El curso que dirige Roberto Ruiz Ballesteros este próximo martes en la Universidad de Verano de la Universidad Complutense no puede venir más al pelo de lo que está sucediendo en la causa abierta contra Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por los supuestos delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios privados.
Ruiz Ballesteros, director de la agencia Ballesteros Comunicación de Litigios y profesor de la Complutense, aborda esta problemática en un curso de un solo día que ha titulado «Cuando la noticia cambia la vida de las personas para siempre: el juicio paralelo durante un proceso judicial mediático«.
Y cuenta, para ello, con protagonistas que le han prestado tiempo de reflexión al asunto porque están en todos los puntos cardinales de esta trinchera: Antonio del Moral, magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (fue uno de los 7 jueces que formaron parte del tribunal del «procés»), Jaime Campaner, socio director de Campaner Law, firma con base en Palma de Mallorca y en Madrid, y profesor universitario.
Los dos tienen visiones contrapuestas, a cual de ellas más interesante.
Para debatir sobre el asunto, un magistrado excedente y abogado penalista puntero, José Antonio Choclán, una letrada muy mediática, también conocida penalista, Bárbara Royo, y una conocida periodista, Ángela Martialay, redactora jefe de El Mundo.
Según Ruiz Ballesteros, con la eclosión de medios de comunicación merced a Internet, la desaparecida pena de vergüenza, existente hasta bien entrada el siglo XX, se ha transmutado en lo que el exvicepresidente del Supremo, Ángel Juanes, describió como pena de banquillo.
«Los enfoques noticiosos, las tertulias, los ‘influencers’ condenan a personas que aún no han sido juzgadas. Las consecuencias son daños irreparables a la reputación, negocios frustrados, consecuencias en el ámbito familiar, problemas de salud mental, incluso suicidios. Lo que buscamos es abrir un debate intelectual profundo entre los actores que tienen algo que decir en este perverso juego», explica Ruiz Ballesteros.