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Cartas desde Londres: «Heavy Metal» y tribunales, el caso «James Vance versus Judas Priest» (I)

Josep Gálvez
Cartas desde Londres: «Heavy Metal» y tribunales, el caso «James Vance versus Judas Priest» (I)
Josep Gálvez, en esta primera entrega, aborda un caso de "heavy metal", el que enfrentó a James contra Judast priest.
15/11/2022 06:49
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Actualizado: 15/11/2022 00:59
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Finalmente el pasado 5 de noviembre, ante un público completamente entregado en el en el Microsoft Theater en Los Angeles, California, tuvo lugar la entronización en el Rock & Roll Hall of Fame de Judas Priest, seguramente uno de los grupos más influyentes de la historia del ‘Heavy Metal’ y de la música en general.

De hecho, fue el cantante de estos melenudos de Birmingham, Rob Halford, quien a mediados de los años setenta forjó para siempre la estética que se asocia a este tipo de música.

Es decir, chaquetas de cuero, tachuelas brillantes y gritos hipouracanados a un nivel de agudos desagarrados con una expresividad que solamente este hombre es capaz de alcanzar, para sorpresa incluso de alguna cantante de opera.

Seguro que algunos conoceran a esta banda por composiciones tan míticas como “Victim of Changes” (“Víctima de los Cambios”), título que bien podría haberse dedicado a los abogados concursalistas o “Living after Midnight” (“Viviendo después de Medianoche”) para los que sobrevivimos bajo el yugo de los plazos procesales.

Pero seguramente su canción más famosa sea “Breaking the Law”, es decir, “Quebrantando la Ley”, una auténtico himno al incumplimiento contractual donde los haya.

Y ustedes me dirán, pues muy bien oiga, pero ¿Qué narices tiene que ver esto con lo que habitualmente nos cuenta este hombre cada martes sobre pleitos, demandas y derecho anglosajón?

Pues bastante, como veremos en seguida, porque a mediados de los años 80 tuvieron lugar unos hechos que podrían haber cambiado perfectamente la historia de la música tal y como la conocemos ahora.

Y, cómo no, los ‘Judas’ estaban en medio de todo este auténtico pifostio judicial.

UNOS HECHOS TERRIBLES NO APTOS PARA PERSONAS SENSIBLES O IMPRESIONABLES

Pues efectivamente, hace más de 30 años tuvieron lugar una serie de circunstancias que no son demasiado conocidas por el público en general, aunque sus consecuencias pudieron conllevar el fin no solamente de este grupo de ‘jevi’, sino dar con el traste a muchos otros grupos y solistas musicales.

Y la razón fue tan surrealista como inquietante.

Vamos con los hechos, que ya aviso que no son nada agradables, por lo que avisados están.

Ante todo, póngase en situación: son los años 80 y estamos en los Estados Unidos, casi como en la serie de “Stranger Things”, vamos.

En concreto, es la fría noche del 23 de diciembre de 1985 y estamos en Reno, Nevada.

Dos chavales llamados Raymond Belknap y James Vance, de 18 y 20 años de edad, llevan innumerables horas bebiendo alcohol y fumando marihuana a todo trapo en una habitación. En un momento dado durante su delirio narcótico deciden suicidarse pegándose un tiro.

Primero van a casa de uno de ellos, donde encuentran una escopeta recortada y después se van juntos al patio de recreo infantil de una iglesia luterana que hay cerca para ejecutar allí su plan.

El primero es “Ray” Belknap, quien se coloca la escopeta bajo la barbilla y muere al instante cuando aprieta el gatillo. Por el contrario, cuando es el turno de Vance, este instintivamente quita la cabeza y se vuela únicamente la parte inferior de la cara, sobreviviendo al impacto.

Eso sí sufriendo graves heridas que le dejarán completamente desfigurado.

De hecho, fallecerá tres años después de complicaciones derivadas de las heridas y de las adicciones que sufría.

Y todos en el pueblo se hacen una sola pregunta:

¿Qué ha llevado a estos chicos a hacer algo tan terrible?, ¿Por qué?

Las familias de ambos chicos habían vivido en Sparks, Nevada, durante años e iban a la misma escuela, siendo además fervientes cristianos. Y aunque es cierto que los dos abandonaron los estudios sin graduarse, no pueden dar crédito a lo que han hecho estos dos chicos.

Los padres de James dicen incluso que el chaval había cambiado últimamente para mejor y que había vuelto a abrazar la fe cristiana de su familia…Antes de que esa “música basura” le llevara de nuevo por el mal camino.

Es entonces cuando caen en la cuenta de que lo único que tenían en común los dos chicos era su afición por ese “ruido” al que las familias llaman a la música de ‘heavy metal’.

Y de Judas Priest en particular, grupo al que los dos escuchaban durante horas y horas encerrados en sus habitaciones.

Así que los padres se van a buscar a unos abogados que puedan ayudarles.

Y es aquí donde entran los abogados de Reno, Ken McKenna y Vivian Lynch.

¿HAS OÍDO ESO, KEN? ¡PONLO OTRA VEZ!

Los abogados reciben el encargo profesional y se ponen a examinar todo lo que tenga que ver con esos melenudos ingleses: portadas, fotos, títulos de las canciones…. Pero sobre todo examinan con muchísimo detenimiento las letras de las canciones que hablan sobre la muerte, el infierno y tal.

Pero claro, de eso a suicidarse hay un salto lógico que no pueden superar, por lo que no haya nada que pueda sustentar una reclamación.

Hasta que mientras escuchan una canción del grupo encuentran algo:

– ¿Has oído eso, Ken?

– No he oído nada, ¿El qué? ¿El qué?

– ¡Ponlo otra vez!

Y así fue. Los abogados creen haber encontrado auténticos mensajes subliminales ocultos en la música de este grupo de ‘jevi’ y que los chavales habrían estado absorbiendo sin saberlo en sus jóvenes mentes, lo que les habría llevado a tomar la decisión fatal.

– ¡Ya tenemos caso!

Los padres de los chavales, asesorados por los dos abogados, decidieron entonces demandar a la banda británica ‘Judas Priest’ y a su discográfica en esa época, CBS Records, por nada menos que 6,3 millones de dólares por responsabilidad derivadas de los de daños y perjuicios causados (“tort liability”).

Una auténtica fortuna ahora y sobre todo hace 30 años.

En su demanda alegaron que los dos jóvenes se suicidaron a causa de los mensajes que se oyen en el disco ‘Stained Class’ de 1978.

En concreto, según los abogados, los de Judas Priest habían ocultado mensajes subliminales en la canción “Better by you, better than me” (“Mejor por tí, Mejor que por mí”) que decían textualmente lo siguiente:

  •  “Intenta suicidarte” (“try suicide”),
  • “Hazlo” (“do it”) y
  • “Vamos a morir” (“let’s be dead”)

Por tanto, concluyeron en su demanda, estos mensajes subliminales son los que llevaron a que los dos chicos aparentemente normales hicieran el pacto para volarse la cabeza poco después.

¿Y qué sucede en la Tierra de los Pleitos?

Pues ya se lo imaginarán ustedes.

La semana que viene echaremos un vistazo al caso Vance v. Judas Priest.

¡No se lo pierdan!

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