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Todo lo que usted quería saber sobre el «ciberbullying» o ciberacoso

Javier Puyol
Todo lo que usted quería saber sobre el «ciberbullying» o ciberacoso
Javier Puyol, socio director de Puyol Abogados.
05/3/2017 05:58
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Actualizado: 04/3/2017 22:42
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El término ciberacoso fue usado por primera vez por el educador canadiense Bill Belsey. El “ciberbullying” es el uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online principalmente) para ejercer el acoso psicológico entre iguales. No se trata aquí el acoso o abuso de índole estrictamente sexual ni los casos en los que personas adultas intervienen.

El acoso escolar y el ciberacoso (en inglés “bullying” y “cyberbullying” respectivamente), son formas de violencia entre iguales que se dan tanto en la escuela – acoso – como en la Red – ciberacoso – a partir de las relaciones que emergen en la vida escolar.

El ciberacoso implica un daño recurrente y repetitivo infligido a través del medio del texto electrónico. Y el “ciberbullying” se define como acoso entre iguales en el entorno TIC, e incluye actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos de niños a otros niños.

Según R.B. Standler, el acoso pretende causar angustia emocional, preocupación, y no tiene propósito legítimo para la elección de comunicaciones. El acoso escolar y el ciberacoso que sufren muchos niños y niñas tienen repercusiones negativas en su bienestar, en su desarrollo y en el ejercicio de sus derechos.

Los gobiernos, las autoridades educativas, los centros educativos, los profesores y las profesoras, las familias y los mismos niños y niñas deben hacer sus mejores esfuerzos para que esto no ocurra. Estamos ante un caso de “ciberbullying” cuando un o una menor atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas.

El ciberbullying puede comenzar en torno a los 9 años y normalmente finaliza sobre los 14. Después de esa edad suele convertirse en acoso sexual. Según el estudio “Juventud y Violencia”, de la Fundación Pfizer, el 11,6 por ciento de los adolescentes españoles de entre 12 y 18 años ha sufrido maltrato psicológico a través de la Red y un 8,1 por ciento lo ha sufrido a través del móvil.

Las víctimas conocen a los agresores

Y según Mora-Merchán, aproximadamente el 50 por ciento de las víctimas de ciberbullying conoce a sus agresores. Del mismo modo, y de acuerdo con los datos del INCIBE, el 5,9 por ciento de los menores españoles usuarios de móvil afirma haber recibido mensajes o llamadas de otros menores metiéndose con él/ella, y el 11,5 por ciento de ellos ha tenido acceso mediante su móvil a imágenes de peleas con chicos conocidos, y según otras fuentes, el 26’6 por ciento de los adolescentes españoles practica o padece ciberbullying y el el 10,5 por cientode los adolescentes se ve implicado en estas actividades de ciber-acoso vía mensajería instantánea; el 4,6 por ciento a través del chat; el 4,3 por ciento por mensajes de teléfono, el 2,8 por ciento vía correo electrónico, el 2,7 por ciento por teléfono y el 1 por ciento a través de fotografías o vídeos

Según señalan Reig y Vilchez en un interesante estudio, constituye un hecho evidente que todos, jóvenes y mayores, están progresivamente entrando en esa nueva era comunicativa, aunque, por razones obvias, preocupe la educación de los menores en el control y buen uso del dispositivo. Pero todos están sujetos a los mismos posibles problemas de ansiedad y de adicción, cuando algo falla o frustra al respecto de ese uso. Como todos también gozan de las ventajas indudables que el dispositivo ofrece.

El “WhatsApp” es el símbolo, el icono más representativo de todo lo que es y significa el Smartphone. Una buena música se puede escuchar a través de otro medio, pero esa comunicación inmediata y al alcance de la mano las veinticuatro horas del día, no. Eso lo proporciona el WhatsApp. Es el verdadero valor comunicativo añadido, el plus que se suma al todo en uno que concita el Smartphone.

El adelantamiento progresivo de la edad a la que los padres, en proporción creciente, están regalando este dispositivo a los hijos menores refleja, por un lado, la influencia de una sociedad del consumo de lo último, junto a la fascinación generalizada hacia todo lo tecnológico.

Es evidente que el uso de un Smartphone por parte de un menor constituye cuando menos una cuestión educativamente preocupante.

La percepción es que ha cogido desprevenidos a todos, también a la educación con sus dimensiones y tareas, y entre sus principales agentes, a los padres y a los profesores. Por su parte, los menores, niños y adolescentes, están introduciéndose de manera espontánea y natural, ausente de miedos y de prejuicios, en algo que forma parte de su mundo.

