La magistrada Victoria Rosell, ahora primera candidata de Unidas Podemos por Las Palmas, tiene «incontinencia tuitera». Es un hecho científico contrastado.
Desde que se unió a Twitter, en junio de 2015, hasta la fecha, ha publicado 8.648 tuits, que son tuits propios y retuits de otros, seamos justos.
Desde esa fecha hasta ahora, así a ojo de buen cubero, han pasado 1.485 días. Si dividimos esos 8.648 tuits y retuits por 1.485 días nos da 5,8 tuits al día. Pongamos 6 para redondear.
Lo cuenta todo. O casi.
Su compañero sentimental, Carlos Sosa, por su parte, también es muy activo en Twitter. Lo cuenta, igualmente, todo. O casi.
Desde noviembre de 2008, cuando abrió su cuenta de Twitter, hasta ahora, en estos 3.515 días, Sosa ha publicado 28.500 tuits y retuits. Es decir, a razón de 8,1 tuits diarios.
Sin embargo, Victoria Rosell y Carlos Sosa no lo cuentan todo.
No señor.
Se guardan cosas. Como la comida que el pasado lunes, 1 de abril, tuvieron en el restaurante Embarcadero, que se encuentra en el Muelle Deportivo del Club Marítimo Varadero de Las Palmas de Gran Canaria, con María José Segarra, la fiscal general del Estado, Luis del Río, nuevo fiscal superior de Canarias y la vocal del Consejo Fiscal por la Unión Progresista de Fiscales, Inés Herreros.
Una comida convocada por Del Río en la que, además de los mencionados, estuvo solo su círculo íntimo de amistades y familia, como lo prueba el que no fueron invitadas ninguna de las fiscales jefes de las Fiscalías Provinciales de Las Palmas y Tenerife y, ni mucho menos, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Antonio Doreste, que había estado presente en el acto solemne que poco antes había tenido lugar en el edificio del órgano judicial.
Sólo los íntimos.
Esto tuvo lugar después, precisamente, de esa toma de posesión de Del Río, acto que fue presidido por Segarra.
¿Y por qué ni Victoria Rosell ni Carlos Sosa han contado en sus respectivas cuentas de Twitter que comieron con esas tres personas?
Eso es lo que estábamos esperando todos los que sus seguidores, sus «followers», como nos describen los modernos de hoy en día.
Transparencia, claridad, puertas abiertas. Es lo que se esperábamos.
Si era una comida de amigos, pues como mínimo una foto de todos juntos.
SILENCIO
Pero el silencio contamina el sentido del encuentro.
Máxime cuando el día anterior, ya en su guisa de candidata, Rosell hizo unas declaraciones en Onda Cero alabando a la fiscal anticorrupción en el «Caso Grúas», María Farnés, que tiene contra las cuerdas al actual presidente del gobierno canario, Fernando Clavijo Batlle, de Coalición Canaria.
Un caso en el que Nueva Canarias (la marca de Podemos en Tenerife) es nada menos que la denunciante.
La nueva fiscal de este asunto, que comenzó a investigarse en 2014, y que se remonta a un tiempo en el que Clavijo Batlle era el alcalde de Tenerife, ve cuatro supuestos delitos: prevaricación, malversación, tráfico de influencias y posible falsedad documental. Sus anteriores compañeros no apreciaron delito alguno.
Por lógica, el presidente canario no asistió a la toma de posesión de su jefe, Luis Del Río.
Estaba «un poco molesto». Se fue a Galicia a reunirse con su homónimo, Alberto Núñez Feijoo.
Clavijo Batlle, además, no se ha recatado en los últimos tiempos en arremeter contra el Ministerio Público, precisamente por el cambio de sentido de la Fiscalía en su caso.
Por lo que respecta a Rosell, todavía está pendiente la celebración del juicio contra su compañero, Salvador Alba, en el que ella aparece como «víctima» en un asunto que tiene profundos claroscuros, en los que aparece de fondo el empresario Miguel Ángel Ramírez -con el que Sosa tuvo intereses comunes y mantuvo negocios-, perseguido ahora por la Fiscalía Anticorrupción y la propia Justicia y cuyo juicio se sabe cómo empezará pero no cómo acabará.
En este, el segundo, la misma formación política, Unidas Podemos (antes Podemos) aparece como acusación popular.
En ambos asuntos, la dirección letrada es de la misma persona: la abogada Sandra Rodríguez Vázquez.
¿De qué hablaron en la comida? ¿Qué se dijeron? ¿Hablaron sobre estos casos? ¿Salió a colación lo que está ocurriendo con Ramírez? ¿Le dio algún consejo específico Rosell a Del Río?
¿Por qué nadie, ni Rosell, ni Sosa, ni Segarra, ni Del Río, ni Herreros, han contado nada?
Hay un viejo dicho que dice que «la mujer del César además de honrada tiene que parecerlo».
Y esto es aplicable también a la fiscal general del Estado, al fiscal jefe de Canarias y a la vocal del Consejo Fiscal.
Porque una comida como esta, de cuyo contenido se desconoce todo, con la candidata de Unidas Podemos en Las Palmas, partido que tiene intereses evidentes de parte, por obtener sentencias favorables en ambos casos, lo único que provoca son dudas.
Profundas dudas que no hacen ningún bien a una institución como la Fiscalía, cuya reputación de independencia debería cuidarse como oro en paño.
La idea de esta comida no ha sido buena, hay que decirlo alto y claro.
Nada buena.