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Señor López Obrador, ¿por qué no le dice a Biden que pida perdón por la apropiación del 60 % de México en 1848?

Señor López Obrador, ¿por qué no le dice a Biden que pida perdón por la apropiación del 60 % de México en 1848?
Los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y de Estados Unidos, Joe Biden, con el mapa de México antes de la invasión por Estados Unidos de 1846 que resultó en la apropiación final del 60 % del territorio mexicano. Carlos Berbell le pide coherencia al presidente de México y le dice que exija a Joe Biden que pida perdón por la invasión de México.
26/3/2023 06:49
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Actualizado: 26/3/2023 09:43
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Llevo tiempo preguntándome, señor presidente, por qué siempre, desde que asumió tan alta magistratura, viene exigiendo al Rey de España que pida perdón por «las tropelías» que los españoles –nuestros antepasados comunes– llevaron a cabo en México, llamada Nueva España durante 300 años.

También me pregunto por que nunca, jamás, menciona la invasión del territorio de su país, en 1846, por las tropas estadounidenses, cuyas tropelías están históricamente documentadas. Tropelías que desembocaron en la apropiación por las armas del 60 % del territorio de México en 1848. Su país.

Un territorio, le recuerdo señor López Obrador, que fue el resultado de la exploración y conquista, en gran medida, de Hernán Cortes, ese a quien usted y todos los que han comprado la leyenda negra que ingleses y holandeses gestaron en lo que fue una de las primeras «Fake News» de la historia.

Lo lógico sería que lo lógico es que, ahora, también le exigiera a su homónimo estadounidense, Joe Biden, que también pidiera perdón por haberle declarado la guerra a México, sin ninguna provocación.

Una guerra cruenta. De las peores que recuerda la historia. En la que los mexicanos fueron masacrados, y que culminó con la apropiación –robo le llaman algunos– de lo que entonces era más de la mitad de su país.

Estoy hablando, por si no lo recuerda –que seguro que sí– de los actuales estados de Texas, Nuevo México, Colorado, Arizona, Utah, Nevada, California y parte de Oklahoma, Kansas y Wyoming.

México había dejado de ser parte de España 27 años atrás, como bien recordará usted.

Los territorios que Estados Unidos arrebató a México tras su victoria en la guerra. Foto: Wikipedia.

UNA GUERRA MALVADA

Fue una guerra malvada, o perversa. Y no lo digo yo sino Ulysses S. Grant, que participó en esa invasión como joven teniente recién salido de la Academia Militar de West Point y que se convertiría después en el décimo octavo presidente de los Estados Unidos (1870-1880) : «No creo que haya habido nunca una guerra más perversa que la que los Estados Unidos libraron contra México. Lo pensé en su momento, cuando era un jovenzuelo, sólo que no tuve el valor moral suficiente para renunciar».

Unas palabras que dieron título al libro «A wicked war« (Una guerra malvada), escrito por la autora estadoundiense Amy S. Greenberg, que le recomiendo encarecidamente que lea.

Abraham Lincoln, que entonces comenzaba su carrera política, reprochó al entonces presidente James K. Polk haber lanzado una guerra sin provocación contra el vecino del sur con el fin de apropiarse de gran parte de su territorio.

Las tropas voluntarias estadounidenses robaron, violaron y asesinaron con impunidad, según la autora.

El Ejército estadounidense, al mando del general Zachary Taylor quemó innumerables pueblos; dejó devastado el noreste y el centro de México.

«Lo han dejado hecho un páramo y lo llaman paz», escribió, disgustado, uno de sus oficiales.

A día de hoy es difícil de calcular el número de muertos mexicanos, pero se calcula que, como poco fueron 25.000 personas, la mayor parte de ellos civiles; más del 10 por ciento de los 75.000 soldados estadounidenses perdieron la vida, la mayor parte de ellos debido a las enfermedades.

Las tropas gringas finalmente ocuparon México capital, desembarcando en el puerto de Veracruz y siguiendo la misma ruta que cubrió Hernán Cortés en 1519, cuando se dirigió, con sus aliados locales indígenas, principalmente tlaxcaltecas y totonacas, hacia Tenochtitlan, hoy México D.F.

Tanto Ulysses S. Grant como Abraham Lincoln, que después se convirtieron en presidentes de los Estados Unidos, consideraron la invasión a México un error.

TRATADO DE GUADALUPE HIDALGO

La guerra se terminó con el tratado de Guadalupe Hidalgo, el 2 de febrero de 1848, como usted bien conoce, señor presidente. La elección del lugar fue muy pensada, diseñada para humillarles.

Porque para ustedes, los mexicanos, Guadalupe Hidalgo era considerado un lugar más sagrado, donde la Virgen María se apareció milagrosamente para declarar que tomaba a México bajo su protección.

La firma solemne se realizó en el corazón de la catedral. Momentos antes de firmar la rendición uno de los componentes de la delegación mexicana se volvió hacia Nicholas Trist, que encabezaba la estadounidense, y le dijo: «Este debe ser un momento de orgullo para usted; no menos orgullo para usted que humillante para nosotros».

Los gringos les pagaron a sus antepasados 15 millones de dólares por 1.359.743,76 kilómetros cuadrados de su territorio, de la herencia que le habían dejado los españoles, nuestros antepasados comunes.

Los Estados Unidos acordaron que reconocerían los derechos de propiedad de los mexicanos que quedaron al otro lado de la frontera y que facilitarían la adopción de su ciudadanía de esos ciudadanos mexicanos, cosa que no cumplirían, como relata la autora.

«La guerra contra México marcó una ruptura dramática en la historia de Estados Unidos. El presidente de los Estados Unidos invocó una excusa dudosa para invadir una república vecina y llevó a cabo una guerra por territorio a pesar de las objeciones de una parte significante de los estadounidenses. Todo el territorio arrebatado a México, reconocen ahora los historiadores, podría haberse adquirido pacíficamente a través de la diplomacia y la negociación deliberada por una recompensa económica», escribe Greenberg.

Aquella guerra de invasión de México presentó uno de los niveles más altos de deserción de cualquier guerra que después libraría Estados Unidos: un 8 %. Algunos de los desertores –mayormente de origen irlandés y católicos– escogieron pasarse al enemigo, formando el Batallón de San Patricio.

México en su historia desde el imperio azteca, la colonización española y la actualidad. Foto: Documental «España, la primera globalización».

LOS INTERESES ECONÓMICOS MANDAN

El resto de la historia ya la conoce usted. Los territorios que les arrebataron los gringos fueron de gran valor, desde entonces, para la economía estadounidense. No voy a contarle lo de la fiebre de oro en California, poco tiempo después, ni el valor del petróleo encontrado en Texas.

Usted conoce todo esto, señor López Obrador y no dice nada.

Los intereses económicos son los que mandan. Su economía está fuertemente ligada a la de su vecino del norte.

Entiendo que por ello prefiere exigir al Rey Felipe VI que pida perdón por lo que nuestros antepasados comunes hicieron, que, por encima de todo, fue acabar con un imperio caníbal y traer la civilización a su país, mezclando su sangre con los indígenas locales y creando un gran país.

Su país. Lo que no hicieron los anglosajones.

Por ello, ¿no cree que sería más justo también hacer un llamamiento público a Biden, en la misma línea?

Exíjale que pida perdón al pueblo de México por aquella invasión ilegal y no provocada.

Sé que no lo va a hacer. Es más fácil hacer demagogia sobre los españoles.

«Pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos», dijo su compatriota Nemesio García Naranjo.

Nunca una frase tuvo más sentido que ahora. A las pruebas me remito.

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