Alfonso Guerra, exvicepresidente del Gobierno y exvicesecretario general del PSOE, presentó ayer la séptima novela del jurista y escritor Luis María Cazorla, «Tetuán y Larache 1936», en el marco de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, en Madrid, de la que el autor es presidente. Un evento que contó con la presencia del historiador Juan Francisco Fuentes y del director, productor, guionista, periodista y escritor Javier Rioyo, quien asumió el papel de conductor ante un patio de butacas lleno a reventar de personalidades del mundo de la justicia y la abogacía.
Durante su intervención, Guerra, que calificó, sin ambages a la obra de Cazorla de «gran novela», llamó la atención sobre el desconocido papel del empresario alemán y nazi, Johannes Reinhardt, que fue determinante en el éxito del transporte de las tropas de los sublevados desde el protectorado español en Marruecos a la península.
La amistad de Guerra y de Cazorla se remonta a 1982, cuando el primero era vicepresidente del primer gobierno socialista que, en las elecciones de octubre de ese año obtuvo 202 diputados, y Cazorla era letrado mayor de las Cortes Generales.
El exdirigente socialista destacó que esta séptima novela del autor se suma a una trayectoria literaria marcada por el interés en episodios históricos fundamentales para comprender el siglo XX español.
Alfonso Guerra calificó la expresión Memoria Histórica como un oxímoron, un compuesto formado por dos palabras antagónicas al considerar que la memoria y la historia son conceptos distintos e incluso opuestos.
Recordó las palabras de José Ortega y Gasset: “La historia no es recuerdo, sino una construcción intelectual del pasado”, y añadió que toda historia es siempre historia contemporánea, escrita desde el presente. Por ello, dijo, si es memoria no es historia, y si es historia no puede limitarse al recuerdo personal o emocional.
La novela, prosiguió Guerra, se centra en dos ciudades del protectorado español en Marruecos, Tetuán y Larache, durante los días cruciales de julio de 1936, previos al levantamiento.
El político y escritor describió la obra como un «thriller» apasionante que combina personajes históricos reales con otros de ficción creíbles, logrando mantener la tensión narrativa mientras se desarrollan acontecimientos decisivos como la incorporación de las tropas marroquíes al ejército franquista y la llegada de la ayuda alemana.

El papel imprescindible de Johannes Bernhardt
Uno de los aspectos más destacados por Alfonso Guerra fue la figura del empresario alemán nazi Johannes Bernhardt, personaje del que reconoció desconocer su trascendencia histórica hasta la lectura de esta novela, pese a la relación de este con el mundo del cine y la producción cinematográfica de los años cuarenta.
Guerra fue contundente al señalar que sin Bernhardt, «la tropas sublevadas no hubiesen pasado de la península». El empresario alemán fue crucial en la cesión de los aviones de transporte alemanes Junker que resultaron decisivos para el traslado de las tropas desde África.
Pero su influencia no se limitó al apoyo logístico inicial: Bernhardt estableció un puente fundamental entre los sublevados y el régimen nazi.
Según relató Guerra, reproduciendo lo que Cazorla cuenta en su libro, Bernhardt viajó a Berlín portando una carta de Franco con la que consiguió una entrevista con Adolf Hitler, gracias a la mediación de su lugarteniente Rudolf Hess.
Este encuentro tuvo lugar durante el festival anual de música wagneriana. Fue tras la representación de Sigfrido, en Bayreuth, en una escena que la novela describe con «gran intensidad», que duró varias horas, en la que se esgrimió el argumento del peligro comunista para conseguir el apoyo alemán.
Adolf Hitler finalmente dio la orden de apoyar a los militares sublevados españoles. Tan convencido estuvo que ordenó doblar el número de aviones de transporte Junker de 10 a 20 y de material bélico.
La creación de una red empresarial y propagandística
Como resultado de estas gestiones, el 31 de julio de 1936 se creó la Compañía Hispano-marroquí de Transporte (HISMA), cuyo principal accionista era la Alemania nazi. Esta empresa se convirtió en la base de un entramado industrial y comercial que, entre otras actividades, dio lugar a Cifesa Films, productora que llegaría a realizar diez películas, algunas dirigidas por republicanos represaliados que habían pasado por la cárcel.
Guerra subrayó además el papel inverso que Bernhardt jugó posteriormente, ayudando a Alemania a obtener materiales estratégicos españoles como el wolframio, fundamental para blindar los carros de combate nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Contexto histórico y personal del autor
El exvicepresidente contextualizó la novela en el escenario del protectorado español en Marruecos, recordando la vida provinciana de ciudades como Larache, con sus casinos, librerías, imprentas y bares, donde convivían tres comunidades: la española, la judía y la marroquí. Un territorio que describió como «un paraíso perdido».
