“Maestro: ¿Cuál es el sentido de la vida? Te lo diré en tres palabras: Yo que sé”.
Recurrentemente surge en estas páginas de Confilegal[1] la cuestión de si debería suprimirse el establecimiento de una edad concreta para la jubilación forzosa, factor, que provoca la “expulsión” de la función pública o carrera profesional.
En tal sentido, se argumenta que se debería sustituir la jubilación forzosa por edad, por la voluntariedad del funcionario público para seguir ejerciendo, o no, su carrera profesional jurídica, en tanto en cuanto se compruebe que posee las facultades físicas y mentales suficientes y necesarias para seguir en el ejercicio de su profesión.
Así, se alega que la pérdida de su destino supone un claro perjuicio para la función pública, dada la elevada formación de estas personas, a la vez que se provoca un grave daño moral y personal a quien le gustaría seguir en el ejercicio de su profesión.
Y esto, les ocurre a muchos funcionarios que tienen una auténtica vocación por la actividad jurídica que están desarrollando.
Hacer quedar en casa a personas que todavía podrían seguir cumpliendo una función al Estado de derecho supone un auténtico despropósito y una gran pérdida.
Y se aduce como justificación de tal decisión el aumento de esperanza de vida y la vocación.
ESPERANZA DE VIDA
El último estudio realizado en el año 2023, fija la esperanza media de vida para los hombres en 81,8 años y para las mujeres, en 86,3 años, siendo España el país de la Unión Europea con mayor esperanza de vida total, y una alta esperanza de vida saludable fijada en 61,2 años (ligeramente por debajo de la media europea fijada en 62,6 años), lo que nos llevaría a una perspectiva un tanto comprometida para poder conjugar la actividad más allá de los 72 años, con las exigencias derivadas de la frenética actividad y de la complejidad de los temas tanto sustantivos como organizativos que nos presenta la sociedad actual que vive en una “permacrisis” estructural.
VOCACION
Se aduce que “cuando se tiene vocación por algo, el tiempo no existe, y, por ello, la jubilación forzosa tampoco debería existir…”.
Partiendo de la base de que tan legítimo es querer optar a la jubilación, incluso antes de la fecha obligatoria correspondiente, como querer seguir ejerciendo la actividad profesional si es el deseo del funcionario, no solo se trata de una cuestión económica ante el importante descenso retributivo que supone pasar del ejercicio activo a la jubilación forzosa, sino que está en juego la vocación.
No creo que la vocación se deba pagar. Opino, que las circunstancias y los determinantes del camino, tienen un gran peso en las odiseas personales de cada ser humano.
Todo ello, te lleva a eso que llamamos “vocación” y que según María Zambrano “es aquello que no se puede dejar de hacer, incluso cuando se ha querido dejar de hacer”.
Siempre me ha parecido magnífico un texto de Alba Serrano que dice así: “Vengo de una familia trabajadora, donde nadie tenía vocación, porque el hambre, la precariedad, el techo debajo del que vivir no se lo permitían. Trabajar siempre ha sido una necesidad, el trabajo asalariado una obligación. Eso nunca les ha llenado su vida de vocación, de dedicación. Simplemente, nunca han cobrado por ella, no han podido vivir de ella. Pero sí con ella…”.
Más poéticamente, Rabindranath Tagore, en la escena IV de su obra “El cartero del rey” dice: “No sabes tú lo contento que me voy. Ya ves; me has enseñado a ser feliz vendiendo quesitos…”
Como el protagonista Amal (esperanza en árabe), todos tenemos una enfermedad incurable que es la vida/muerte… Y a determinadas alturas de la existencia “… hay que aprender a caminar más despacio, más lento, a despedirnos del ayer y a dar la bienvenida a quien somos hoy: aceptar un rostro y un cuerpo silente, soltar miedos e incertidumbres que el tiempo no logro apagar. Hacerse longevo es crecer, aprender a estar con uno mismo y con aquellos que nos habitan. Entender que todo cambia, que nada para, que nada poseemos, que las despedidas son parte del camino, que los sueños incumplidos no son importantes, que formamos parte de un ‘algo’, que siempre habrá nuevas sonrisas y razones para levantarse cada mañana con un afán, con un propósito… simplemente vivir”.
Y el territorio más fecundo para esos descubrimientos es la jubilación. Como Slavoj Zizek “no creo que la edad aporte ninguna sabiduría”.
Y con Lan Li entiendo que “la vida es ordinaria, pero la disfruto”, y que “los días sin obligaciones se pasan viviendo la vida seriamente”.
La vida cambia deprisa… cambia en un instante.
PROPUESTA FINAL
En cualquier caso, me permito formular una propuesta para quien quiera ejercitar su derecho a seguir trabajando: que al llegar a la edad de jubilación (65/67 años) permitir seguir trabajando, pero cobrando únicamente el importe que corresponda de pensión de jubilación.
Porque la experiencia demuestra, que, como regla general, solo siguen trabajando después de los 65/67 años aquellos funcionarios que cobran salarios muy altos.
En este sentido, sería mucho más ético de cara a las promociones más modernas, ya que nuestra generación por edad, está ocupando cargos y puestos relevantes que no han ocupado generaciones anteriores…, es más importante el cambio de actitud que el cambio de escenario.
[1] “Jubilación forzosa: el despilfarro silencioso de talento en la función pública”. Vicente Magro. 7 de agosto de 2025. “¿Expulsados por cumplir 65? La laguna legal que deja en el aire a los pilotos veteranos”. Oscar Orgeira. 8 de agosto de 2025.