Los departamentos jurídicos han dejado de ser la oficina del fondo del pasillo. Más de 150 profesionales reunidos en Barcelona los días 9 y 10 de octubre —en el marco del II Encuentro de Abogacía de Empresa organizado por los colegios de abogados de Barcelona (ICAB) y Madrid (ICAM)— coincidieron en un diagnóstico: el abogado de empresa ya no es un freno burocrático, sino un motor estratégico.
La transformación es visible en los números y en el discurso. Según datos del ICAM, el 16% de sus colegiados trabajan ‘in-house’, concentrados mayoritariamente en Madrid y Barcelona.
Pero más revelador que la cifra es el cambio de enfoque: «El cumplimiento legal ya no es una mera obligación, sino una fuente de ventaja competitiva», resumió Joan Romero, director ejecutivo de ACCIÓ.
Del soporte legal a la sala de juntas
Cristina Vallejo y Eugenio Ribón, decanos del ICAB y el ICAM respectivamente, utilizaron el encuentro para reivindicar el papel de estos profesionales en la gobernanza corporativa. Vallejo insistió en dos aspectos que considera irrenunciables: la defensa del secreto profesional y la seguridad jurídica que aporta la función legal interna.
Ribón fue más allá al señalar tres pilares: la abogacía ‘in-house’ como «palanca de negocio», la eficiencia tecnológica como prioridad, y la necesaria protección del secreto profesional también en el ámbito corporativo.
El mensaje caló. En la última mesa redonda, directivos como Núria Cabutí, Laura García Calle, Álex Gazulla y Pedro Regojo coincidieron en una conclusión: los abogados de empresa deben estar en los comités de dirección.
No como invitados ocasionales, sino como miembros permanentes capaces de anticipar riesgos y diseñar estrategia.
Entre la regulación y la innovación
El encuentro combinó análisis regulatorio —con intervenciones de Lorenzo Cotino, presidente de la Agencia Española de Protección de Datos y Ángel García Castillejo, vicepresidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia— y casos prácticos de innovación jurídica.
La magistrada Laia Aubareda y el abogado Jordi Gras hicieron balance de la Ley de Eficiencia Procesal, mientras Íñigo Cisneros desgranó el nuevo marco europeo de sostenibilidad y ‘reporting’.
Hubo también espacio para la inteligencia artificial: una competición por equipos sobre su aplicación real en la gestión legal corporativa mostró que la tecnología ya no es futuro, es presente.
Y el debate sobre captación de talento —con Javier Moreno Meyerhoff y Natalia Bódalo— dejó claro que atraer y retener buenos profesionales se ha convertido en prioridad estratégica.
Robert C. Bird, profesor de la Universidad de Connecticut y referente en gestión del conocimiento jurídico, abrió el encuentro con una ponencia magistral que puso el acento en lo esencial: el conocimiento legal puede ser una ventaja competitiva decisiva si se gestiona correctamente.
El compromiso institucional
Maria Eugènia Gay, segunda teniente de alcaldía de Barcelona y decana emérita del ICAB, y Cristina Crespo, diputada de la Comisión de Abogados de Empresa del ICAB, clausuraron la cita reafirmando el apoyo institucional a este colectivo.
Un respaldo necesario para un sector que ha pasado de la trastienda a la primera línea empresarial en menos de una década.
La conclusión del encuentro la expresó con claridad Valentí Pich, presidente de la Comisión Legal de la CEOE: «El abogado de empresa es determinante en la contratación de servicios externos y debe estar cerca de los órganos de dirección». Cerca, pero también dentro.