Cuando la pandemia del COVID-19 transformó a los ciudadanos en súbditos

Cuando la pandemia del COVID-19 transformó a los ciudadanos en súbditos

18 / 04 / 2021 06:46

Actualizado el 19 / 04 / 2021 11:06

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Esta pandemia del COVID-19, ha generado una importante crisis sanitaria, con efectos colaterales en otros sectores, como el económico, el tecnológico, el social, el político, el jurídico y en aquél que de alguna forma está relacionado con el status jurídico de las personas, las cuales han pasado de tener la cualidad de ciudadanos a la de súbditos de unas autoridades políticas que han limitado sus derechos, hasta convertirlas en meros vasallos del poder constituido, retrotrayendo la situación a tiempos anteriores al año 1789, cuando la Revolución Francesa alumbró en el individuo esa cualificación de ciudadano y enterró la condición de súbdito, que tuvo hasta entonces.

El rasgo fundamental que diferencia al ciudadano del  súbdito es que éste mantiene una situación jurídica de total y absoluta dependencia del Estado, siendo el ejercicio de sus derechos civiles y políticos muy limitado y estando subyugado a la autoridad de un poder al que está obligado a obedecer en todas y cada una de sus exigencias, sin capacidad alguna para reclamar.

En cambio, el ciudadano mantiene un vínculo muy diferente con el Estado, ya que goza de derechos y deberes, participa del poder, consciente en cada momento del desarrollo de la sociedad en la que vive y a la que ayuda a construir.

El tránsito de súbdito a ciudadano constituyó una de las características propias del proceso de democratización de la sociedad civil, donde la ciudadanía asumió unas posibilidades de actuación, de compromiso y de implicación, más allá del mero hecho de votar cada cierto tiempo para elegir sus representantes.

Alcanzar esa condición de ciudadano/a ha llevado mucho tiempo, porque el desarrollo de este concepto está vinculado a la conquista de la libertad y de la igualdad, cuyo logro se ha ido produciendo en diferentes etapas, a la vez que en cada una de ellas iban apareciendo nuevas desigualdades y nuevas limitaciones de libertades.

Mantener hoy día un nivel de plena ciudadanía sin restos de subyugación, ni sumisión al poder constituido exige por parte de la sociedad civil un esfuerzo en la consecución de una independencia intelectual y una formación moral de sus ciudadanos, que permita una evolución de la misma con sus miras puestas más en el futuro que en el pasado (nada es hoy igual que ayer) para evitar seguir estando en la situación de súbditos por espurios intereses de poderes harto personificados.

Si una sociedad libre no se comporta como tal y se muestra dispuesta a aceptar la obediencia y la sumisión, sus ciudadanos serán tratados como súbditos, con esa diferencia a las que ya hemos hecho referencia.

Una democracia tiene que progresar si quiere seguir siéndolo y ese progreso pasa porque los ciudadanos sean conscientes de sus derechos y ejerzan sus libertades, asumiendo la responsabilidad que les corresponde en la vida pública.

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