El aprendizaje de los chicos en todo esto sigue una secuencia habitual en el aprendizaje de conductas y hábitos consiguientes: ver-interesarse-mirar-tocar-observar-imitar-ensayo-error-desearlo-tenerlo-lograrlo-usarlo.

En este sentido, y tal como se señala en la web Pantallas amigas, debe tenerse presente que el anonimato, la no percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción de roles imaginarios en la Red convierten al “ciberbullying” en un grave problema.

Formas de ciberacoso

Las formas que adopta son muy variadas y sólo se encuentran limitadas por la pericia tecnológica y la imaginación de los menores acosadores, lo cual es poco esperanzador. Algunos ejemplos concretos podrían ser los siguientes:

a). Colgar en Internet una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes) datos delicados, cosas que pueden perjudicar o avergonzar a la víctima y darlo a conocer en su entorno de relaciones.

b). Dar de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente… y cargarle de puntos o votos para que aparezca en los primeros lugares.

c). Crear un perfil o espacio falso en nombre de la víctima, en redes sociales o foros, donde se escriban a modo de confesiones en primera persona determinados acontecimientos personales, demandas explícitas de contactos sexuales.

d). Dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad.

e). Dando de alta la dirección de correo electrónico en determinados sitios para que luego sea víctima de spam, de contactos con desconocidos.

f). Usurpar su clave de correo electrónico para, además de cambiarla de forma que su legítimo propietario no lo pueda consultar, leer los mensajes que a su buzón le llegan violando su intimidad.

g). Provocar a la víctima en servicios web que cuentan con una persona responsable de vigilar o moderar lo que allí pasa (chats, juegos online, comunidades virtuales…) para conseguir una reacción violenta que, una vez denunciada o evidenciada, le suponga la exclusión de quien realmente venía siendo la víctima.

h). Hacer circular rumores en los cuales a la víctima se le suponga un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso.

i). Enviar menajes amenazantes por e-mail o SMS, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual provocándole una sensación de completo agobio.

Según se pone de manifiesto en una página web especializada argentina,  el medio en que se produce el llamado “e-bullying” puede ser la transmisión de mensajes de texto a móviles, imágenes tomadas con las cámaras de los teléfonos, e-mails bajo una identidad falsa, grupos de debate en línea y páginas Web dedicadas a la victimización de una persona específica. Las consecuencias de este abuso pueden ser devastadoras.

El entorno virtual facilita la intimidación e intensifica la experiencia de abuso desde la perspectiva de la víctima. Es así que aquellas herramientas que los menores utilizan para mantenerse comunicados se transforman en un objeto que facilita el acoso. Tanto los padres como los hijos tienen que tomar conciencia de los peligros que existen y adoptar las medidas necesarias para prevenirlos.

Para lograrlo, es importante que dichos menores no sólo estén informados sobre la existencia del ciberacoso sino que además pueden confiar en los adultos o amigos para poder contarles si está siendo acosado. En más de un centro escolar hubo casos en los cuales un grupo de adolescentes crearon un grupo en una red social contra una persona determinada, donde, por ejemplo, un conjunto de jóvenes se dedica a maltratar, agredir e insultar a esa persona publicando comentarios en la red social que pueden ser leídos por todos.

La agresión no es sólo verbal, también se pueden subir fotos o videos que comprometan  o avergüencen a la víctima. En estos casos extremos, tanto el centro escolar como la familia de la víctima y como la de aquellos que causan el daño deben intervenir para erradicar ese accionar violento.

En este sentido, según se afirma en dicha página web, Internet es un medio donde las personas, en parte por preservar su intimidad, y en parte por las características del mismo (falta de interacción cara a cara, distancias geográficas y culturales entre usuarios, etc.) utilizan «nicks» (apodos) y muy a menudo, inventan perfiles y características personales falsas. De hecho muchas veces los adolescentes también agregan datos falsos a sus perfiles para parecer más grandes o bien para agradar más a un conocido.

El problema es cuando un usuario decide crear una persona que no existe con datos falsos con la finalidad de acosar y maltratar a otra, sin considerar las graves consecuencias que este acto puede acarrear. En algunos casos, la protección que brinda el anonimato puede favorecer actitudes agresivas, insistentes y de carácter amenazante por parte de la persona anónima, que puede ser también un niño o niña.

