Escribo estas líneas para conjurar cualquier posible olvido, porque no puedo creer que Antonio ya no esté, para recordar a las nuevas generaciones de fiscales la excelencia que les precede y mostrarles el mérito de quien construyó el camino por el que circulan.
No se ha ido cualquier compañero, se ha ido un fiscal brillante, un pionero y un orgullo para una carrera que necesita el ejemplo de esa excelencia para superar cualquier peligro de mediocridad.
Antonio Vercher, era Fiscal de Sala de Medioambiente desde 2006, lo era por vocación y dedicación e innovación; no fue nombrado por ser el seleccionado de una lista de peticionarios para una plaza vacante, sino porque fue el pionero y el mejor.
Fue él quien puso esta materia como objeto de especial atención en la Fiscalía, después de convertirla en el centro de su atención y estudio. Primero como Fiscal de la Secretaría Técnica y después como Fiscal del Tribunal Supremo.
Antonio fue, no solo el primero y el único Fiscal de Sala de medioambiente desde 2006 hasta su jubilación en septiembre de 2025, fue el creador de esta especialidad.
Recuerdo bien cuando el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido nos encargó la redacción de la propuesta de lo que fue disposición adicional de la Ley 10/2006, de 28 de abril, que modificó la Ley 43/2003 de Montes y modificó el artículo 18.1 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal para crear las secciones de medioambiente y el 18 quinquies para crear el fiscal de sala delegado contra los delitos relativos a la ordenación del territorio y la protección del patrimonio histórico, del medio ambiente e incendios forestales.
No era menor la responsabilidad que supuso enfrentarse a esta criminalidad novedosa y exigir las acciones necesarias para evitar o reparar los daños causados a este bien común al que tanto cuidó y mejoró.
Conozco su ahínco e insistencia, no siempre bien aceptada, por investigar algunos temas delicados y las dificultades que tuvo para perseguir algunas conductas especialmente cuando se trataba de actuar contra las Administraciones Publicas.
Un legado que los fiscales más jóvenes deben conocer
No trato de hacer un resumen de sus casos y su actividad en la Fiscalía de medioambiente, que es de sobra conocida pero es de justicia tratar de homenajear y dar a conocer a los fiscales más jóvenes a este fiscal único que elevó el nivel de formación y excelencia toda nuestra carrera.
No sé cuántos fiscales habrá que tengan un Máster en Derecho por la Universidad de Harvard, que sean doctores por la Universidad de Cambridge y que hablen perfectamente francés e inglés.
Por lo que yo conozco, ninguno más que Antonio, con el mérito añadido de hacerlo sin Erasmus y cuando no había las oportunidades de acceso a estudios internacionales de los que ahora se dispone.
No puedo dejar de incluir lo personal desde el profundo cariño a un compañero que se convirtió en cómplice y amigo.
«Si hoy la Fiscalía de medioambiente es lo que, es porque se hizo a hombros de un gigante que se nos fue demasiado pronto, de un cómplice al que debo tanto y tanto echo, ya, de menos».
Lo conocí en 1994 cuando él inauguraba, como fiscal de la Secretaria Técnica, un curso de formación y en una pausa me animó a no dejar de mejorar conocimientos y aprovechar la juventud para realizar actividades internacionales.
Porque fue también adelantado en esa actividad internacional y nunca dejó de participar en actividades de cooperación. Fue líder y participante de varios proyectos de la Unión Europea que tuve el placer de compartir y si la muerte no se hubiera adelantado de esta forma tan cruel, Antonio estaría estos días en Serbia en una nueva actividad internacional.
Fue ejemplo para todos, cuando Cándido Conde-Pumpido me encargó la responsabilidad de organizar la Unidad de Cooperación Internacional me dirigió a hacer lo que hizo Antonio con su unidad de medioambiente, claramente multidisciplinar construida abriendo la Fiscalía a otros funcionarios públicos, saliendo más allá del ámbito de la Administración de Justicia para relacionarse y aprender de todas las administraciones y modernizar una fiscalía hasta entonces endogámica y demasiado centrada en sí misma.
Antonio ha sido reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras y fue miembro y después Presidente, elegido por sus miembros, del Consejo Consultivo de Fiscales (CCPE) del Consejo de Europa, redactor de muchas de sus útiles “opinions” y , por si todo esto no llegó suficiente y con todo su peso a todos los Fiscales de España, lo dejo aquí para que lo conozcan y lo recuerden.
No puedo dejar de mencionar, desde mi alergia asociativa, la pertenencia de Antonio a la UPF, a la que se asoció desde su creación y de la que no quiso darse de baja pese a que fue crítico en la última etapa, preocupado por los problemas de la Fiscalía General, dejó de participar en las actividades asociativas, pero seguía creyendo en los principios que teóricamente la definen y que marcaron un camino.
No sé cómo terminar porque no querría que se hubiera terminado y para que no termine del todo, para hacer algo que lo mantenga aquí escribo esto.
Espero que una carrera como la suya sea inspiradora para los que empiezan y que no se olvide quien hizo este camino. Si hoy la Fiscalía de medioambiente es lo que, es porque se hizo a hombros de un gigante que se nos fue demasiado pronto, de un cómplice al que debo tanto y tanto echo, ya, de menos.