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Cartas desde Londres: Algunas normas no escritas sobre protocolo y etiqueta en la abogacía inglesa (I)

Josep Gálvez
Cartas desde Londres: Algunas normas no escritas sobre protocolo y etiqueta en la abogacía inglesa (I)
El columnista, Josep Gálvez, explica en esta columna algunas peculiaridades sobre la vestimenta que llevan los abogados ingleses. La imagen corresponde a la serie "Silk" (seda), de la BBC británica, centrada en la abogacía de ese país.
19/4/2022 06:48
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Actualizado: 18/4/2022 22:45
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Más allá de las normas procesales que se contienen en las diferentes regulaciones como las CPR (‘Civil Procedure Rules’), cuando uno se acerca al ejercicio profesional ante los tribunales de Su Majestad, se da cuenta que hay unas misteriosas reglas de cortesía que todo ‘barrister’ experimentado conoce y que, a su vez, transmite a sus discúpulos de forma oral.

Más que consejos, son auténticas normas de etiqueta que deben seguir los ‘barristers’ siempre y sin excepción ninguna. Y, si bien son propias de una manera muy particular de ejercer la abogacía ante los tribunales ingleses -la ‘advocacy’- también dicen sobre la forma de ser de sus gentes.

Como cuando Sting cantaba aquello de que ‘un gentleman caminará, pero nunca correrá’ (‘A gentleman will walk but never run’), aplicado a los tribunales.

Lo digo porque, para el gusto español,  a primera vista puedan parecer simples excentricidades desfasadas tan propias de la ‘pompa y circunstancia’ inglesa de antaño.

Pero, a poco que le de una vuelta, verá que responden a una forma de entender cómo se hacen las cosas en este país y de su gusto por las reglas de comportamiento en sociedad, por muy raros que nos pueda parecer al otro lado del Canal Inglés.

Como sucede en algunos ámbitos del derecho de Inglaterra, que no cuenta con grandes códigos que todo lo abarcan, nadie sabe exactamente cuántas ni qué  reglas son y, seguramente muchas otras se perdieron con el tiempo.

Pero está claro que su origen procede de la misma vieja tradición que forja el ‘common law’, dotando de sentido y flexibilidad a todo el sistema jurídico inglés de forma única, permitiéndole seguir siendo el más prestigioso del mundo.

Mal que les pese a algunos.

Aunque algunas de las  reglas y máximas que incluiré están claramente en decadencia y, únicamente se siguen por ‘barristers’ de la vieja escuela, otras siguen cumpliéndose a rajatabla, por lo que más vale que las tengan todas en cuenta, por si algún día tienen la suerte de asistir a un juicio ante los tribunales de Su Majestad la Reina, aunque sea para pasar desapercibido.

Por último, verán que el formato se asemeja más a los Diez Mandamientos de Moisés que a grandes desarrollos normativos, dado que la idea es, precisamente, que fueran simples normas de obligado cumplimiento para los jóvenes ‘barristers’, los ‘pupils’, sin que nos haya llegado una explicación sobre el porqué de tal norma o esa prohibición en concreto, aunque algunas se explican por si solas.

En fin, vamos a por ello.

PRIMERA REGLA BÁSICA DE VESTIMENTA: NUNCA LLEVE ZAPATOS MARRONES

Es posible que algunas normas sobre la vestimenta le recuerden al comandante Digby Tatham-Warter, aquél paracaidista inglés de la Segunda Guera Mundial, famoso por detener en 1944 a toda una unidad alemana armado únicamente con su pistola, su inseparable paraguas y un bombín -personaje recreado en la maravillosa ‘Un Puente Muy Lejano’ de 1977.

El comandante Digby Tatham-Warter al que se refiere Josep Gálvez en su columna.

En cualquier caso, la principal norma a seguir es, obviamente, llevar la ropa adecuada a la función ‘barristerial’. Es decir, vestir apropiadamente para la audiencia o para la reunión de que se trate.

