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Confilegal: La Vanguardia del periodismo jurídico en España, por Enrique Arnaldo catedrático de Derecho Constitucional

Enrique Arnaldo es catedrático de derecho constitucional, letrado del Congreso, exvocal del CGPJ y un reputado abogado de Madrid, miembro del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), con sede en Lausana (Suiza) además de expresidente del Tribunal Administrativo del Deporte español (TAD).
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Desde sus orígenes la prensa escrita incorporó una sección titulada “Tribunales” que, en realidad, era una crónica de los más sórdidos y escandalosos juicios criminales.

El periodismo jurídico era una suerte de novela negrísima protagonizada por los más abominables acusados sometidos al juicio ponderado de un Tribunal y al prejuicio alcanzado en el seno de la opinión pública.

No es aventurado adelantar que solo con el advenimiento del Estado social y democrático de Derecho al que llega Europa tras la segunda guerra mundial, y España treinta tantos años después, el periodismo jurídico se transforma sustancialmente en cuanto que amplía su campo de juego.

¿Cuáles son las causas de la transformación?

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Sin duda, la primera es que el ciudadano expresa su “sed de derechos”, esa locución tan querida a mi maestro Javier Delgado Barrio, acudiendo a su reconocimiento ante los tribunales de justicia con ocasión de cualquier preterición o vulneración de aquellos.

Es decir, la confianza en la Justicia con mayúsculas se manifiesta en ciudadanos proactivos que “se rebelan” jurídicamente instando al restablecimiento de su situación jurídica.

No menos importante resulta la ampliación de la materia jurisdiccional que rebasa el ámbito de juzgar las diferencias entre particulares y la violación del orden penal, para llegar a controlar la actuación de los poderes públicos, de manera que el juez se convierte en juez del poder, como dijera Bachof, al enjuiciar si aquellos han sobrepasado o no los límites establecidos por la ley.

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En fin, en una sociedad abierta, en la que reinan las libertades de expresión y de información, una de las grandes transformaciones –como apuntaba Mosquera Sánchez en 1965– en el reforzamiento de la publicidad de las resoluciones judiciales gracias a la mayor atención de los medios de comunicación de masas.

La crónica es complementada con la crítica en la que, a veces con dureza, se exponen razones distintas a las que la resolución judicial contiene.

Se llega a hablar incluso de la responsabilidad social del juez, sabedor de que los autos y sentencias trascienden la órbita limitada de las partes e interesan al conjunto de la sociedad cuyos ojos miran lo resuelto por los jueces y magistrados que ejercen la función jurisdiccional.

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A los hechos anteriores hay que sumar que el legislador motorizado ha rellenado millones de páginas de normas, que las profesiones jurídicas son mayores en número y sobre todo en efectivos, que la sociedad es más compleja y que, en fin, los pleitos de todo orden se multiplican…

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Y, por supuesto, que en Derecho prácticamente todo es opinable; por eso los juristas concluimos nuestros informes y dictámenes recordando que sometemos nuestro parecer a cualquier otro mejor fundado.

Aunque hubo algún precedente –en formato de suplemento semanal en periódico color salmón –Confilegal ha sido el primer diario exclusivamente jurídico, o jurídico– judicial si se prefiere.

A primerísima hora de la mañana Carlos Berbell –un superhombre dotado de dones como la ubicuidad, la rapidez en la captación y el aprovechamiento de las 24 horas del día– nos regala su comprimido noticiario en el que está lo que debe estar, en el que hallamos lo que debemos saber para estar al corriente de todo lo que pasa o puede pasar en el universo jurídico–judicial.

Confieso que es mi primer alimento cada mañana, al que va sumando suministros durante la jornada que pinchamos inmediatamente para no dejar de estar al día.

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Para ser un buen periódico jurídico, y Confilegal es el mejor, hay que tener tres condiciones: primera, buenas fuentes de conocimiento y de contraste; segunda, olfato salvaje para intuir lo que interesa; tercera, saber contarlo de una manera sencilla pero al mismo tiempo precisa.

Y, por supuesto, la clave es trabajo, trabajo, y trabajo. Carlos Berbell –y su medio, Confilegal, y su alter ego Yolanda Rodríguez, ahora en excedencia– aúna sobradamente todas las condiciones y, como atlético de pro, es un gran sufridor, lo que le insufla el aliento que en algún caso puede faltar.