a Niza.

Lo que queríamos provocar era que los suizos pidieran mi detención y la incautación del material, de lo que después se ha llamado la lista Falciani, para que, desde ese momento, los jueces franceses pudieran utilizar legalmente toda la información.

Desde allí escribí al fiscal de Niza diciéndole que tenía información de interés nacional y que estaba dispuesto a colaborar a condición de que se investigara el material hallado en mi ordenador.

Contenía una lista con los nombres de los 12.000 ciudadanos franceses que tenían una cuenta en el HSBC de Ginebra.

Ese fue el principio de todo.

Leyendo su libro uno tiene la sensación de que los políticos que elegimos democráticamente son agentes encubiertos de los poderosos. ¿Es así?

En la mafia existe lo que se denomina ‘deuda de sangre’. Si tú tienes una deuda de sangre conmigo, me perteneces. Estás a mi servicio.

Con los políticos ocurre lo mismo. Si un político tiene una deuda con el banco, su alma pertenece al banco. Tiene poder sobre él. En la banca privada es donde se concentra el poder financiero y tiene una indudable influencia sobre el poder político. Es evidente. Cualquiera puede verlo.

Sexo, dinero, poder, nacionalismo y miedo, son los cinco elementos esenciales que definen ese control.

Falciani durante su intervención en la conferencia que pronuncio en el curso de verano sobre libertad de expresión en Torres, Jaén.
Falciani durante su intervención en la conferencia que pronuncio en el curso de verano sobre libertad de expresión en Torres, Jaén.

Su libro describe el funcionamiento de bancos como el HSBC y el uso de los paraísos fiscales como algo parecido a una matriuska, a una muñeca rusa que contiene otra muñeca y que esta a su vez tiene otra, y otra y otra. La investigación judicial desde un país como España se puede hacer eterna e imposible. ¿Es así?

La relación de fuerzas con las que cuentan los jueces y fiscales en comparación con las que cuentan los bancos como el HSBC es desproporcionada.

El presupuesto que mi antiguo banco destinaba al “software” anualmente era diez veces el presupuesto que la Gendarmería francesa había invertido en diez años.

El último recurso que tenemos es volver a la democracia participativa para poder hacer frente a la corrupción. Hay que dejar de pensar que la solución a nuestros problemas la tienen los tecnócratas. La solución la tenemos los ciudadanos. Hay que implementar medidas de transparencia, de control. Y hay que comprometerse con nuestro mundo.

¿Por qué debemos de creer que los tecnócratas tienen más conocimiento para dirigir nuestro mundo que nosotros?

El poder está en nosotros, en los ciudadanos. Nosotros tenemos las respuestas y la legitimidad.

La corrupción es el más importante de todos los riesgos a los que estamos haciendo frente.

Según usted, ¿dónde está el mayor riesgo de corrupción?

En la contratación pública. Supone más del 70 por ciento del dinero que se invierte.

Ahí está el problema.

Por eso, hay que proteger la figura de los ‘whistleblowers’ (alertadores o reveladores de secretos; personas que trabajando en el sector público o privado, denuncia algo que puede constituir un delito).

En la actualidad, los ‘whistleblowers’ están completamente indefensos. A nivel político se habla mucho de la necesidad de luchar contra los paraísos fiscales.

Se centra todo en los tratados internacionales cuando la clave está en las personas que denuncian, que aportan información útil. Todo está organizado para mantener el secreto del dinero.

Hay que hacer que tanto las Administraciones como las empresas privadas formen a sus trabajadores contra la corrupción interna. El cumplimiento normativo, sin duda, es una buena herramienta.

Los estadounidenses suelen pagar a esos ‘alertadores’ el 10 por ciento del dinero defraudado y recuperado, como medio para compensarles ya que no van a poder encontrar trabajo. ¿Qué opina usted?

La compensación económica es un método muy eficaz porque la persona necesita vivir, comer, tiene familia.

En Estados Unidos cada empleado está entrenado por la empresa para comunicar fallos éticos, de corrupción, sobornos.

La ley obliga a las empresas a dotarse de sistemas para proteger a los trabajadores que denuncien irregularidades.

Esa es la forma: Protegiendo a los empleados para que no sean represaliados.

En España se modificó en 2011 el Código Penal y se introdujo precisamente eso, el cumplimiento normativo y la presencia de un responsable de ese cumplimiento. ¿Vamos por buen camino, entonces?

La clave está en impedir las represalias contra los ‘whistleblowers’.

En Suiza se aplican medidas de transparencia y no se permiten tampoco las represalias. Puede ser un modelo a seguir.

En los últimos años usted ha colaborado con los jueces de instrucción y los fiscales de la Audiencia Nacional. ¿Qué opinión le merecen?

[Se ríe] No puedo juzgar a los jueces. Puedo decir que comparto toda su motivación y sus esfuerzos.

El año tiene 365 días. ¿En cuantas camas diferentes se acuesta al año? Porque su vida sigue corriendo peligro.

[Se ríe] Es algo que elegí y no me arrepiento. Creo que podemos cambiar el mundo y hacerlo mejor. Sin duda.

Lo creo.