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Opinión | El protagonismo secundario de la víctima en las series «true crime»

Opinión | El protagonismo secundario de la víctima en las series «true crime»
Javier Nistal explica en su columna el fenómeno "true crime", que no es tan novedoso como podría parecer de principio. El último producto ha sido "El cuerpo en llamas", producido por Netflix. Foto: Netflix.
12/5/2024 06:31
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Actualizado: 13/5/2024 11:35
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La noticia que ha aparecido estos días en los medios de comunicación sobre la negativa de la madre del pequeño Gabriel Cruz a aceptar las ofertas de Plataformas y Productoras para rodar una serie “true crime” sobre el asesinato de su hijo, me ha llevado a escribir esta columna sobre el protagonismo secundario que siempre se le asigna a la víctima en estas series y documentales sobre crímenes verdaderos.

PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN «TRUE CRIME»

El fenómeno conocido como “true crime” -relato cinematográfico sobre el crimen verdadero- que es lo que significa esta expresión anglosajona,  no es  un fenómeno nuevo, porque las películas basadas en “hechos reales” son tan antiguas como el propio Cine, aunque bien es verdad que este fenómeno del “true crime”  está teniendo, en estos momentos, un considerablemente impulso a través de las muchas Plataformas Digitales existentes en la actualidad (Netflix,Amazon Prime Video, HBO Max, etc), que posibilitan la producción cinematográfica de miniseries dedicadas a escenificar aquellos crímenes que han tenido más repercusión mediática y, que por ello, son los que más interés despiertan entre el público.

Estas Plataformas Digitales, sin duda, han descubierto el enorme éxito comercial que puede tener el relato cinematográfico de un crimen verdadero, precisamente, por ese factor de realidad que tiene dicho relato, lo que no deja de ser una explotación económica del crimen real para entretenimiento y disfrute de una audiencia, fascinada por los aspectos más oscuros, ocultos y problemáticos de la vida ajena, sobre todo cuando hay de por medio escabrosos crímenes y crueles asesinatos.

Y es que esta fiebre por las ficciones y documentales sobre crímenes reales, que se ha generado en España ante éxitos tan recientes, como “El cuerpo en llamas” yEl caso Asunta”, lleva a estas Plataformas a seguir adelante escenificando crímenes mediáticos, como lo fue  el del pequeño Gabriel y, también el conocido caso del “Rey del cachopo”, que además despiertan un añadido interés por la cercanía temporal de los hechos que escenifican.

En ese contexto, también, ha sido llevado a la pantalla el caso de las niñas de Alcàsser (Toñi, Desiree y Mirian) bajo el título “El caso Alcàsser” y el caso de Marta de Castillo, bajo el Título ¿Dónde estás Marta?, a los que se sumará, sin duda, el caso de Daniel Sancho, presunto asesino y descuartizador del cirujano colombiano Edwin Arrieta en Tailandia, que ya ha sido recientemente juzgado por estos hechos en Tailandia y cuya sentencia se espera para finales del mes de agosto.

La relación de títulos cinematográficos sobre películas basadas en hechos reales son innumerables, tanto en el Cine extranjero, donde podemos recordar algunos Films americanos como: “In Cold Blood” (Richard Brooks, 1967); “Todos los hombres del presidente”, (Alan J. Pakula, 1976); los films italianos “Salvatore Giuliano” (Franceso Rosi, 1962), “El Casso Mattei” (Francesco Rosi, 1972); “Lucky Luciano” (Francesco Rosi, 1973); la película griega “Z” (Costa-Gavras, 1969) y las películas francesas “El atentado” (Ives Boisset, 1972), o la más reciente y laureada “Carlos” (Oliver Assayas 2010), miniserie para la televisión; como también en el Cine español, donde podemos citar películas de este género cinematográfico de no-ficción, como: “Matar al Nani” (Roberto Bodegas, 1988); “Crimen en familia” (Santiago San Miguel, 1985), sobre el caso de Neus Soldevilla; “Sólo o en compañía de otros” (Santiago San Miguel, 1990), sobre el asesinato de los marqueses de Urquijo; “El secuestro de Anabel Segura” (Pedro Costa, Luis Oliveros, 2010); “El caso Wanninkhof-Caranabantes (Tania Bailó, 2021); “Fago” (Roberto Bodegas, 2008); “Arropiero, el vagabundo de la muerte” (Carlos Balagué, 2008); “Las 2 vidas de Andrés Rabadán” (Ventura Durell, 2008), etc.

También, podemos hacer referencia a exitosas series televisivas como “La huella del crimen”, producida por Pedro Costa para Televisión española, en la que se recrean los casos más escalofriantes de la crónica negra española.

En esta línea y, precisamente, siendo sabedoras las productoras de que el “true crime” es rentable, la cadena de Televisión privada “Telecinco” va a estrenar en breve una serie de ficción sobre el caso real, del conocido como el “Crimen de los Galindos”, que se trasladará a la pantalla con el título “El marqués”.

EL PAPEL SECUNDARIO DE LA VÍCTIMA EN EL ÁMBITO DEL “TRUE CRIME”

El protagonismo de las víctimas en la filmografía sobre el crimen y los criminales va muy parejo al tipo de género o subgénero cinematográfico, así en el caso del subgénero denominado “cine de gángsteres”, con películas tan emblemáticas como las que conforman la trilogía de “El padrino” (Francis Ford Coppola, 1972,), las victimas carecen de relevancia alguna, están anonimizadas y podríamos decir que son parte del atrezzo de la película.

Todo el protagonismo lo asumen los criminales. Al contrario, en las películas del subgénero del “Holocausto”, todo el protagonismo lo asumen las víctimas, quedando los criminales en un segundo plano, salvo algún caso excepcional, como ha sido el de la reciente y exitosa película “La zona de interés” (Reino Unido 1923, Jonathan Glazer), que rompió con la rutina de presentarnos el horror de los campos de exterminio nazis desde el enfoque de las víctimas, haciéndolo, en esta ocasión, desde el enfoque de los verdugos.

En el caso de las series “true crime” la escenificación se hace siempre desde el punto de vista del autor del hecho delictivo y no del de la víctima, quizás porque los criminales causan una especial fascinación entre los espectadores y el relato desde ese enfoque puede tener un mayor éxito comercial. No debemos de olvidar que los criminales más perversos, capaces de cometer los delitos más macabros y aberrantes gozan de mucha popularidad y despiertan en muchas personas un alto interés por ellos.

Y es que el alcance del “efecto halo” juega un papel muy importante en el mundo de la criminalidad.

CONCLUSION

A modo de conclusión, podemos terminar diciendo que a este papel secundario que se otorga a las víctimas en estas series “true crime”, quizás por esa razón comercial a la que hemos hecho referencia,  hay que añadir el sufrimiento que para los familiares de dichas víctimas supone  verse obligados a revivir, de forma fidedigna, el sufrimiento de quienes perdieron la vida a manos de sus asesinos, lo que hace que los afectados por los rodajes de estas series se opongan a su emisión, como ocurre ahora con la madre del niño Gabriel y ha ocurrido con la reciente serie de Netflix “El Cuerpo en llamas” (Jorge Torregrosa, 2023), que ha tenido algunos problemas legales para su emisión, pues la condenada por el llamado “Crimen de la Guardia Urbana” pidió judicialmente detener el estreno de esta serie, aunque no es frecuente que un juzgado paralice la emisión de una serie true crime, tal y como lo explica de forma clara y concisa Bárbara Hermida en una columna publicada en “Confilegal” el pasado día 9 de mayo.

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