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Opinión | CDL: Algunas curiosidades del ‘trust’ bajo el derecho de Inglaterra y Gales (I)

Opinión | CDL: Algunas curiosidades del ‘trust’ bajo el derecho de Inglaterra y Gales (I)
Josep Gálvez, abogado español y "barrister", explica en esta primera entrega los orígenes del "trust" bajo el derecho inglés y de gales. Foto: JG.
28/5/2024 06:35
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Actualizado: 28/5/2024 00:10
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Brewster’s Millions es una de esas divertidas comedias clásicas de posguerra, donde nuestro protagonista, Montague L. Brewster, es un soldado quien tras luchar durante la Segunda Guerra Mundial, vuelve a casa con la firme voluntad de casarse con su adorada novia Peggy.

La cuestión es que, justo en la víspera de la boda, el joven recibe la extraña visita de un abogado que le informa de que ha sido agraciado como heredero de una enorme fortuna de su difunto tío James, al que apenas conoció en vida.

Como todo en esta vida, no es tan sencillo ya que el tío James era un cachondo y algo cabroncete, por lo que decidió establecer un ‘trust’ hereditario con una serie de condiciones para que su sobrino pudiera heredar toda esa pasta.

Y es que, para recibir los suculentos 8 millones de libras (9.407.935 euros), Brewster debe gastarse primero un millón de pavos, que forma parte de dicha herencia, antes de cumplir los 30 años, edad que alcanzará el mes siguiente.

Lo más complicado de todo es que no puede quedarse con nada de ese millón, ni contarle a nadie al respecto, debiendo guardar la más estricta confidencialidad.

Un tanto escéptico pero sin muchas otras opciones, Brewster acepta el desafío.

Así que decidido a cumplir con esta extravagante cláusula, con ese capital monta su propia empresa de inversiones, Brewster & Co, contratando a sus viejos camaradas de armas como vicepresidentes de la compañía y a Peggy como su secretaria personal.

Con semejante tropa parece que el desastre empresarial está cantado.

Pero para su sorpresa cada uno de los esfuerzos para llevar a la empresa a la ruina se convierte en un éxito rotundo y lucrativo, alejándose de su objetivo de quedarse sin un duro.

En fin, no les voy a destripar la película pero está claro que, como hemos visto en numerosas ocasiones, esto del ‘trust’ es algo bastante particular del derecho inglés y de sus derivaciones a otros países, lo que lleva a historias semejantes a la de esta vieja película de 1945.

¡Ah, el glorioso ‘trust’, institución tan conocida a este lado del canal como esotérica para el continente, sobre todo cuando se sitúa en algunas lejanas orillas del Caribe.

Pero esta maravilla del derecho anglosajón no nació de la noche a la mañana ya que su origen se remonta al menos a la Edad Media, específicamente a la venerable ‘Chancery Court’,  un tribunal que seguía un conjunto de reglas flexibles para esquivar la lentitud y la rigidez del derecho ordinario.

Como veremos, la ‘Chancery’ tenía jurisdicción sobre todos los asuntos de ‘trusts’, los derechos sobre las tierras y la administración de herencias, entre otros divertidos asuntos, derivándose en una interesante práctica debido a los follones que se montaban ante ese tribunal.

PERO ENTONCES, ¿DE DÓNDE SALE ESTO DEL ‘TRUST’?

Pues miren, durante esos tiempos del Medievo, el personal no se iba de vacaciones a Marina d’Or sino de cruzadas a Jerusalén, lo que conllevaba que el propietario de un patrimonio estuviera lejos de su casa durante bastantes años, guerreando a diestro y siniestro.

Imaginemos por ejemplo a un terrateniente inglés, un noble caballero que decide dejar su hogar para unirse a sus amigotes e irse de luchas contra los infieles en Tierra Santa, que era lo que estaba de moda y así además no estorbaban por casa.

La cuestión es que como este valiente guerrero era también previsor, para no dejar sus tierras desatendidas cedía la propiedad a alguien de confianza para que las gestionara, incluidos los impuestos feudales, que Hacienda somos todos y tal.

Pero eso sí, con la seria promesa de que el amigo se las devolvería al regresar de las Cruzadas.

Sin embargo, como bien sabemos, la confianza da asco y quien parecía ser un amigo, en realidad era un cuñado pero que con muy malas intenciones.

Y así al volver, muchos cruzados se encontraban que el fiel amigo era ahora un aprovechado oportunista, se negaba a cumplir su palabra y si te he visto no me acuerdo.

Aquí es precisamente donde empieza nuestra particular historia de justicia y equidad en Inglaterra, ya que una cosa es darle cera al sarraceno en Tierra Santa y otra muy distinta es que te la quieran colar par le derrière.

DERECHO Y EQUIDAD EN LA INGLATERRA MEDIEVAL

Así que, con todo este percal, ¿qué hicieron entonces los pobres guerreros engañados?

Pues si bien podrían haber constituido una plataforma de cruzados afectados por prácticas abusivas, en realidad se fueron directos a ver al Rey para que solucionara todo este pollo.

Pero claro, como las cosas de palacio van despacio y la corte debía parecerse más a un juzgado de cláusulas suelo que a unas estancias regias, el buen rey decidió que ya estaba hasta la corona.

En un ataque de lucidez -desconocemos si apresurado por la Reina-  el monarca derivó las reclamaciones a su Lord Canciller para que fuera este quien aguantara a partir de entonces la chapa de los cruzados.

Así que trasladados los expedientes con los carros del Mercadona a las dependencias del Lord Canciller, le tocó a este empezar a resolver los numerosos casos que se amontonaban en su mesa.

Imagínense el panorama que se le venía encima.

Y según parece, como este hombre tenía más sentido común que conocimientos de derecho, empezó a resolver según lo que le parecía más adecuado, aligerando los temas con pasmosa rapidez.

Es decir, decidía lo que era “justo” y “equitativo”, según su noble conciencia.

Y así, amigos míos, es como nació en Inglaterra el principio de equidad, (‘Equity’).

Es decir, decisiones basadas en justicia material del caso y no en el derecho puro y duro, lo que dará posteriormente  a la importante distinción entre la ‘Equity’ y el ‘common law’, hoy ya prácticamente desaparecida.

 Y claro está,  lo justo era que al cruzado le devolvieran su tierra y su patrimonio.

De esta manera, la corte del Lord Canciller, la famosa ‘Chancery’, se hizo conocida por proteger los derechos de los cruzados, obligando al propietario según el derecho a devolver las tierras a su legítimo dueño según la equidad.

Como curiosidad, la ‘Equity’ siguió a su rollo, llegando a permitir que dos personas tuvieran intereses en un mismo terruño al mismo tiempo y bajo dos sistemas distintos.

Así, por un lado, tendríamos al cruzado y propietario por la ‘Equity’ y reconocido únicamente por el tribunal de la ‘Chancery’. Y por el otro, el propietario bajo el derecho ordinario, quien gestionaría la tierra en ausencia del primero.

A partir de entonces, el ‘Lord Chancellor’ fue el tipo más popular en Inglaterra ya que solía fallar a favor del cruzado que regresaba, surgiendo el principio de que el propietario según el derecho debía conservar la tierra en beneficio del propietario original y hasta que éste volviera.

En fin, la semana que viene seguiremos con más.

Hasta entonces mis queridos anglófilos.

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