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Si el poder teme algo, más que a la ironía o al humor, es a la información veraz

Sobre estas líneas, Manuel Almenar, presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura. Carlos Berbell/Confilegal.
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Afirmaba el Premio Nobel de Literatura Darío Fo que “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”.

Y parece que es cierto; recordemos las reacciones a determinadas caricaturas o portadas.

Sin embargo, permítanme discrepar. Si el poder teme algo, más que a la ironía o al humor, aunque sea ácido o cáustico, es la información, y, sobre todo, la información veraz, porque conocer lo que sucede a nuestro alrededor es lo que nos permite reflexionar, discrepar, decidir libremente y, en última instancia actuar.

Dicho de otra manera, disponer de la información necesaria es condición necesaria de una sociedad libre y, por tanto, de cualquier Estado democrático de derecho.

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Pero en un escenario en el que la información se da por asumida, está a nuestro alcance y la recibimos aun sin recabarla, o, dicho de manera gráfica: “nos llueve”, es, paradójicamente, cuando más arduo resulta estar informado, sea por la imposibilidad material de procesar, seleccionar e interiorizar la que tenemos, sea por las dificultades para distinguirla de la propaganda encubierta, sea porque alguien se ha preocupado antes de que solo nos llegue la que quiere o queremos obtener.

Y si esto sucede cuando hablamos de información general, más aún cuando se trata de información que, atendida su naturaleza y complejidad, requiere formación y experiencia especializada, como ocurre con el mundo de la Justicia, no solo por el lenguaje que habitualmente se utiliza, sino por la infinita variedad de normas y supuestos que pueden darse, los bienes jurídicos en juego y la particular idiosincrasia de las gentes del foro, difíciles de entender si no se cuenta con las claves precisas.

PERIÓDICO JURÍDICO DE REFERENCIA

Cierto es que, en el ámbito jurídico, como en el político o económico, siempre ha habido –y continua habiendo- excelentes profesionales, que defienden a ultranza su independencia, pero se echaba en falta un medio centrado en la Justicia y que, además de dar noticia de esa casuística tan visceral como adictiva, informase puntualmente, con agilidad, claridad y rigor de las cuestiones que afectan al día a día de la Justicia, denunciase irregularidades o disfunciones, proporcionase datos técnicos sobre los que emitir una opinión fundada o abriese la puerta a la participación de profesionales implicados, cualquiera que fuere su procedencia, desde la Universidad a la Judicatura, pasando por la Abogacía o la Procura.

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Confilegal ha venido a cubrir ese espacio y en sus apenas seis años de vida se ha convertido en el periódico jurídico de referencia.

Tengo que reconocer que, cuando Carlos y Yolanda se embarcaron en esta aventura, me pareció arriesgado, pero ya se sabe que apostar por la libertad exige saltar al vacío.

Y ha sido un éxito. Muchos compañeros, jueces, fiscales, abogados, procuradores, profesores, y aun profanos pero con interés por saber, se informan diariamente con Confilegal.

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Y lo hacen porque confían en la seriedad y veracidad de esa información.

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En un sector tan exigente, esto lo dice todo.

“La luz del sol es el mejor desinfectante”, decía Louis Brandeis, Juez del Tribunal Supremo de USA.

Esa luz, como revés de la oscuridad en la que se ampara la corrupción y el abuso, nos la proporcionan medios como Confilegal y profesionales como Carlos Berbell y cuantos, como él, trabajan de manera infatigable en la misión de informar.

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