Características del hostigamiento

El grupo CIDEP que investiga el fenómeno del “bullying” y “ciberbullying”, ha enumerado las siguientes características respecto de una conducta de hostigamiento:

a). Debe existir un hostigador y un hostigado.

b). El bullying y el ciber-bullying es contra una persona concreta y no contra un grupo.

c). El que ejerce el hostigamiento generalmente es un grupo, dirigido por un líder quien idea las acciones. Aunque no siempre sea él el que las ejecuta.

d). Tiene que haber un desequilibrio de poder o de fuerza.

e). El hostigamiento tiene que ser repetido y sostenido en el tiempo.

f). El niño hostigado tiene más riesgo de padecer enfermedades psíquicas y físicas tales como depresión, fobia escolar, ansiedad, trastornos de aprendizaje, cefalea, dolor abdominal, etc. Pero se observó que el hostigador también puede padecer cuadros de ansiedad, trastornos de conducta y baja autoestima.

Según un estudio elaborado en 25 países y recién publicado por Microsoft, España se sitúa en cifras medias a nivel mundial en cuanto al ciberbullying. El análisis, realizado entre 7.600 chicos de entre 8 y 17 años, muestra que están muy sensibilizados en torno a este problema. Así, el estudio revela que un 63 por ciento  de los niños españoles afirma saber mucho o algo sobre ciberacoso (conocimiento algo superior a la media de los 25 países analizados: 58 por ciento) y hasta un 81 por ciento se confiesa preocupado al respecto.

El 19 por ciento de los encuestados admite acosar a alguien en la Red. Entre el 37 por ciento de los jóvenes españoles que son ciberacosados, un 17 por ciento admite recibir un trato poco amistoso, un 13 por ciento ser objeto de burlas y un 19 por ciento ser insultado.

Además, las posibilidades de ser víctima de este «bullying online se duplican cuando también se es acosador: la tasa de acoso entre quienes se burlan o amenazan a terceros escala hasta el 74% frente al 37 por ciento de quienes no.

El 71 por ciento de los padres habla habitualmente con sus hijos sobre los riesgos que entraña Internet, y casi un 60 por ciento que les enseña cómo navegar de forma segura mientras que un 67% de los padres y madres controla directamente el uso que hacen sus hijos del ordenador.

Este uso, si es intenso, expone al menor a mayores riesgos, según el informe: más de la mitad de los encuestados asegura que son acosados cuando navegan por Internet más de 10 horas semanales, frente a la tasa del 29 por ciento de acoso de quienes navegan menos.

Consejos

Ante esta situación, la citada web Pantallas Amigas, propone 10 consejos de cómo actuar en supuestos de “ciberbullying”.

Estas recomendaciones son las siguientes:

  1. No contestes a las provocaciones, ignóralas. Cuenta hasta cien y piensa en otra cosa.
  2. Compórtate con educación en la Red. Usa la Netiqueta.
  3. Si te molestan, abandona la conexión y pide ayuda.
  4. No facilites datos personales. Te sentirás más protegido/a.
  5. No hagas en la Red lo que no harías a la cara.
  6. Si te acosan, guarda las pruebas.
  7. Cuando te molesten al usar un servicio online, pide ayuda a su gestor/a.
  8. No pienses que estás del todo seguro/a al otro lado de la pantalla.
  9. Advierte a quien abusa de que está cometiendo un delito.
  10. Si hay amenazas graves pide ayuda con urgencia.

Por último, entre otros intentos de frenar esta situación, debe ponerse de manifiesto la importancia que tiene el llamado “Protocolo de actuación escolar ante el Ciberbullying”, en el que se pone de manifiesto este fenómeno es de gran relevancia por su prevalencia, la gravedad de sus consecuencias y las dificultades que presenta para su prevención y abordaje.

Por ello, su tratamiento ocupa un lugar destacado en las prioridades institucionales de un gran número de países de todo el mundo y, en especial, en Europa.

Cuando se produce entre niños, niñas, y adolescentes, y como ya se anticipó, los efectos pueden ser devastadores, puesto que se derivan del uso nocivo de tecnologías tan poderosas y cotidianas como Internet y la telefonía movil. Independientemente de que se manifieste o no en el contexto escolar, la comunidad educativa debe conocer cuál es la mejor forma de detectarlo, afrontarlo y erradicarlo, para poder así contribuir al desarrollo óptimo del alumnado.

Ésta no es tarea fácil debido a las singulares características del acoso por medio de las nuevas tecnologías: anonimato, inmediatez, efecto en cadena, alta disponibilidad, diversidad de canales y procedimientos, entre otros.

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