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Los mayores, la “asignatura pendiente” de la clase política

El abogado Jesús Seligrat en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presentó la propuesta del 'Defensor del Mayor'. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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Como creador de la nueva figura jurídica del Defensor del Mayor, por cuya viabilidad legal nacional e internacional llevo trabajando altruistamente desde hace más de veinte años, y como ser humano en el tercer grado de mi vida, con supremo respeto y en defensa de los derechos jurídico-sociales, económicos y asistenciales de los mayores, lamento con profunda indignación que continuemos siendo el colectivo más indefenso, más marginado, más arrinconado y más olvidado de la Tierra, agravado letalmente en la actualidad por la vírica guerra del COVID-19.

Hasta la fecha, ni las actuales organizaciones internacionales ni las vigentes uniones de Estados de la Tierra, han logrado con eficacia, con rigor, con solidaridad, con justicia, solventar la grave indefensión económica, sanitaria, social, legal y asistencial de millones de mujeres y hombres en el mundo.

No pretendo ser alarmista, pero con mis mejores deseos de construcción, de progreso, de libertad y sin la cobardía del silencio, pregunto, ¿hasta cuándo los mayores vamos a continuar siendo la gran asignatura pendiente de un mundo, que nos adeuda ser acogidos, protegidos, tutelados, asistidos y defendidos para tener una vida y una muerte con dignidad?

Resulta público y notorio que la guerra vírica del COVID-19 vulnera gravemente el derecho humano a la salud y el derecho humano a la vida en el mundo, con una mayor letalidad en las mujeres y los hombres de la tercera y cuarta edad.

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Qué el viejo y por ello, sabio continente europeo, encuentre en su enraizada unión, el puente necesario para que los mayores tengan una vida y una muerte digna, erradicando el pensionado de la mendicidad, que sufren un número muy elevado de mujeres y hombres en la actualidad internacional.

Qué las uniones entre Estados sumen derechos, libertades y necesidades asistenciales en favor de la tercera y cuarta edad de nuestra vida, sin restar, recortar o restringir con una nueva y sólida cobertura integral e internacional de las necesidades jurídico-sociales y económicas de la tercera y cuarta edad, con específica protección a los más vulnerables en situaciones de enfermedad o dependencia física, psíquica o sensorial.

SUMAR VOLUNTADES

Sufrimos tiempos que forman parte de una de las historias más letales en la sanidad y economía mundial, resultando legítimo, justo y apremiante sumar voluntades, unir soluciones y aunar propuestas edificantes entre los distintos Estados de la Tierra, en aras de remediar saludablemente la grave y catastrófica situación actual, ya que en su día se careció internacionalmente de la necesaria prevención sanitaria con falta de eficacia para evitar la expansión mundial del coronavirus.

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Por todo ello, respetuosamente considero que se debe erradicar con la máxima diligencia debida, los catastróficos efectos sanitarios, económicos, sociales y asistenciales con sólidos, solventes y solidarios Acuerdos Internacionales que salven al mundo de tan grave indefensión sanitaria, económica, social y asistencial.

Que en la vigente y regente sociedad internacional, colmada de Instituciones Públicas, de numerosas uniones estatales, de suntuosas multinacionales, los mayores, esas mujeres y hombres que han hecho crecer el pasado, que el presente no mate su futuro, con pensiones de mendicidad, gestando situaciones de cruel indigencia económica, con falta de cobertura de sus necesidades económicas, sanitarias y asistenciales.

ANTE EL PAREDÓN DE LA INDIGENCIA

Constituiría un grave error social e histórico, olvidar a aquellos mayores que hicieron país con su sangre, crearon vida con su amor, sacaron a las libertades de prisión y en su tercera y cuarta edad se encontraran sufriendo frente al paredón de la indigencia, de la indefensión y de la mísera indignidad.

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Los líderes mundiales deben sentirse obligados a encontrar soluciones institucionales eficaces, sanatorias, reinsertoras y colmadas de solidaridad internacional, capaces de solventar el grave problema de las pensiones económicas y asistenciales de los mayores, máxime cuando las grandes entidades financieras y bancarias mundiales  disponen de efectividad económica suficiente para sanar la tétrica pobreza, aumentada por tan bárbara pandemia internacional que ha gestado indefensos estados de necesidad en millones de mujeres y hombres víctimas del mencionado COVID-19.

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Si la vejez constituye la distancia entre lo que soñamos y lo que logramos, hago respetuosos votos porque se encuentre la cercanía en la unión solidaria de los gobernantes en la Tierra, para que el “más acá” de los mayores se convierta en el “más cerca” en el corazón de la humanidad.