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Opinión | CDL: Mujeres pioneras en la Abogacía de Inglaterra y Gales

Opinión | CDL: Mujeres pioneras en la Abogacía de Inglaterra y Gales
Josep Gálvez cuenta, en su columna, los primeros tiempos en que las mujeres accedieron a la Abogacía en Inglaterra y Gales. Con especial referencia a Helena Normanton.
12/3/2024 06:32
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Actualizado: 11/3/2024 21:31
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Según cuenta una vieja anécdota, una mañana los presos se alineaban para entrar en los calabozos del famoso tribunal londinense, el ‘Old Bailey’. Allí esperarían a ser juzgados y muy probablemente sentenciados a largas penas de trabajos forzados.

Cuando ya estaban en las frías entrañas del edificio, sucedió que uno de ellos llamó al guarda y le dijo que quería presentar un escrito de defensa.

El bigotudo policía le advirtió que únicamente podría presentar ese escrito ante el juez si contaba con un libra esterlina y tres chelines.

En efecto, con esa cantidad el preso podría elegir a cualquiera de los ‘barristers’ que se encontraban esperando para ser contratados por alguno de esos desdichados clientes.

Pero según parece, el preso no era muy ducho en estas cuestiones y no había seguido el consejo de otros rufianes más curtidos en aquellas lides y que consistía en preguntar antes al guardián qué ‘barrister’ debían elegir de entre los disponibles aquella mañana.

Así que el pobre diablo echó un vistazo a los ‘barristers’ que andaban por allí y dijo sin vacilación, refiriéndose con el mentón al que más cerca se encontraba de la cuerda de presos:

Me quedaré con el caballero más cercano.

    El ‘barrister’ entonces se levantó y para sorpresa de todos, se descubrió que no se trataba de un hombre, sino de Chrystal Macmillan, una de las primeras mujeres nombradas ‘barrister’ en el país.

    En aquél momento los presos y los carceleros e incluso el resto de letrados se rieron divertidos a carcajadas, señalando uno de ellos con sorna:

    Ja, ja já ¡El caballero más cercano es una dama! ¿¿Y qué vas a hacer ahora??

      Aunque sorprendido, lejos de cambiar de opinión el preso contestó que se ceñiría a su elección del ‘barrister’ más cercano y así fue como contrató a la ‘barrister’.

      Total, que la buena de Chrystal Macmillan lo defendió ante el tribunal y lo salvó de la pena de presidio, consiguiendo su plena absolución.

      Así que hoy, como ya se imaginarán, hablaremos de las primeras mujeres que con mucha determinación y más ovarios consiguieron ejercer como abogadas en Inglaterra y Gales.

      Mujeres que, como Macmillan, estaban ya hartas de ser relegadas a un segundo plano y quisieron meterse de lleno en un sector tan elitista como es la abogacía de Inglaterra y Gales.

      Y para que entendamos cómo estaba el ambiente, nos vamos a principios del siglo pasado en uno de los primeros casos de mujeres que quisieron ejercer como abogadas.

      En concreto el de Gwyneth Bebb, quién solicitó ser admitida como ‘solicitor’ en la ‘Law Society’ que, como saben, es el órgano rector de este particular colectivo de profesionales de la abogacía inglesa.

      ¿SON LAS MUJERES “PERSONAS” SEGÚN LA LEY DE LA ABOGACÍA INGLESA?

      Bebb fue la primera mujer en graduarse en el muy prestigioso St Hugh’s College de Oxford, obteniendo unas notas excepcionalmente buenas en sus exámenes, de matrícula vamos.

      Pero sucedió que, como en aquella época no se concedían títulos universitarios a las mujeres, pues Gwyneth Bebb no pudo hacerlo formalmente, mire usted qué cosas.

      Total, que junto con otras chicas, Karin Costelloe, Maud Ingram y Frances Nettlefold, Bebb se presentó a los exámenes de acceso al ‘Roll of Solicitors’ que les permitiría ejercer como abogadas.

      Pero la ‘Law Society’ les denegó ese derecho por estar reservado únicamente para los hombres.

      Así que disconformes con la decisión, llevaron el asunto ante los tribunales en el célebre caso ‘Bebb v The Law Society’ de 1914,

      Pues bien, la cuestión esencial a dirimir era si cuando los estatutos de la abogacía hablaban genéricamente de “personas”, significaba que las mujeres también podían ser admitidas para ejercer como ‘solicitors’ en Inglaterra y Gales.

      En otras palabras, si las mujeres son también personas según la ley de la abogacía inglesa.

      ¿Y qué dijeron los tribunales al respecto?

