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Cartas desde Londres: Algunos «greatest hits» del mítico juez Lord Denning (II)

Josep Gálvez
Cartas desde Londres: Algunos «greatest hits» del mítico juez Lord Denning (II)
Lord Denning es uno de los jueces míticos de Inglaterra, su huella, 38 años después de retirarse, sigue siendo profunda en el "Common Law".
24/11/2020 06:48
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Actualizado: 14/6/2022 14:14
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Siguiendo con la apasionante biografía de Lord Denning que empezamos la semana pasada, nos centraremos ahora en su faceta más conocida, como juez y en la importancia de sus sentencias.

A ello contribuye que Denning haya sido unos de los jueces más longevos, ya que fue nombrado en 1944 y siguió desempeñando el cargo judicial hasta que se retiró en 1982, a la venerable edad de 83 años, con 38 años de servicio continuo. 

Curiosamente, y aunque sus sentencias como “Master of the Rolls” (presidente de la sección civil del Tribunal de Apelaciones) fueron a menudo rechazadas por la Cámara de los Lores, (el equivalente al actual Tribunal Supremo del Reino Unido) dieron pie a que el Parlamento británico cambiara en numerosas ocasiones la ley para introducir los principios que Lord Denning había adoptado en sus novedosas resoluciones.

La importancia de Lord Denning surge, pues, de la solidez de sus razonamientos, en los que muestra su gran ingenio intelectual mediante una elegantísima redacción de gran claridad expositiva y, sobre todo, un extraordinario sentido de la justicia material.

En las próximas entregas examinaremos algunos de sus “grandes éxitos”, y advierto que la profundidad y complejidad jurídica de los casos que relataré no se reflejan en este espacio, dirigido más a la divulgación en términos generales que al sesudo estudio académico, por lo que deberán disculpar su excesiva síntesis.

Como verán, aunque los casos pueden parecer algo “vintage” para los estándares españoles, los problemas que resuelve Lord Denning son tremendamente actuales, como las oscilaciones de los precios en los arrendamientos en circunstancias excepcionales o la responsabilidad profesional de las firmas de auditoría.

«Central London Property Trust Ltd v. High Trees House Ltd [1947] KB 130»

“High Trees” es seguramente uno de los casos más célebres de Denning y lo llevó a la vanguardia jurídica del momento por el uso de la doctrina del “equitable estoppel”, aplicado al derecho contractual de Inglaterra y Gales.

Antes de nada, hay que indicar que el “estoppel” es una institución del «Common Law» en la que el juez puede impedir (“estop”) que alguien se retracte de su palabra o del compromiso suscrito.

De tal manera, esta excepción puede impedir que alguien presente una determinada reclamación en contradicción con sus promesas.

Veamos qué sucedió: En 1937 la compañía Central London alquila en Londres un edificio entero de apartamentos a la sociedad High Trees por un importe anual de 2.500 libras, un auténtico pastizal por aquel entonces.

Todo va bien hasta que en 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se produce un consecuente descenso muy marcado en el mercado arrendaticio.

Dadas las nuevas circunstancias, en 1940 la arrendataria solicita a Central London que le reduzca el alquiler, acordándose que pase a ser de 1.500 libras anuales, pero no se especifica ni su duración ni ninguna contraprestación.

Lord Denning, «de civil», cuando había pasado al retiro, tras 38 años de servicio a la Justicia en Inglaterra. Foto: Youtube.

Con la feliz vuelta de los soldados a casa, el edificio londinense vuelve a encontrarse a plena ocupación en 1945 y es ahora cuando vienen los problemas.

A finales de 1945, la Central London Property escribe a High Trees reclamándoles el alquiler completo de 2.500 libras de ese año y de paso otras 7.916 libras por los atrasos desde 1940. Que uno es muy patriota, oiga, pero la libra es la libra.

Así que acabaron ante el tribunal del bueno de Lord Denning.

Denning resolvió el asunto en su sentencia de 18 de julio de 1946, con su característica practicidad y recto sentido de la justicia, afirmando que, en todo caso, el precio del alquiler de 2.500 libras se tendría que pagar pero únicamente desde el momento en que los pisos se volvieron a ocupar completamente a mediados de 1945, pero no antes.

