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Opinión | «Network, un mundo implacable», un filme que predijo lo que es nuestro mundo medio siglo atrás

Opinión | «Network, un mundo implacable», un filme que predijo lo que es nuestro mundo medio siglo atrás
Los cuatro principales protagonistas de "Network", William Holden, Robert Duvall, Peter Finch y Faye Dunaway.
28/4/2024 06:30
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Actualizado: 29/4/2024 11:27
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Desde hace años, las cadenas de televisión, luchan por mantener su cuota de pantalla frente a una audiencia cada vez más dispersa y fragmentada. Por ello, algunas han optado a recurrir a tácticas sensacionalistas y formatos escandalosos: lo que se denomina “telebasura”.

Algo, que, en su peor versión, no es más que un circo moderno que celebra la vulgaridad y descarta la ética, la responsabilidad y la veracidad… y que tiene como principal objetivo mantener a los espectadores pegados a la pantalla a cualquier costo.

En 1976, el cine nos obsequió con una de las críticas más agudas y visionarias sobre el medio televisivo con la película «Network, un mundo implacable».

Dirigida por Sidney Lumet y escrita por Paddy Chayefsky, esta sátira supo anticipar un futuro dominado por la «telebasura» y la manipulación mediática en busca de audiencias, sin importar la ética y los valores humanos.

El presentador de informativos Howard Beale en una de sus apariciones televisivas, tras anunciar que se va a suicidar.

“Network” cuenta la historia de Howard Beale (interpretado por Peter Finch, quien ganaría un Oscar póstumo por esta actuación), un presentador de noticias al borde del despido debido a sus bajas audiencias.

En un arranque de desesperación y sinceridad, Beale anuncia en directo su intención de suicidarse. En lugar de buscarle ayuda, la cadena para la que trabaja, TV UBS, aprovecha su deterioro mental para intentar subir sus audiencias. Lo que paradójicamente consigue.

Howard Beale:  Señoras y señores, con gran pesar debo anunciarles que, dentro de dos semanas me retiro de este programa, debido a los malos índices de audiencia. Este trabajo era lo más importante para mí, mi única razón para vivir, por eso he decidido quitarme la vida.

Voy a saltarme la tapa de los sesos en este mismo programa dentro de 8 días. [Diez segundos para publicidad, se escucha en off]. Así que, sintonicen el próximo martes. Los de Relaciones Públicas tendrán una semana para promocionar el programa. El índice de audiencia subirá. Una cuota del 50%, tranquilamente. Será emocionante y divertido.

CONFLICTO ENTRE LOS VALORES TRADICIONALES DEL PERIODISMO Y EL ESPECTÁCULO MERCANTILISTA

La película, refleja también el enfrentamiento entre Max Schumacher, jefe de informativos de la cadena (interpretado por William Holden), como el viejo guardián de los valores tradicionales del periodismo (un cargo que aceptó, porque le prometieron autonomía informativa ante cualquier intromisión de los directivos de la cadena) y Diane Christensen (Faye Dunaway, quien también consiguió el Oscar por su interpretación) y Frank Hackett (Robert Duvall), quienes personifican esa nueva generación de ejecutivos de medios, con una ética retorcida, para los que la tragedia humana es solo otra mercancía que vender.

Diane Christensen (Faye Dunaway) y Frank Hackett (Robert Duvall), los directivos sin escrúpulos que solo buscan ampliar la audiencia de una cadena de capa caída, cueste lo que cueste.

Diane Christensen: ¿Ha visto el control de audiencias de anoche? [Y le tiende los datos] Y 8% en Nueva York, un 9% en Los Ángeles. Ha sido la media de ambas ciudades. Anoche, Howard Beale salió en la pantalla gritando majaderías durante dos minutos y le puedo asegurar que el programa de esta noche tendrá un considerable aumento en los porcentajes de audiencias. Creo que estamos de suerte.

Frank Hackett: ¿Sugieres que pongamos a ese lunático en antena gritando gilipolleces?

Diane Christensen: Sí, creo que nos interesa que Beale siga esta noche y todas las siguientes. ¿Ha visto los diarios de esta mañana? ¿Ha leído “The Times”? Nos dedican reportajes que no pagaríamos con un millón de dólares. Fran, ese estúpido programa subió 5 puntos en la clasificación en una sola noche. Hoy subirá, al menos, hasta 15.

