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Cartas desde Escocia: La infelicidad de la clase jurídica

Cartas desde Escocia: La infelicidad de la clase jurídica
Mario Conde explora las razones que dan sentido a la felicidad personal, primero, y la felicidad como juristas en relación con el funcionamiento del estado de derecho.
17/4/2023 06:48
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Actualizado: 16/4/2023 20:40
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Asumo que no somos pocos los humanos que desde que alcanzamos el uso de razón y elevamos nuestra mirada al cielo nos preguntamos acerca de nuestra identidad, de quiénes realmente somos y de qué es lo que constituye el sentido de la vida, como individuos y como integrantes de una sociedad.

En ese fermento se cuece el éxito del libro de Victor Flanlk, ”El hombre en busca de destino”, que leí con interés aunque confieso que lo que más me atrajo fue su autor, alguien que pudo superar la monstruosidad de la persecución, encierro y asesinato de los judíos en la Alemania Nazi, porque es el hombre, su capacidad, su fortaleza, su resistencia, su voluntad lo que realmente me impresiona e interesa.

Ahora surge en la escena literaria un nuevo libro llamado «La buena vida«.

Su fondo es insólito: una investigación sociológica que ha durado 85 años. ¿Como es posible? Comenzó en 1939 con 650 jóvenes. Y ha continuado en el tiempo. Obviamente muchos de ellos —los iniciales— murieron, al igual que alguno de los directores del estudio.

El libro al que me refiero es de la autoría de Robert Wladinger, psiquiatra, 72 años, por tanto nacido con posterioridad al inicio del estudio.

Es el quinto director del trabajo desde que se inició. La pregunta del entrevistador al autor del producto literario no podía ser otra diferente a esta:

— ¿Qué es para usted la felicidad?

La respuesta es interesante:

— Para mí es participar en actividades llenas de significado y estar conectado con personas que me importan y que se preocupan por mí.

Las relaciones sociales se configuran, en este estudio y en la mente de su director, como el factor clave de la felicidad.

Y no solo de la felicidad, sino, también, de la salud.

Su tesis es muy rotunda: «el gran hallazgo es que las relaciones nos hacen más felices y nos mantienen más sanos«.

Vamos que, según él, la salud y la felicidad son consecuencia de la adecuada y correcta vida social. Un poco exagerado me parece.

Qué sucede con el anacoreta o el que voluntariamente se retira del mundo en soledad? ¿Sufre infelicidad estructural?

Profundizando algo más, diferenciando entre la felicidad hedónica y la aristotélica eudemónica, llega a una conclusión que me parece de gran importancia: la felicidad depende de lo que necesitemos.

Es así como la necesidad se convierte en algo determinante. Y la necesidad es la consecuencia de la sensación de carencia. Por tanto, percibimos la carencia, la necesidad, y si se cubre somos felices y desgraciados en caso contrario.

Muy lineal, muy simple, pero ¿cierto?

Está claro que si necesitamos afecto y nos lo dan podemos ser felices, pero si el hombre, como dice el estudio, encuentra su felicidad en la relación con los demás, ¿como valorar las carencias sociales?

RELÁMPAGO DE «FELICIDAD» Y «FELICIDAD ESTRUCTURAL»

Yo diferencio entre un relámpago de ”felicidad” y la ”felicidad estructural” de una vida social.

Por ejemplo, en este foro de Confilegal participan muchas personas con formación y profesión jurídica, por lo que sus valores y sus carencias deberían estar muy bien definidas, cuando menos en ese ámbito.

Los juristas respetamos el Derecho como sustituto moderno de la fuerza y violencia físicas, individuales o de grupo, por la violencia y fuerza del Estado ejercida conforme a la Ley.

Por ello construimos el llamado Estado de Derecho, uno de cuyos atributos esenciales es la seguridad jurídica, y ésta, como razoné en otro artículo, deriva de la correcta aplicación de la Ley por la Administración, Judicatura y Fiscalía,

Seamos sinceros: como ”clase jurídica”, ¿sentimos la carencia de una correcta vivencia del estado de Derecho?

¿Sentimos la carencia de un sistema judicial mucho más acorde a la importancia de las decisiones que se adoptan en sus sedes?

¿Percibimos la necesidad de un mejor y mayor respeto a la libertad, hacienda y dignidad de las personas en sus relaciones con las distintas secciones del Estado moderno?

¿Sentimos como, en demasiadas ocasiones, la imparcialidad y la ley son cercenadas por el poder, la ambición o las disfunciones mentales de quienes deciden?

Humildemente creo que sentimos esa carencia y ella produce la necesidad de ser colmada.

¿Lo es, lo está siendo? ¿Percibimos el vacío?

Como juristas y miembros de la Comunidad Jurídica, ¿nos sentimos felices?

Creo que no, y este es un aspecto esencial de la vida social, no únicamente de nuestras profesiones.

Si seguimos la tesis del estudio y del profesor autor de «La Buena Vida», no sentimos felicidad porque la carencia de algo esencial asola nuestras vidas de profesionales y amantes del Estado de Derecho, con independencia de que en lo individual seamos mas o menos ”felices”

Aquí, en Escocia, no me siento extranjero. Pero soy español y miro a mi país desde esta distancia. Y percibo sus carencias a diario.

Y pienso, estoy seguro de que muchos miembros de la Comunidad Jurídica perciben la infelicidad de la carencia.

Mi pregunta es: ¿aparte de sentirnos infelices, estamos dispuestos a pelear de verdad, a diario, por la consecución de la felicidad que trae la percepción de un auténtico Estado de Derecho?

¿O simplemente, haciendo caso omiso a nuestra verdadera condición de humanos, hemos decidido vegetar en una especie de sálvese quien pueda?

La Historia nos juzgara.

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