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Cartas desde Londres: El caso ‘Berezovsky v Abramovich’, el mayor choque entre oligarcas rusos ante los tribunales ingleses (II)

Cartas desde Londres: El caso ‘Berezovsky v Abramovich’, el mayor choque entre oligarcas rusos ante los tribunales ingleses (II)
Roman Abramovich y Boris Berezovsky se enfrentaron en los tribunales británicos. Josep Gálvez cuenta, en esta segunda entrega, el comienzo de la batalla en aguas judiciales.
15/3/2022 06:48
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Actualizado: 14/3/2022 22:02
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En ‘Trial by Battle’ (‘Juicio en Batalla’), el primer volumen de su monumental obra sobre la Guerra de los Cien Años publicado en 1990, Jonathan Sumption advertía sobre la necesidad de Eduardo III de armar marítimamente a Inglaterra frente a sus adversarios en el continente:

“[…] en una época en la que otras potencias europeas occidentales, no sólo las ciudades marítimas italianas, sino también Aragón, Castilla y Francia, estaban creando grandes flotas de guerra permanentes con barcos construidos y equipados por el Estado, los reyes de Inglaterra apenas poseían una ‘Royal Navy’.

«Los esfuerzos ingleses habían dependido durante muchos años de la improvisación y de la suerte. Los mejores barcos de combate, y los únicos buques de combate construidos expresamente en el siglo XIV, eran las galeras y otros grandes barcos de remos.

«La galera mediterránea, es cierto, tenía algunas desventajas en aguas del norte. Pero para las operaciones ofensivas era perfecta.

«Era el único barco completamente maniobrable, capaz de alcanzar velocidades máximas muy elevadas, capaz de moverse con independencia de la fuerza y la dirección del viento y de retirarse rápidamente de cualquier combate en condiciones desfavorables.

«Su enorme dotación (los remeros hacían las veces de soldados) la hacía extremadamente eficaz para emprender incursiones contra ciudades y pueblos indefensosde la costa inglesa”. (‘Trial by Battle, the Hundred Year War 1. The failure of Diplomacy: the threat at sea’, página 173).

Como se imaginarán, no fue ninguna casualidad que Roman Abramovich eligiera a Sumption para defenderle de la reclamación multimillonaria de Boris Berezovsky.

Sí, escogió a un ‘barrister’ bragado en mil batallas judiciales y capaz de enfrentarse a alguien de la talla de Laurence Rabinowitz, sin duda. Pero sobre todo un ‘QC’ con un perfil muy particular, ya entonces considerado como ‘el hombre más inteligente de la Gran Bretaña’.

Dos ‘advocates’ excepcionales para una batalla entre dos de las mayores fortunas del mundo.

Y no estaban solos. Por ejemplo, en el grupo de Sumption se encontraba además Karyl Nairn QC, la jefa de arbitraje de arbitraje de Skadden, una de las tres únicas ‘solicitors’ que han obtenido la distinción de ‘Queen Counsel’. Ojito.

Pero antes, veamos cómo se llegó a notificar la demanda a Roman Abramovich, lo que no fue fácil, precisamente.

UNA LUJOSA NOTIFICACIÓN DE LA DEMANDA

Al parecer, la notificación de la demanda de Berezovsky a Abramovich tuvo mucho de película de gánsteres americana más que de fría citación judicial al uso.

Según cuentan, Berezovsky había intentado notificar la demanda contra Abramovich a través de los cauces habituales durante cerca de seis meses, sin haberlo conseguido ya que su otrora amigo se escaqueaba con gran habilidad.

De hecho, se decía que Abramovich había aumentado recientemente su personal de seguridad hasta tener un ejército privado de 40 forzudos, lo que le convertían en uno de los magnates mejor protegidos e inexpugnables del momento.

Pero no se crean que Berezovsky iba a pelo por la calle. Bien al contrario, su cuerpo de seguridad estaba formado por antiguos miembros de la Legión Francesa, lo que seguro añadía un aire muy parisino a su particular destierro londinense.

En cualquier caso, un día quiso la casualidad que, mientras Berezovsky estaba de compras por muy exclusiva calle Sloane de Londres -concretamente en la tienda de Dolce & Gabbana– vio a su viejo amigo Abramovich un poco más abajo, entrando en la tienda de Hermès.

Como llevaba la demanda en su limusina Maybach, le ordenó rápidamente a uno de sus escoltas que le trajera la reclamación para aprovechar y entregársela en ese momento.

Pero cuando Berezovsky -y su séquito- intentó entrar en Hermès, fue bloqueado por los guardaespaldas de Abramovich, produciéndose una refriega entre los fornidos miembros de seguridad, a los que se sumarían los de la propia tienda.

Imagínense el percal que se montó: gafas de sol volando, pinganillos colganderos y cariñosas exaltaciones de la amistad, algunas seguramente en francés.

A pesar de la situación, Berezovsky pudo zafarse del embrollo humano y entrar en la tienda para entregarle la documentación a un sorprendido Abramovich, quien por cierto tiró los papeles al suelo de la tienda.

Según algunos asombradísimos testigos presentes en la tienda, oyeron a Berezovsky decir:

Tengo un regalo para ti, de mi parte”.

Un guardia de seguridad de la tienda de Christian Dior, cercana a la de Hermès pero algo alejada de Dolce & Gabbana, señaló que, tras el encontronazo y la tensión iniciales, los contendientes se separaron, alejándose en direcciones opuestas y muchos malos humos.

Como se imaginarán, el problema para tener como notificado a Abramovich era precisamente la prueba de dicho acto.

