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Reflexiones sobre este segundo Brexit

Con todo lo grave que es el Brexit, estaba cantado, y ello lo profetizó ya Charles de Gaulle con sus dos vetos a la entrada del Reino Unido en la CEEEl jurista Luis Murillo.
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Primero hay que decir que este es el segundo Brexit. No hemos de olvidar que ya en el siglo XVI Enrique VIII no aguanta que Roma dictamine sobre su matrimonio. Por ello, sustituye al Papa, se separa de Roma y crea la Iglesia Anglicana.

Sólo después de crear la Iglesia Anglicana empieza ésta a sufrir influencia protestante, pero no se separa por ello, sino por algo muy inglés que es no soportar decisiones que no sean de ellos.

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Fue una separación total, dura y sin solución.

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Desde el punto de vista católico siempre se ha centrado todo en la frivolidad de Enrique VIII con el divorcio, pero es algo más.

No fueron los postulados de la reforma protestante, como digo, de hecho el título Fidei Defensor, que se lo dio a Enrique VIII un Papa, lo siguen manteniendo sus  sucesores.

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No fue una cuestión de fe sino de no reconocer competencia sobre tema alguno a otra autoridad que no fuera el rey y más a una autoridad foránea.

En segundo lugar hablamos de una cultura muy distinta a las continentales: pesos y medidas, conducción por la izquierda… La cultura política es, también, muy distinta de la del Continente.

Ahora, mucha gente se sorprende al ver los debates de la cámara de los Comunes.

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Los debates de este Parlamento, el más antiguo del mundo, son muy distintos de los de los diferentes parlamentos europeos y de los del Parlamento Europeo.

Los británicos son poco “racionalistas” se rigen por sus costumbres, tradiciones y convenciones parlamentarias no escritas, por no tener no tienen ni Constitución escrita, sus normas constitucionales están dispersas, hay algunas en normas escritas, otras en convenciones parlamentarias no escritas, etc…

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Culturas políticas diferentes

La diferencia con las culturas políticas europeas es notable. Por otra parte, el pueblo británico está habituado a los debates de su Parlamento, muy distantes de los del Parlamento Europeo que les parecen hiperrígidos.

A esto hemos de unir el hecho de que Parlamento Británico es la máxima expresión de la democracia del pueblo británico.

Los británicos llevan muy mal que, en algunas materias, les impongan decisiones de fuera, incluso, de órganos burocráticos como la Comisión Europea.

En tercer lugar hay que señalar que nunca se han integrado del todo en la UE. Era una mezcla parecida al agua y el aceite, que pueden estar juntos, no más.

Además no son muy amigos de los emigrantes que no vengan de sus antiguas colonias.

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Y, last but don´t least (por último, pero no menos importante), la añoranza de su pasado imperial les puede, se creen algo más que una isla.

Como me dijo un inglés amigo es como cuando se divorcia una persona de más de cincuenta años pensando que tiene veinte.

Un segundo referéndum es una idea peligrosa, ridícula y antidemocrática, supondría un terremoto legal de difícil pronóstico.

Es buscar el resultado que nos guste y deslegitimar el referéndum anterior. La decisión es fuera, pues fuera es fuera. El problema es que la UE no es un mero tratado, ni una organización internacional con un solo fin.

La UE supone políticas comunes, decisiones que afectan a todos, cesión de soberanía…Estamos hablando de algo nuevo que va a regenerar Europa devastada por conflictos.

Algo nuevo y distinto para la Europa postcolonialista. Europa, en el siglo XX, se ha desangrado en múltiples guerras, sobre todo en las dos mundiales. Se ha visto reducida de grandes imperios a países pequeños.

Mantiene su fuerza económica, no así la militar. El proceso de la construcción europea empezó por unión de economías y se camina hacia la Unión política y militar.

La marcha del Reino Unido es una mala noticia para la construcción europea, quizá no se ha dado importancia a cuestiones básicas que no son económicas.