Cazorla, según explicó Guerra, elaboró la novela tras encontrarse con unos papeles en Madrid que despertaron su curiosidad. El autor realizó un exhaustivo trabajo de documentación basado en los libros del historiador Ángel Viñas, entrevistas con personas que conocieron los hechos o sus referencias —como Miguel Fajardo, nieto del alcalde de Las Palmas durante el momento del asesinato del general Balmes, que permitió a Franco desplazarse de Tenerife a Las Palmas— y visitas a los escenarios reales de la trama.
Una obra entre la historia y la literatura
Juan Francisco Fuentes, académico de la Historia e historiador de la Universidad Complutense, reflexionó durante el acto sobre el complejo equilibrio entre novela e historia. Citó a Ortega para recordar que «la historia no es recuerdos, sino una construcción intelectual del pasado» y que «cualquier historia es siempre historia contemporánea».
Fuentes situó la obra de Cazorla junto a otras novelas con gran estilo literario capaces de despertar «pasión y rigor crítico». Destacó que el autor tiene la deferencia de incluir en la novela una aclaración que sirve de guía al lector, distinguiendo entre personajes históricos y de ficción, una ayuda «extraordinaria» que no suelen ofrecer los autores de novela histórica.
La estructura narrativa de «Tetuán y Larache 1936» se articula en torno a una familia de comerciantes del protectorado. El protagonista es un republicano y exmasón cuya familia posee influencia entre las cabilas marroquíes.
La relación de su sobrino con una joven francesa en una casa de lenocinio sirve para explorar el clima nocturno de una ciudad africana donde las autoridades militares esperaban impacientes la orden de sublevación desde la península.
La novela teje un «triángulo de intereses y contactos» entre esta familia de comerciantes, el teniente coronel golpista, Juan Luis Beigbeder, que intenta reclutar a los marroquíes para participar en una supuesta yihad contra los «infieles», y el empresario alemán Bernhardt con sus contactos en Berlín.
Una trama que Guerra describió como «absolutamente imprescindible» para comprender el triunfo de los sublevados.
El estilo cinematográfico y el crescendo narrativo
Alfonso Guerra elogió especialmente el estilo de Cazorla, que comienza con un tono tranquilo pero va aumentando la tensión hasta alcanzar «pasajes cercanos a la forma cinematográfica». Señaló que a partir de ciertos momentos clave, como las gestiones de Bernhardt en Berlín, «la novela se dispara como un thriller».
El exvicepresidente destacó que el autor conoce bien la realidad sobre la que escribe y no omite detalles significativos, como el hecho de que Franco, en el manifiesto de sublevación que escribió en Las Palmas de Gran Canaria, terminara su alegato pidiendo hacer realidad en España «la trilogía Fraternidad, Libertad e Igualdad» de la Revolución Francesa.
Un detalle que Guerra interpretó como «un claro signo de cobardía, de nadar y guardar la ropa por si las cosas no acaban bien».
Guerra concluyó su intervención felicitando sinceramente a Cazorla por una obra cuyo «interés literario e histórico no decae en ningún momento», sino que mantiene «una línea in crescendo hasta su final».
Más allá de la calidad literaria, el exvicepresidente subrayó la importancia pedagógica de novelas como esta, que ayudan a comprender episodios fundamentales de nuestra historia reciente.
La presentación puso de manifiesto cómo la literatura puede servir de vehículo para rescatar del olvido figuras y episodios determinantes, como el papel de Johannes Bernhardt, cuya intervención resultó decisiva en los primeros compases de la Guerra Civil española y cuyas consecuencias se extendieron mucho más allá, conectando el conflicto español con la maquinaria bélica del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.
El todo Madrid judicial y jurídico, presente
El patio de butacas estuvo repleto de casas muy conocidas. Enrique Arnaldo y María Luisa Segoviano, magistrados del Tribunal Constitucional, Dimitri Berberoff, vicerpresidente del Tribunal Supremo, Manuel Marchena y Julián García Melgar, magistrados de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, José Manuel Bandrés, de la Sala de lo Contencioso-Administrativo, y Jacobo Barja de Quiroga, presidente de la Sala de lo Militar del Alto Tribunal.
También David Vilas Álvarez, abogado general del Estado, los expresidentes del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, Juan José González Rivas y Pedro González-Trevijano, la exvicepresidenta del TC, Encarnación Roca, el exmagistrado del TC, Manuel Aragón, la exfiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, el consejero de Estado y exministro de Justicia, Fernando Ledesma, el exministro de Educación, Cultura y Deporte de España y exportavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, el decano emérito del Colegio de la Abogacía de Madrid, Luis Martí Mingarro, los abogados Bernardo Cremades y Luis de Carlos y el anterior presidente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, Manuel Pizarro, entre otros.