Opinión | El relato «machacón» de la «politización de la justicia»

María Emma Ortega Herrero es magistrada y miembro del Comité Nacional de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria. Foto: AJFV.

20 / 12 / 2024 05:35

La editorial Libros del Asteroide, finaliza siempre las ediciones de sus libros con una frase, escogida con mimo en cada caso, y en la edición del libro Vendrán a detenerme a medianoche, de Tahir Hamut Izgil (2024) leemos la siguiente frase del poeta Paul Celán “Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje”.

Es incuestionable la fuerza de la palabra y el poder transformador de la sociedad que posee el lenguaje. En los últimos años hemos asistido a la utilización del lenguaje para crear, por parte de determinados sectores políticos, un relato interesado y sesgado sobre el poder judicial.

El relato creado, insiste una y otra vez, de forma machacona, en la politización de la justicia, usando palabras hasta ahora casi desconocidas como “lawfare”. Todo su centro de gravedad gravita sobre este eje.

Punto álgido de este proceso, han sido las insinuaciones del presidente del Gobierno de cierta connivencia de los jueces con un determinado partido político. Se busca, dando un paso más, no perder el control del relato, que no pierda su fuerza, deslegitimando y socavando cada vez más al poder judicial. Se ha convertido en un arma, una herramienta con la que se propaga la desinformación.

El relato apela también a la emoción, porque además de seres racionales somos seres emocionales. Razón y emoción son un todo en el individuo. Somos nuestras emociones y nuestros pensamientos. Controlando una parte, nuestras emociones, es más fácil que el relato arraigue. Se obvia, una y otra vez, que todo juez en este país debe ser independiente, imparcial y sometido únicamente al imperio de la ley porque así lo dispone nuestra Constitución.

Como colectivo no somos perfectos. Ningún colectivo lo es. Pero nuestro sistema tiene los mecanismos y garantías precisos para que si un juez no es, o deja de ser independiente, sea denunciado y apartado de la carrera judicial. No deja de ser independiente porque lo diga un partido político que no está de acuerdo con las decisiones que adopta ese juez, en el marco de un procedimiento, sencillamente porque no convienen a sus intereses.

Los jueces no somos una “casta privilegiada”

Se pretende hacer creer que los jueces somos una especie de “casta privilegiada”, endogámica, cuando la realidad es precisamente la contraria, y es escaso el porcentaje de jueces cuyos familiares tienen vinculación directa con la judicatura.

Desconocer esta realidad es despreciar el esfuerzo de muchas familias de clase media para que sus hijos formen parte de la carrera judicial hoy día. Esta verdad, fácilmente constatable acudiendo a las estadísticas publicadas por el Consejo General del Poder Judicial, no interesa porque no contribuye al relato que lleva años creándose.

Nunca antes en democracia habíamos asistido a semejante ataque por parte de un poder del Estado frente a otro poder del mismo. La finalidad no puede ser otra que el control del poder judicial, que es el contrapeso de los otros dos poderes del Estado. Se busca acabar con un poder judicial independiente.

El lenguaje tiene ese poder transformador de la sociedad

Este relato trae consigo consecuencias extremadamente graves y de las que tardaremos tiempo en recuperarnos. Porque provoca la desconfianza de la ciudadanía en los jueces y ataca directamente la separación de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, como pilar indiscutible del Estado de Derecho.

Frente a esto, tendríamos que tener el coraje de detenernos y mirar a nuestro alrededor; no dejar que nos confunda el bombardeo continuado de “desinformación” en la sociedad digitalizada en la que nos movemos. Tenemos que ser capaces de contrastar la información, reflexionar y rechazar esa manipulación interesada. Porque quienes perdemos, somos los ciudadanos.

El lenguaje tiene ese poder transformador de la sociedad, y puede ser usado para destruir o para construir. Y se está utilizando para destruir.

Ojalá nuestros políticos, en un ejercicio de responsabilidad, opten por construir vínculos, construir comunidad, solidaridad, empatía y confianza. Porque ¿qué sociedad es la que tenemos, si los ciudadanos no pueden confiar en su Justicia?

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