Aumentaremos nuestra audiencia en 20 o 30 millones de espectadores en una sola noche. No surgen oportunidades de estas todos los días, por eso conviene no desaprovecharla.

Howard Beale dijo lo que todos los americanos piensan, que están hartos de tanta mierda. Está creando un clima de ira popular. Quiero este programa, Frank. Puedo convertirlo en el mayor éxito de la televisión.

Frank Hackett: Es un informativo. Está fuera de tu competencia [Ella es la jefa de Programas].

Diane Christensen: Intuyo que Howard Beale va a ser un profeta de la actualidad. Una figura mesiánica revelándose contra la hipocresía de nuestro tiempo. El programa del año. Semanal, de lunes a viernes, estallo de alegría solo de pensarlo. Y un programa de coste reducido al que se puede sacar un gran provecho. Calculo que 130.000 dólares por minuto. ¿Se imagina los beneficios de un programa que se puede vender a este precio?

Un programa como este sacaría a la cadena del pozo. Frank, ahora que se nos sirve en bandeja, no vayamos a estropearlo todo.

Este giro inesperado, convierte al protagonista, en “el profeta iracundo de las antenas”, como le presentan al inicio de cada programa. Una figura que, aunque desequilibrada, resuena con un público cansado del status quo mediático.

LA TRANSFORMACIÓN

«Network» expone sin reparos la transformación de las noticias en espectáculo, donde la verdad es secundaria frente al entretenimiento y el sensacionalismo.

Howard Beale, con su famoso grito “¡Estoy furioso y no pienso aguantarlo más!”, se convierte en la voz de un público cansado y frustrado, una figura casi mesiánica que articula el descontento generalizado hacia las estructuras de poder.

Aunque claro, la novedad dura poco y más si se empiezan a tocar temas como los grandes intereses de las corporaciones, los inversores de Arabia Saudí, llegando a frustrar un gran acuerdo comercial de los dueños de la cadena.

Un espectacular Ned Beatty, en el papel del magnate Arthur Jensen, explicando a un abatido Howard Beale las «virtudes del capitalismo».

Algo que le sintetiza, en un brutal monólogo a Beale, el propio dueño de la cadena, el megalómano, Arthur Jensen (a quien da vida Ned Beatty).

Arthur Jensen: Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale. El mundo es un colegio de corporaciones, inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose del barro. Y nuestros hijos vivirá, señor Beale, para ver eso.

Un mundo perfecto, en el que no habrá guerra, ni hambre. No habrá presión, ni brutalidad. Una basta y ecuménica compañía asociada, en la que todos los hombres trabajaran para servir a un beneficio común. Todos los hombres poseerán una cantidad de acciones. En la que se les cubrirán todas las necesidades. Se les moderarán todas las ansiedades y les divertirán para que no se aburran. Y le he elegido a usted, señor Beale, para predicar este Evangelio.

Howard Beale: ¿Y por qué a mí?

Arthur Jensen: Porque sale usted en televisión, tonto. 60 millones de personas le ven cada noche de la semana, de lunes a viernes.  

EL DINERO ES EL PRINCIPAL REFERENTE  

La película es un estudio devastador sobre cómo los intereses corporativos y la búsqueda de ganancias se anteponen a la integridad informativa y la responsabilidad social. Revelando la sed insaciable de los medios por el espectáculo y el escándalo.

La dirección del genial Sidney Lumet facilita que estas actuaciones brillen dentro de una estructura narrativa que refleja las mismas crisis y dilemas que enfrenta.

A través de los magníficos diálogos, incisivos y mordaces, sirve de crítica no solo a la industria televisiva, sino también a una sociedad que se deja seducir fácilmente por el espectáculo.

Algo que “revela” Beale a sus “fieles televisivos”.

Beale, en su alocución diaria, revela a sus “fieles televisivos” que todo lo que les cuentan en la televisión en mentira y, por ello, les conmina a pagar la televisión. Algo que no gusta a la cadena.

Howard Beale: Escúchenme, la televisión no es la verdad. La televisión es un maldito parque de atracciones. La televisión es un circo, un carnaval, una compañía de acróbatas, narradores de cuentos, bailarines, malabaristas, monstruos de feria, domadores de leones y jugadores de fútbol. Es una fábrica para matar el aburrimiento.