Por este motivo, poco después de marcharse, fueron los ‘solicitors’ de Berezovsky los que se dirigieron a toda prisa a la tienda de Hermès y pidieron la grabación de las cámaras de seguridad como prueba de la entrega de la demanda y resto de documentación de la ‘High Court’ de Londres.

El resultado fue -tomen nota- que Abramovich se consideró como efectivamente notificado.

Así que el juicio fue señalado para el lunes día 3 de octubre de 2011 con una duración asignada por el tribunal de 12 semanas.

Se calcula que, solamente en honorarios de abogados, el primer día superó tranquilamente el millón de libras esterlinas. Y de esto hace más de 10 años.

EL INICIO DEL JUICIO ANTE LA ‘HIGH COURT’

Y llegó el lunes señalado para el inicio del juicio.

La sala del tribunal número 26 del edificio ‘Rolls’ no podía contener a los numerosos abogados, periodistas y curiosos congregados para ver uno de los mayores enfrentamientos judiciales del siglo.  

Para evitar el colapso, el tribunal tuvo que habilitar dos grandes salas adyacentes para que pudieran seguir el juicio a través de pantallas de televisión, que quedaron igualmente abarrotadas por los allí presentes.

Berezovsky y Abramovich llegaron al tribunal con sus respectivos séquitos que incluían a los guardaespaldas, asesores legales y amigos varios.

Los dos se sentaron en los extremos opuestos de la sala del tribunal, con aspecto algo relajado y evitando cruzar sus miradas en todo momento.

Mientras Berezovsky atendía sin asistencia ninguna, Abramovich escuchaba mediante traducción en ruso a través de unos auriculares.

A su hora y, con todos en pie en la sala, hizo su entrada la Jueza, Mrs Justice Gloster DBE.

Tras el tradicional arqueo por todos los presentes, tomó la palabra el abogado de Berezovsy.

Nota para novatos: cuando los ‘barristers’, ‘solicitors’ y los miembros del público se inclinan al inicio de una vista judicial, esto técnicamente se denomina ‘neck bow’ («arqueo del cuello»). Es un breve trámite durante el cual se baja la mirada y se hace una ligera inclinación de la cintura, sin que las lumbares sufran, lo que es muy de agradecer a cierta edad.

Pero ojo, no es ninguna reverencia al juez, sino al Escudo de Armas Real, presente en todas las salas de justicia de Inglaterra y Gales, a excepción del ‘Magistrate’s Court’ de la City, de lo que ya hablaremos otro día.

Volvamos a la sala. Dirigiéndose a la Juez, el ‘QC’ Rabinowitz inició su alegato, relatando que Berezovsky y Abramovich habían trabajado juntos en la entonces URSS para crear la compañía Sibneft en 1995, haciéndose muy buenos amigos.

Pero ¡ay! su cliente había sido traicionado por su compañero tras caer en desgracia con Vladimir Putin, teniendo que exiliarse en Londres:

– Este es un caso sobre dos hombres que trabajaron juntos para adquirir un activo -que es Sibneft- que los haría ricos más allá de lo que nadie podría soñar. En el proceso […] se hicieron y siguieron siendo buenos amigos hasta que […] el Sr. Berezovsky, que había adoptado un perfil político alto en Rusia, entre otros motivos, por su control de ciertos medios de comunicación, cayó en desgracia con los que estaban en el poder en el Kremlin y se vio obligado a dejar su casa y formar una nueva vida en el extranjero.

Ante esta situación -dijo- Abramovich tuvo que elegir “entre seguir siendo leal a Berezovsky o traicionarle y tratar de beneficiarse de sus dificultades”.

Según Rabinowtiz, Abramovich había advertido a su amigo de que sus intereses en Sibneft serían expropiados “por aquellos en el Kremlin dirigidos por el Sr. Putin que le consideraban como un enemigo”.

De ahí que “Berezovsky no tuvo más remedio que vender su parte a precio de saldo”.

Finalmente concluyó señalando la traición que habría sufrido su cliente:

– Es nuestro caso que el Sr. Abramovich en ese momento demostró que era un hombre al que la riqueza y la influencia le importaban más que la propia amistad y la lealtad y esto le ha llevado, finalmente, a llegar incluso a negar que él y el Sr. Berezovsky fueran realmente amigos alguna vez.

UNA DURA DEFENSA BASADA DE LA PRESTACIÓN DE SERVICIOS CRIMINALES

Por su parte, la defensa del demandado se basó en negar que Berezovsky hubiera sido nunca su socio comercial sino que, por el contrario, Abramovich era único propietario de Sibneft, posteriormente vendida a otro magnate ruso, Oleg Deripaska.

De tal manera, la intervención de Berezovsky en todo este asunto fue la de ser contratado para que proporcionara la cobertura política dados sus contactos con Boris Yeltsin, elemento crucial para cualquier empresario que quisiera sobrevivir en los anárquicos años 90 en Rusia.

Para ello, en la defensa de Abramovich no se cortaron un pelo y decidieron llamar a las cosas por su nombre.

Por este motivo, alegaron que Berezovsky prestó a Abramovich en Rusia servicios “básicamente de naturaleza criminal mediante el “patrocinio político corrupto” y la protección de “bandas criminales chechenas”, con las que su cliente pudo adquirir la propiedad de Sibneft. Poca broma.

Y con ello acabaron las alegaciones y empezaron los interrogatorios, donde Jonathan Sumption desplegaría todo su arte en el ‘cross-examination’ contra otro cerebro privilegiado, el de Boris Berezovsky.

Pero todo esto lo veremos la semana que viene.

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