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Justicia tardía no es justicia: La historia del joven Tom y la juez de Orihuela

El Imagine transportaba casi 500 kilos de coca en compartimientos ocultos. El joven Thomas Charles dejó el barco tres meses antes y se encontraba a miles de kilómetros cuando fue interceptado en Las Azores. A pesar de que los empleadores que lo contrataron han corroborado que el joven nada sabía, ha sido acusado.
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Thomas Charles lleva un año con su vida pendiente de un hilo. Es un joven británico, carpintero de profesión, que vive desde hace 15 años en Amsterdam, Holanda. El 23 de julio del año pasado fue detenido en esa ciudad por la Policía holandesa.

Actuaba a instancias de la magistrada María Elena García Moreno, titular del Juzgado de Instrucción 2 de Orihuela, Alicante, en virtud de una Orden Europea de Detención y Entrega (OEDE).

¿El delito que se le suponía? Tráfico de drogas.

Doce días antes, el 10 de julio, la Policía Judiciaria de Portugal, en colaboración con la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Agencia Tributaria, la Policía de los Países Bajos y la Policía de Estonia, interceptaron en las Azores el Imagine, un velero de recreo de bandera holandesa, propiedad de uno de los 5 tripulantes. En su interior se encontraron 497 kilos de cocaína en habitáculos ocultos.

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Fue una operación coordinada que judicialmente lideraba la magistrada de Orihuela y que se inició con motivo de un auxilio judicial internacional desde Estonia lo cual dio pie a una cooperación multinacional entre cuatro países.

¿Y por qué el Jugado de Instrucción 2 de Orihuela? Porque algunos de los detenidos tenían su domicilio en el municipio de Pilar de la Horadara, en esa localidad.

La interceptación fue el producto de una investigación cuyos inicios se remontaban a 2016 y cuyo hilo principal fue Mikk Toome, un estonio al que en 2004 detuvieron en Portugal por el mismo delito en el barco Princess Ayesha. Toome era el dueño del Imagine.

A la magistrada de Orihuela le debió parecer que Tom formaba parte de la banda, de ahí la OEDE a Holanda. 

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Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. 

Tomas Charles, al parecer, es un manitas. Ha trabajado en varias empresas del ramo de la carpintería. Además, fabrica mobiliario a medida, por su cuenta para particulares como complemento a sus ingresos.

En abril de 2019 fue contratado por la empresa Feadship, especializada en la construcción de yates, con lo cual unió sus dos pasiones, la carpintería y el mar. Porque desde tres años atrás se estuvo preparando para obtener el certificado de competencia internacional de la Real Asociación de Yates de Holanda. Además de un curso de radio que le habilitaba para pilotar naves de alquiler.

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En Holanda, para obtener el carnet final, el joven debía completar un mínimo de 100 horas de navegación en aguas profundas y hacer un examen.

A principios de 2018 tuvo su primera experiencia. Se enroló en un barco para realizar una travesía corta. Desde Dinamarca hasta Holanda, bajo el mano del capitán Rob Van de Kreeke.

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El empleo lo obtuvo a través de uno de sus conocidos del sector.

TOOME LE DA TRABAJO

Cuando finalizó la travesía, Mikke Toome, a quien conoció por terceras personas, le ofreció formar parte de la tripulación de su barco, el Imagine, en una travesía transatlántica que le permitiría adquirir las horas requeridas: Desde Valencia a Brasil. A las órdenes del capitán holandés, Daniel Beeker.

El “Imagine”, bautizado así en recuerdo de la famosa canción de John Lennon, zarpó de la ciudad del Turia el 15 de junio. Y llegó a Fortaleza, Brasil, el 27 de julio. Durante todo el tiempo de travesía, el joven se comunicó múltiples veces con su padre, con el que está muy unido, por teléfono y por Internet, informándole de su situación geográfica, con fotos y coordenadas incluidas.

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Después regresó a Amsterdam por avión, vía Frankfurt, para pasar el examen final de patrón de yate, fijado para el 20 de agosto de ese año.

Hasta aquí todo normal.

El joven Tom, con su nuevo título y la experiencia adquirida, podía dar un paso más en su vida y dedicarse a navegar, que era lo que más deseaba.

En enero de 2019, el dueño del Imagine volvió a contratarle, esa vez como capitán, para llevar el velero desde Recife, población en la costa centro este de Brasil, a Río de Janeiro, a 2.308 kilómetros al sur por tierra.

Un trabajo que realizó entre el 19 y el 28 de enero. Luego regresó a Amsterdam.