Si quieren saber la verdad diríjanse a Dios, diríjanse a sus gurús, o a ustedes mismos. Esa es la auténtica manera de hallar la verdad. [Risas]. Ustedes no van a enterarse de la verdad por nosotros. Les diremos cuanto quieran oír. ¡Mentiremos!

Les contaremos como Kojak [una serie de éxito en ese tiempo] siempre atrapa al asesino. Que nadie enferma de cáncer en la casa de Archie Bunker [otra gran serie en EEUU, “All in the Family”]. Y que, aunque el héroe esté perdido, si miran el reloj, dentro de media hora saldrá victorioso. Les contaremos toda la porquería ustedes quieren oír. ¡Jugamos con ilusiones! Nada es verdad. […] En nombre de Dios, ustedes son seres reales, nosotros somos las ilusionistas. Así que, ¡Apagad la televisión! ¡Apagadla ahora mismo!

Network, se adelanta a su tiempo al prever cómo los contenidos de algunos medios se convertirían en campo abonado para el sensacionalismo. Aquí, la jefa de programas, Diane Christensen, se plantea contratar a un grupo terrorista para emitir un programa semanal real sobre sus actos, a los que contratan por 10.000 dólares semanales.

“Cada semana iniciamos el episodio con un auténtico acto de terrorismo político, filmado en directo y que tenga actualidad “, dice.

Eso sí, la duda es cómo evitar que el FBI ponga trabas a la emisión. No la cuestión moral de negociar y financiar a un grupo terrorista.

Tampoco tienen reparos, llegado el caso, de eliminar de verdad al presentador-mesías, porque ya no capta la atención del público con sus mensajes sobre los problemas reales de la gente.

“Les deprime”.

Y lo que es peor…, baja los índices de audiencia.

Eso sí, el asesinato tiene que ser en directo, como planifican en una reunión informal de la junta directiva.  

Max Schumacher, jefe de informativos de la cadena (interpretado por William Holden). El mejor amigo de Beale, al que quiere ingresar en una clínica porque cree que está sufriendo «un brote psicótico». No quiere que le utilicen. Y por ello, primero le obligar a dimitir, y tras volver a contratarlo, le despiden.

UN DOCUMENTO PROFÉTICO

Mirando hacia atrás, desde nuestra posición en el siglo XXI, «Network» no solo se mantiene como una obra maestra del cine por sus cualidades técnicas y narrativas, sino también como un documento profético que entendió y expuso los riesgos de un mundo dominado por los medios.

En una era donde la línea entre la realidad y el entretenimiento continúa difuminándose, la película resuena con una relevancia inquietante, recordándonos la necesidad crítica de un periodismo que aspire a iluminar, en lugar de simplemente vender.

Quizás por eso, «Network, un mundo implacable» permanece como un referente crítico tanto para el periodismo como para la audiencia, instándonos a demandar y anticipar una mayor integridad de los que nos brindan las noticias.

Es una llamada a no permitir que la verdad sea frecuentemente sacrificada en el altar de las cifras de audiencia.

Aún hoy, décadas después de su estreno, la película continúa siendo un recurso esencial para comprender las dinámicas entre la prensa, la sociedad y el ejercicio del poder.

“Network» no solo criticó la manera en que los medios de comunicación explotan las tragedias personales para ganar espectadores, sino que también predijo cómo el entretenimiento iría reemplazando, gradualmente, la integridad periodística, el periodismo informativo serio y, en muchos casos, la pérdida de ética en la televisión.

No podemos olvidar, que en una era donde la realidad a menudo supera a la ficción en términos de absurdidad mediática, esta película nos hace reflexionar sobre el mundo que construimos alrededor de las pantallas.

Tampoco debemos olvidar que con el advenimiento de las redes sociales y el “clickbait”, las preocupaciones que planteó «Network» parecen más pertinentes que nunca.

Los medios siguen luchando por mantener esa débil línea entre atraer audiencias y conservar la integridad periodística, un tema que abordó con una precisión casi profética.

Al verla, uno no puede evitar sentir tanto la genialidad de su creación como el escalofrío de su advertencia: en la lucha por la audiencia, todo es espectáculo, incluso la desesperación humana.

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