El acoso laboral se ha convertido en una de las mayores lacras del siglo XXI. Un acoso que puede llegar a afectar a la salud mental, y física, de quién lo padece. Sin embargo, no sólo el trabajador es el que sufre las consecuencias de esta situación. Y es que su familia más cercana, con especial relevancia de los menores, también llegan a ver su salud mental afectada por esta lacra laboral.
«La sobrecarga de trabajo le impedía descansar, así como hacer vida social y familiar. Una situación que la empresa conocía, pero no hicieron nada. En la carta de suicidio, pidió perdón a sus compañeros, y reconoció haberse equivocado en alguna gestión relacionada con el trabajo. Dijo que no merecía vivir».
Este es el caso de un trabajador que, incapaz de asumir su sobrecarga de trabajo, decidía quitarse la vida. Exceso de trabajo que puede ser entendido como acoso laboral. Al igual que otras situaciones, como la intimidación, la humillación o los comportamientos hostiles hacia un trabajador, ya sea por parte de un superior, o un compañero.
Una situación que cada vez afecta a más trabajadores, independientemente de su sector. Y cuyas consecuencias no se quedan en la oficina.
Así pues, un estudio publicado por Current Psychology destaca que el acoso laboral también afecta dentro del ámbito familiar. Y, especialmente, en los menores, que pueden desarrollar problemas de salud mental debido al acoso laboral que sufren sus padres en el trabajo.
Acoso laboral, un problema de salud mental en menores
«El 23% de los niños que vivían con un miembro adulto de la familia que experimentó recientemente acoso laboral tenía un probable problema de salud mental», destaca el informe publicado. Una cifra desvelada después de analizar el caso de más de 10.000 niños de entre 4 y 17 años de todas las regiones censales de Estados Unidos.
Análisis en el que también se valoran las características de los progenitores que sufren este acoso laboral o mobbing. En concreto, tal y como expone el documento, dado a conocer por el experto en contrapericiales, Miguel Pérez Urzay, son más mujeres que hombres, y familias monoparentales, los que sufren este acoso.
En concreto, «una mayor proporción de los adultos en nuestra muestra que experimentaron acoso laboral eran mujeres (67% frente al 56%), viudos/divorciados/separados (21% frente al 16%), y reportaron que su salud había empeorado en comparación con el año anterior (13% frente al 6%)» en comparación con los adultos que no informaron acoso laboral».
Del mismo modo, y teniendo en cuenta estas características, se determina que son los menores con entornos con menos ingresos los que son más vulnerables. Así pues, la salud mental también depende de la economía de los padres que sufren mobbing.
«Las características sociodemográficas, como el nivel de ingresos y el estado de salud del niño y del adulto, también influyeron en las probabilidades de problemas de salud mental en los niños», concluye el estudio.
Una realidad que parece demostrar que el acoso laboral no sólo supone una lacra dentro de las empresas. Sino también un importante potenciador de problemas de salud mental que sale de la oficina, y acaba afectando a los más pequeños de la casa.