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Por las televisiones sociales

Jesús Seligrat
Por las televisiones sociales
El abogado Jesús Seligrat en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presentó la propuesta del 'Defensor del Mayor'. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
29/8/2021 06:46
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Actualizado: 29/8/2021 06:46
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Como defensor de los Derechos Humanos y de las libertades, amo la televisión social, como medio de comunicación, que desde la libertad de la verdad informa sin deformar, comunica sin maquillar, recortar ni manipular, con la sabia intervención de auténticos especialistas, sin censurar, sin difamar, sin gestar juicios paralelos, garantizando siempre la intimidad, la privacidad, la presunción de inocencia y la legalidad, con respetuoso acatamiento a las resoluciones judiciales y sentencias, sin que la caja mágica de las televisiones, convierta a los procesos pendientes de tramitación en penas, a los inocentes en culpables, a las versiones en hechos probados, evitando siempre toda vulneración de la seguridad jurídica y la garantía procesal, necesarias en todo Estado Social y Democrático de Derecho.

Con supremo respeto y solidaria reflexión social, considero que no resulta acertado ni justo hacer espectáculo sobre determinados asuntos que se tramitan en las Administraciones de Justicia, prejuzgando, condenando o gestando afirmaciones que pudieran vulnerar el honor, la fama o la intimidad de seres humanos, debiéndose evitar el emplear el término “presunto o presunta”, para verter acusaciones, difamaciones o sembrar sospechas, dudas o sombras de punibilidad.

La defensa social de los derechos y de las libertades, jamás debe ir en contra del Derecho como norma, de la Justicia como exclusivo y necesario Poder Jurisdiccional, ni de los Sistemas Democráticos y Sociales de Derecho, siendo obligación prioritaria el respeto y garantía del Derecho Humano a la Presunción de Inocencia, sin que tan necesario Derecho Humano sea vulnerado, sangrado, herido o infravalorado.

Ideologizar, politizar todo cuanto sucede en la vida de los seres humanos, honestamente considero que, resultaría nociva labor, peligrosa, injusta y asocial, con resultados que serían errados, capaces de gestar innecesarias e indebidas crispaciones sociales, enfrentamientos estériles, que lejos de solventar soluciones, acrecentarían más conflictos, más controversias y más hostilidad.

Los seres humanos tenemos el derecho a ser informados desde la libertad de la verdad de todo cuanto sucede en el mundo, sin fisuras, sin adoctrinamientos, sin utopías, máxime cuando la cuestión afecta a millones de seres humanos en el mundo, como acontece con el okupa-internacional coronavirus, que se ha instalado en la Tierra para quedarse, sin que hasta la fecha la gran mayoría de mujeres, hombres, jóvenes, menores y mayores conozcamos la veraz génesis de tan criminal virus, que mata, enferma, sangra vidas, economías, proyectos en total impunidad. ¡Sin plena inmunidad para el mundo, y con impunidad para tan letal coronavirus, sangrante contra la Humanidad!

El mundo, mujeres, hombres, jóvenes, menores y mayores necesitamos conocer, saber la verdad, toda la verdad de lo que acontece en la Tierra, siendo la gran labor de los medios de comunicación, las televisiones, obligadas a informar desde la libertad de la verdad, con el rigor y conocimiento de la veracidad de los hechos que informen, que denuncien, que comuniquen, como necesaria y leal labor social con escrupuloso respeto a la legalidad, a las libertades individuales, económicas y sociales de la Humanidad, con respeto y acatamiento a las resoluciones judiciales, evitando que “analistas no especializados” gesten dictámenes en asuntos que afecten a la vida, a la salud, a la ciencia, a la economía, a la justicia de la colectividad.

El pueblo, necesitamos ser informados, estar informados, jamás cubiertos de diseñadas noticias, de artificiales noticias que puedan ensuciar, sangrar o vulnerar la veracidad de la realidad, la libertad, la justicia o la legalidad.

Resulta evidente garantizar el respeto a la legalidad, a las resoluciones judiciales, a la presunción de inocencia, a la intimidad, a la privacidad, al honor de todos los seres humanos, constituye obligación inexcusable en todo medio de comunicación, basando su información en la verdad, desde la libertad, para la libertad y por la libertad. ¡Si la verdad nos hace libres, qué desde la libertad informativa, la presunción de inocencia jamás sea condenada!

Los derechos, como las libertades, no se diseñan ni se virtualizan, ni se fabrican con informaciones erradas, ya que, los derechos y las libertades tienen vida propia, corazón, cerebro, razón y conciencia. “Ubi societas, ibi ius”.

La sabiduría gestada en el talento social, en la inteligencia de televisiones sociales, capaces de lograr un mundo mejor, más libre, más justo, más solidario, más humano y más verdad, resulta a todas luces evidente en la vida e historia de los medios de comunicación en nuestro país desde el año 1.978, y bien lo conocemos quienes hemos entregado nuestra vida, nuestra verdad y nuestro amor por la defensa de los derechos humanos y de las libertades en épocas extremadamente difíciles.

Siento profundo honor, como memoria de libertad histórica, por haber participado en determinados medios de comunicación, televisiones, radios y prensa escrita, con un afecto especial hacia el más social canal “Tribunal Televisión”, brillantemente dirigido por el magistral periodista Carlos Berbell.

Honestamente considero que, desde las televisiones sociales, se puede y se debe lograr profundo servicio de interés social, en beneficio de los pueblos, espectadoras y espectadores, desde los menores de edad hasta los mayores en su tercera y cuarta edad, sin olvidar nunca a los jóvenes, a las mujeres víctimas de violencia de género, a las amas de casa, a las madres y abuelas, a los seres humanos en situación de dependencia, a los seres humanos vejados, maltratados, en definitiva, a todas las personas integrantes del mundo como colectividad necesitada de eficaces gestores en la economía, en la ciencia médica, en la salud, en el bienestar social, cultural y ambiental, sumando programas televisivos de sanatoria y libre incidencia social, programas de denuncias sociales, programas de servicio, eficazmente reinsertores, brillando desde la libertad de información, valores y sentimientos humanos con participación popular, defendiendo derechos humanos, derechos sociales, libertades individuales, económicas, sociales…con inteligencia institucional por unos medios de comunicación televisivos, de denuncia, participación, como voz del pueblo, desnudando la verdad, dando a conocer el silencio de quienes tanto tienen que decir, como abierto corazón social donde jamás falten los latidos de los mayores, excelsos olvidados, arrinconados en determinados supuestos, víctimas de un criminal coronavirus, enterrando su historia, su soledad y su verdad.

Amo las televisiones sociales, defensoras de la verdad sin demagogias, sin adoctrinamientos, amo, defiendo y suplico las televisiones de la participación veraz, de las denuncias desde la legalidad, amo profundamente las televisiones de la ley del pueblo, como corazón abierto en aras de que mujeres y hombres sean realmente escuchados, denunciando lo que les preocupa, lo que les daña, lo que les interesa y lo que necesitan para lograr una vida y una muerte con dignidad.

Creo en crear anillos de libertades, uniendo desnudez de la imagen y transparencia en el sentimiento de la palabra, gestando el corazón social de enraizadas televisiones al integral servicio de la Humanidad.

Somos la televisión que vivimos, los programas que sentimos y los canales que necesitamos.

¡Por las televisiones sociales de la libertad, la verdad, la denuncia, la participación, la justicia y el necesario sentimiento de los pueblos!

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