El ex nuncio de EE.UU acusa al Papa de callar los abusos sexuales de la Iglesia

El ex nuncio de EE.UU acusa al Papa de callar los abusos sexuales de la Iglesia

Fue el pasado mes de junio cuando McCarrrick, de 88 años, fue apartado del colegio cardenalicio

30 / 08 / 2018 06:15

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«Si queremos sacar de verdad a la Iglesia de la fétida ciénaga en la que ha caído, tenemos que tener la valentía de derribar esta cultura de omertà y confesar públicamente las verdades que hemos mantenido ocultas».

Es el inicio de una carta de 11 folios escrita por Carlos María Viganò, arzobispo italiano y ex nuncio de EE.UU de 2011 a 2016 que nada tiene de políticamente correcta y que vuelve a poner en entredicho la gestión de la Santa Sede en los abusos a menores y el ‘lobby gay’ para ocultar estos delitos.

El arzobispo dice que, desde sus diferentes responsabilidades en la jerarquía de la Iglesia, tuvo conocimiento de «esas verdades relacionadas con el tristísimo caso del arzobispo emérito de Washington Theodore McCarrick«.

Es ahora, a sus 77 años, y por una cuestión de conciencia cuando las revela porque «la corrupción ha llegado a los vértices» de la Institución eclesiástica.

«Siempre he creído y esperado que la jerarquía de la Iglesia pudiera encontrar en sí misma los recursos espirituales y la fuerza para sacar a la luz la verdad, para enmendarse y renovarse», dice, al tiempo que quiere dejar fuera de toda sospecha a Gabriel Montalvo y Pietro Sambi, ambos nuncios también en EE.UU y fallecidos recientemente, que «informaron inmediatamente a la Santa Sede» en cuanto tuvieron conocimiento de los comportamientos «gravemente inmorales del arzobispo McCarrick con seminaristas y sacerdotes».

Viganò cuenta que desde que se remitieron esas comunicaciones en el año 2000, era un secreto a voces en el seminario de Newark que el arzobispo «compartía su cama con seminaristas e invitaba a cinco cada vez para que pasaran con él el fin de semana en su casa de la playa».

Desde que Montalvo y Sambi remitieron esas comunicaciones al cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado durante el Papado de Juan Pablo II, «no tuve conocimiento de que la Santa Sede hubiera tomado medida alguna», afirma.

Ya en 2006 con Benedicto XVI, Viganò redactó una nota al entonces secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, señalando que los hechos atribuidos a McCarrick por el sacerdote Littleton de la diócesis de Charlotte eran «tan graves y abominables que provocaban en el lector desconcierto, repugnancia, profunda pena y amargura».

Estos hechos, detalla el ex nunicio, configuraban crímenes de captación; incitación a actos obscenos de seminaristas y sacerdotes, repetidos y simultáneos con más personas; escarnio de un joven seminarista
que se resistió a las seducciones del arzobispo en presencia de otros dos sacerdotes; absolución del cómplice en los actos obscenos; y celebración sacrílega de la Eucaristía con los mismos sacerdotes tras haber cometido dichos actos.

Viganò propuso que se tomara una medida ejemplar que pudiera tener una «función medicinal, para prevenir futuros abusos de víctimas inocentes y aplacar el gravísimo escándalo que suponía para los fieles, que a pesar de todo seguían amando y creyendo en la Iglesia». Recomendaba, además, que «sería saludable que, por una vez, la autoridad eclesial interviniera antes que la civil».

Sin embargo, se lamenta de que sus superiores conservaron esa nota, «que nunca me devolvieron con una eventual decisión en mérito».

Con una «increíble» demora provocada, según considera Viganò, por el entonces primer colaborador del Papa, el cardenal Tarcisio Bertone, «notoriamente favorable a la promoción de homosexuales a puestos de responsabilidad y que solía gestionar la información que consideraba oportuno hacer llegar a Benedicto XVI, se le impusieron al cardenal McCarrick sanciones similares a las impuestas en junio pasado por el Papa Francisco: el cardenal tenía que irse del seminario en el que vivía, se le prohibía celebrar en público, participar en reuniones púbicas, dar conferencias, viajar, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y penitencia.

Viganò acusa a estos y otros miembros de la Curia de formar un «lobby gay», incluido al cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado, que protegió a McCarrick» y explica que ya en 2013 el propio Papa Francisco le preguntó: «¿Cómo es el cardenal?», y que el nuncio le informó de que «corrompió a generaciones de seminaristas y sacerdotes y el papa Benedicto XVI le ordenó retirarse a una vida de oración y penitencia».

Le informó también de que había un informe de todo ello en la Congregación para los obispos.

Sin embargo, «Francisco hizo de él su fiel consejero junto con el cardenal hondureño Maradiaga«. Y «solo cuando ha sido obligado por la denuncia de un menor, y siempre en función del aplauso de los medios de comunicación, ha tomado medidas para, así, salvaguardar su imagen mediática», acusa el ex embajador.

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