Respecto a las otras 7.916 libras, aunque esto no era objeto del pleito, mediante “obiter dictum” Denning siguió resolviendo, y aquí está la grandeza de esta sentencia.

Para Lord Denning si Central London hubiera reclamado además el alquiler completo desde 1940, no habría podido hacerlo. El razonamiento para Denning era que, si una parte hace creer a la otra que no hará valer sus legítimos derechos contractuales, los tribunales le impedirán hacerlo después mediante la excepción de “equitable estoppel” o “promissory stoppel”.

En palabras de Lord Denning:

«En mi opinión, ha llegado el momento de que se reconozca la validez de tal promesa. La consecuencia lógica, sin duda, es que el compromiso de aceptar una suma menor en pago de otra mayor, si se cumple, es vinculante a pesar de la ausencia de contraprestación»

O lo que es lo mismo, “Quieto, parao, que lo prometido es deuda”.

«Candler v. Crane, Christmas & Co [1951] 2 KB 164»

Para Lord Denning, esta fue seguramente su decisión más importante, en la que se aventuró, mediante voto particular, a ampliar el alcance de la negligencia para cubrir las pérdidas económicas causadas por negligencia en el asesoramiento de auditoría contable.

Curiosamente, la postura particular de Denning fue posteriormente adoptada por la Cámara de los Lores trece años después en el caso Hedley Byrne v. Heller [1964] A.C.465.

Este interesante asunto va de lo siguiente:

El día 8 de julio de 1946 apareció publicado en el conocido periódico londinense “The Times” un anuncio de la compañía “Trevaunance Hydraulic Tin Mines Ltd.”, en el que se decía literalmente:

«10.000 libras. Mina de estaño en Cornwall busca más capital e instalar una planta de triturado adicional. El cargo de responsable y la participación están abiertos a inversores idóneos. Solicite información».

Interesado por el proyecto, el Sr. Candler respondió al anuncio y, diligente como era, antes de invertir una sola “pound” (libra) solicitó la información contable de la empresa para que fuera revisada por la firma de auditoría “Crane, Christmas & Co”.

El informe emitido por la auditora fue favorable, así que Candler entusiasmado con el proyecto siguió adelante con su inversión de 2.000 libras en acciones en la empresa.

Sin embargo, la contabilidad había sido retocada y poco tiempo después la minera quebró.

El señor Candler perdió todo su dinero y seguidamente reclamó a la auditora por negligencia profesional, llegando el asunto al Tribunal de Apelación (“Court of Appeal”), que desestimó la demanda del inversor por entender que ninguna responsabilidad podía atribuirse a la firma.

Pero ahí estaba Lord Denning para disentir.

Denning, en su voto particular y citando el famoso caso “del caracol en la botella”, Donoghue v Stevenson [1932] UKHL 100, entendió que el inversor debía ser indemnizado por los daños producidos debido al deber de cuidado (“Duty of Care”) exigible a la auditora.

El caso citado por Denning hacía referencia a una joven llamada Mary Donoghue, quien demandó al señor David Stevenson, un fabricante de bebidas gaseosas por los daños que le produjo su bebida ya que, según parece, había restos de un caracol en el interior del envase.

El caso fue resuelto por Lord Atkin, a favor de la consumidora, a pesar de que no existía relación contractual con el fabricante, gracias a la parábola bíblica del Buen Samaritano.

De hecho, este caso fue tan importante que, si se pasean ustedes por la bella ciudad de Paisley en Escocia, verán que hay un monumento conmemorativo  situado precisamente en el mismo lugar donde se encontraba el café en el que Mary Donoghue se tomó el refresco.

La sentencia “Donoghue” constituye así uno de los fundamentos del derecho de daños inglés (“Law of Tort”) ya que creó el precedente del “deber de cuidado” como criterio de responsabilidad y que, para Lord Denning, era igualmente aplicable a la empresa de auditoría.

Así, a pesar de que la sentencia desestimó por mayoría la reclamación de Candler, 12 años después la Cámara de los Lores, con ocasión de otro asunto, anuló la sentencia, cambiando así el derecho inglés sobre la negligencia profesional y reconociendo el acertado criterio que Lord Denning había mantenido en su voto particular.

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