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Los distintos sistemas electorales

Imagen de una urna en una elecciones recientes en España.
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Una de las cuestiones capitales en toda democracia es que el Parlamento refleje fielmente la voluntad del cuerpo electoral, o sea, que el sistema electoral sea fidedigno. Podemos hablar de varios sistemas pero, en su base, siempre hay dos: proporcional o mayoritario.

El mayoritario, que suele ir acompañado de circunscripciones pequeñas en que se elige un diputado, es el que se usa en Gran Bretaña. El diputado y sus electores tienen una relación directa, pero suele suceder que el partido que gana arrambla con muchos escaños, el segundo queda a gran distancia y al tercero casi ni se le ve. Y, todo ello a pesar de obtener muchos votos a nivel nacional. Es lo mismo que en nuestro Senado, donde el partido ganador, PP, en base al sistema mayoritario (corregido en un cuarto) tiene mayoría absoluta, no así en el Congreso, para cuya elección se usa el sistema proporcional.

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Los sistemas proporcionales suelen ir acompañados de circunscripciones más grandes (la provincia en nuestro caso) y de listas (cerradas o abiertas) de candidatos. En algunos países, como en Francia o Perú, se implementa una segunda vuelta, y, a veces, el candidato ganador en la primera, Marine le Pen o Keiko Fujimori, no gana en la segunda o definitiva. Eso ¿es bueno?, ¿malo? No sé. Sucede que en la elección de alcalde en España algunos se quejan porque, a veces, al ganador de las elecciones directas le falta un concejal para ser alcalde y todos se unen contra él en la elección de alcalde por los concejales, lo que se llama un pacto de perdedores.

En España se ha usado siempre el sistema proporcional, incluso a nivel autonómico y local. A nivel nacional (salvo en las europeas en que la circunscripción es la nación) y autonómico se usa la provincia como circunscripción electoral, tal y como la define la Constitución.

En algún otro país (Grecia) se usa el sistema proporcional pero se da de premio al ganador un grupo de escaños para que no haya mayorías frágiles.

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Luego, en las democracias consolidadas, hay muchas variables además de procurar que se recoja el sentido de todos los votos.

Hace poco en nuestro país, se ha iniciado una campaña por Ciudadanos y Podemos para cambiar la Ley electoral de 1985.

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El gran argumento es que la Ley facilita que los partidos nacionalistas tengan grupo parlamentario, por la  alta representación de provincias poco pobladas frente a las muy pobladas. Proponen bajar el número obligatorio (sea cual sea su población) de 3 a 1  y repartir el resto en base a población. Proponen que la circunscripción electoral se la Comunidad Autónoma en vez de la provincia.

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El primer argumento es falaz, consiste en extender a todos las polémicas y disputas habidas con los nacionalismos más fuertes (vasco y catalán) sin más, y supone una  ignorancia absoluta.

Sucede que, por ejemplo, Zaragoza, ciudad y provincia de una población que supone unos 700.000 habitantes, se encuentra con Teruel, que, con su provincia, suponen menos de 150.000 y Huesca, que, con su provincia, tiene menos de 200.000, pues bien, Zaragoza elige 7 diputados al Congreso y Huesca y Teruel 3 cada una, pero a Cortes de Aragón (ley de 1987) elige la mitad de los diputados, la otra mitad la suman Huesca y Teruel juntas, Siendo que son la mitad de población que Zaragoza, y aquí nadie es sospechoso de querer independizarse de España.

En las elecciones al Parlamento vasco cada territorio elige 25 diputados, todos iguales, incluso Álava que es la menos poblada y la menos nacionalista.

Puede decirse, a la contra, que en las provincias pequeñas el sistema es en la práctica mayoritario, saca siempre 2 el partido ganador de las elecciones a nivel nacional y 1 el segundo.

Ello no es cierto porque en Huesca, en estas elecciones y las pasadas, el resultado fue 1 PP 1 PSOE y 1 Podemos.

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De haberse elegido sólo 1 diputado el sistema hubiera sido mayoritario puro.

Con este sistema, que algunos pretenden reformar, se da voz a las zonas más despobladas y deprimidas y se obliga a que los partidos no sólo se centren en las grandes poblaciones.

Obviamente, las necesidades no son las mismas en el paseo de la Castellana que en un pueblo de Teruel, pero todas hay que satisfacerlas.

Probablemente viva más gente en un edificio de la Castellana que en más de algún pueblo de Teruel, y es seguro que en la Castellana los problemas básicos de vida están mejor cubiertos que en muchos pueblos de Teruel.

No creo que todo esto se solvente con una reducción de su representación política, y un correlativo decremento en su peso e importancia políticas.

Me parece que la situación en Cataluña ha puesto a alguno de los nervios.

Quizá que Lérida esté sobrerepresentada en el Parlament obedece a varios criterios y no a que sea una provincia nacionalista, De hecho, a diferencia de Gerona, lo es desde hace muy poco tiempo.

No nos precipitemos, es un tema muy complejo, no apto para soluciones simples. De hecho las listas abiertas y la circunscripción autonómica a mi me convencen de principio, el resto no.