      Pues la ‘Court of Appeal’ despachó el asunto diciendo que la cuestión estaba resuelta por su “largo uso” en el derecho anglosajón.

      Y de tal manera que concluyó que las mujeres no estaban incluidas en el epígrafe “personas” de la Ley de los ‘solicitors’ de 1843 (la ‘Solicitor’s Act 1843’).

      Tal como lo están leyendo.

      Por si fuera poco, los jueces declararon que en la ‘common law’ se considera que las mujeres tienen una incapacidad adicional.

      Y esto significa que después del matrimonio no pueden celebrar contratos con terceros por si solas, ya que necesitan de sus maridos.

      Además, dado que toda mujer tiene la posibilidad de contraer matrimonio, esta incapacidad se aplica también a las mujeres solteras, como eran Bebb y sus amigas.

      Pero no se me extrañen, que era algo muy de los tiempos.

      Por ejemplo, como algunos recordarán, el Código Civil de España recogía en términos muy similares numerosas limitaciones a la capacidad de obrar de la mujer

      Y que no se modificaría hasta el año 1975, o sea que echen cuentas.

      En cualquier caso, el caso de Gwyneth Bebb y sus compañeras no caería en saco roto, ya que, aunque perdieron la apelación, la sentencia tuvo una gran repercusión más allá de las fronteras del Reino Unido, llamando la atención sobre esta injusticia.

      Pero ¿qué sucedía por aquél entonces en el muy elitista «Bar» de Inglaterra y Gales?

      Pues como veremos ahora, la cosa no pintaba mucho mejor.

      HELENA NORMANTON Y SU APELLIDO DE SOLTERA

      Como ya sabemos, para ejercer como ‘barrister’ en Inglaterra y Gales es necesario ser admitido en uno de los cuatro ‘Inns of Court’, el Lincoln’s Inn, el Gray’s Inn, Inner Temple o el Middle Temple.

      Unas instituciones cuyos orígenes se hunden en el Medievo y que podrían ser como un colegio de abogados español, por así decir.

      Pues bien, habría que esperar a la Ley de (eliminación) para la Inhabilitación por Razón de Sexo de 1919 (la ‘Sex Disqualification [Removal] Act 1919’) para que las mujeres fueran plenamente aceptadas en la abogacía inglesa, de tal manera que pudieran cualificarse y ejercer como cualquier hombre.

      Así tenemos a la primera ‘barrister’ que ejerció como tal ante los tribunales de  Inglaterra y Gales, que fue Helena Normanton, una defensora de la igualdad y que además logró un asombroso número de hitos nunca antes alcanzados por una mujer.

      En efecto, a esa lista se añade ser la primera mujer que llevó la acusación en un juicio por asesinato, ser la primera mujer que defendió a un cliente en un juicio nada menos que en los Estados Unidos o la primera ‘barrister’ que presentó casos ante la ‘High Court’ y en el Old Bailey.

      Que se dice muy pronto, oigan.

      En su fantástico libo “Everyday Law for Woman”, recuerda que decidió convertirse en ‘barrister’ a la temprana edad de doce años, cuando acudió a un despacho de abogados acompañando a su madre.

      Al parecer, cuando salieron de la reunión, se dio cuenta de que ninguna había sido capaz de entender los consejos de su ‘solicitor’ por lo que quiso ayudar a todas las mujeres para que puedan acceder a la abogacía, una profesión sólo abierta a los hombres.

      Así que estudió derecho y cuando en 1918 se le denegó el acceso al «Bar» de Inglaterra y Gales, presentó una petición ante la Cámara de los Lores.

      Volvió a solicitarlo el 24 de diciembre de 1919, de hecho pocas horas después de que entrara en vigor la Ley de (eliminación) para la Inhabilitación por Razón de Sexo, y fue así como finalmente accedió al ‘Bar’ por ‘Middle Temple’.

      Pero eso no es todo, ya que además consiguió firmar el primer contrato de arrendamiento de su casa, que estaba a su nombre y no al de su marido, como era habitual hasta entonces.

      Por si no fuera suficiente, en el año 1924 fue la primera mujer casada en tener un pasaporte donde constaba su apellido de soltera, ya que lo conservó a pesar de haberse casado.

      Y es que, como saben, en el sistema tradicional anglosajón es habitual que la esposa adopte el apellido de su marido.

      De hecho, Normanton solía bromear al respecto recordando que, a pesar de su matrimonio con el Rey Enrique VIII,  Ana Bolena nunca tomó el apellido Tudor de su marido:

      Aunque le quitó la cabeza, al menos tuvo la decencia de dejarle su propio apellido.

        Hasta la semana que viene, mis queridos anglófilos.

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