En marzo, Tom volvió a ser contratado para una nueva travesía: Salvador de Bahía a Río de Janeiro.

El 12 de abril terminó el trabajo y regresó, vía aérea, a Amsterdam. 

No volvió a saber nada del Imagine ni de su propietario. Hasta tres meses después cuando la Policía holandesa le detuvo. 

SE ENCONTRABA EN HOLANDA CUANDO EL BARCO FUE INTERCEPTADO

Se suele decir que lo evidente es lo que nadie ve hasta que alguien lo explica con claridad. Una función que, en este caso, le corresponde al abogado del británico, Jaime Campaner: “Mi cliente no se encontraba a bordo del barco Imagine entre los puertos de Río de Janeiro e Itajaí, en el mes de mayo de 2019, como se indicó en el auto de fecha 12 de julio de 2019, por el que se acordó la emisión de una OEDE para reclamarlo. Ni tampoco habría acompañado al máximo responsable en la navegación de retorno a Europa y transporte de la sustancia como se dice en el expresado auto, ni estuvo en las Azores, pues, de lo contrario, habría sido detenido como los tripulantes a bordo del velero“.  

Dos de los detenidos Casper Igor Van Zantwijk, y el propio Toome, han corroborado documentalmente que Thomas Charles no tuvo ninguna implicación en el transporte de la droga, que desconocía el verdadero propósito de sus empleadores y que su única intención era hacer las suficientes horas de navegación para obtener el carnet de patrón de yate.

¿Es posible que eso sea verdad, que el joven no supiera nada? ¿Que navegara con media tonelada de droga sin saberlo?

El 30 de julio de 2014 se descubrieron 214 kilos de cocaína en el buque escuela Juan Sebastián Elcano a su regreso a Cádiz, tras su crucero anual de instrucción por el mundo.

Estaban en el pañol de cables, en paquetes de a kilo.

El juzgado togado militar al que le correspondió el caso, después de una instrucción a fondo, dio carpetazo al asunto porque no resultó posible imputar ni indiciariamente a ninguno de los marineros que prestaban servicio en lugar donde estaba la droga ni a ninguna de las 197 personas que formaron la tripulación.

Es posible, sí.

Tras ser detenido, el joven se pasó ocho días en prisión preventiva en Amsterdam hasta que fue puesto en libertad bajo fianza.

Tras siete meses en libertad, en marzo pasado, fue informado por el tribunal holandés encargado de decidir sobre la OEDE que se había acordado su entrega a España.

Siguiendo las instrucciones judiciales, se personó voluntariamente en la comisaría de policía para ser enviado a nuestro país el 13 de marzo de 2020.

Algo que fue imposible por la emergencia sanitaria del COVID-19. Thomas Charles fue puesto en libertad otra vez.

El 5 de junio, las autoridades holandesas informaron a su abogado que debía comparecer otra vez, por sus propios medios para ser enviado a España el 9 de junio.  Cosa que hizo, pero tampoco ocurrió. Un error de organización interna de los holandeses lo impidió.

JUSTICIA TARDÍA…

“Ahora hay que esperar a un tercer intento. ¿Qué le puede esperar aquí? Un ingreso en una prisión de Madrid, primero, durante varios días. Luego su envío a Orihuela y, de nuevo, otra permanencia en prisión preventiva por tiempo indefinido. Hasta que la magistrada le tome declaración”, explica Campaner.

“Mi cliente ha cumplido desde el minuto uno con lo que se le ha pedido. Ha comparecido ante la policía las veces que se le ha impuesto. Ha colaborado en todo lo que se le ha dicho”, añade el abogado.

Para el letrado la medida de internamiento en prisión es desproporcionada, innecesaria y gravosa, y está fuera de línea con la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 

Porque no se dan ninguno de los tres requisitos del artículo 503 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal: riesgo de fuga, evitar la ocultación, alteración o destrucción de las fuentes de prueba relevantes y evitar que el investigado pueda actuar contra bienes jurídicos de la víctima o que cometa nuevos delitos. 

El joven Thomas Charles, además, ha perdido su trabajo, ha tenido que pagar abogados en tres países diferentes y se ha endeudado en más de 37.000 euros, un “agujero negro” económico al que tendrá que hacer frente cuando todo esto termine.

¿Cómo terminará esto?

“He solicitado una Orden Europea de Investigación, para que mi cliente pueda declarar por videoconferencia, telemáticamente, desde Holanda ante la magistrada. Pero no he tenido respuesta porque sería la solución más lógica”.

Una lógica que, en ocasiones, no opera como debería hacerlo.

El caso de Thomas Charles es un buen ejemplo.