Esto supone, en primer lugar, tener en cuenta que, para el ‘barrister’ únicamente existen tres hábitats profesionales posibles: el despacho de su ‘chambers’, ante el tribunal, o en el ‘pub’.

Pues bien, en cualquiera de estos tres ámbitos deberá seguir siempre las reglas correspondientes y que empiezan con la clásica prohibición británica a los zapatos marrones, que supera incluso el estricto código de vestimenta propio de los abogados londinenses.

En efecto, esta norma se encuentra extendida a muchas otras profesiones en Londres, por ejemplo, en el sector financiero y bancario, siendo conocido popularmente en la ‘City’ con la simpática rima ‘no brown in town’; es decir, en la ciudad, nunca lleves zapatos marrones.

LOS ZAPATOS MARRONES SON MOTIVO DE DESCARTE EN PROCESOS DE SELECCIÓN

Es sabido que cualquiera que buscara trabajo en el sector de los seguros, no pasaría de la puerta de Lloyd’s sin un par de zapatos negros (Church’s o Cheaneys a ser posible), por ser un motivo tradicional de descarte, un auténtico detector instantáneo de extranjeros, personas sin criterio o, peor aún, gentes de mal vivir.

El origen de esta prohibición está claramente en la diferente apariencia de aquellos que procedían de las zonas rurales del país, donde el ‘tweed’ y los zapatos marrones son la norma general.

Por el contrario, vaya a donde vaya en Londres, haga siempre como el príncipe Carlos de Inglaterra y lleve zapatos negros siempre, sea usted hombre o mujer o de sexo fluctuante.

Es tanta la importancia de la regla en el ADN británico, que un informe de la Comisión sobre Movilidad Social en 2016 advertía sobre el hecho de que el uso de zapatos marrones era considerado directamente como ‘inaceptable’ en el sectores como la banca de inversión, de tal manera que podría llevar a ser un motivo para ser descartado en procesos de selección.

Los zapatos marrones prohibidos en la abogacía inglesa.

Incluso cada cierto tiempo van apareciendo artículos, como en ‘The Guardian’ al respecto, por ejemplo aquí y aquí, incluyendo opiniones de expertos en moda llamando a cierta relajación en el cumplimiento de esta curiosa regla en el vestir tan inglesa.

De hecho, entre los ‘barristers’ aún persiste aquella vieja broma que dice: ‘los zapatos marrones son propios de ‘solicitor’ (‘brown shoes say ‘solicitor’).

Por tanto, usted verá. Pero yo me pondría zapatos negros.

Avisado queda.

SEGUNDA REGLA: ¡NI TRAJES MARRONES!

Peor aún es conjuntar unos zapatos marrones con un traje también del mismo color ya que la prohibición de los zapatos se extiende también a los trajes, por lo que nunca deberán ser marrones, por ser este un color típicamente asociado a las cacerías y al ‘countryside’, inglés en general.

Por tanto, deben evitarse en todo momento cuando se encuentre en la ciudad de Londres y sobre todo nunca acercase a un tribunal con esa guisa ya que se considera totalmente inapropiado para cualquier abogado.

En fin, seguiremos con muchas otras reglas tan curiosas, como es la prohibición de los ‘barristers’ de darse la mano con otro barrister o aquella por la que nunca pueden dar la espalda al juez, bajo ningún concepto.

Por cierto, volviendo al comandante Digby en la Segunda Guerra Mundial.

Según cuenta la historia, uno de sus colegas llamado Pat le reprochó el uso del paraguas, diciéndole que ‘esa cosa no le serviría para nada en el frente’.

Digby le respondió con la clásica flema británica:

‘Oh, Dios mío, Pat, pero ¿y si llueve? (‘Oh, my goodness Pat, but what if it rains?).

Hasta la semana que viene.

[BSO recomendada para la lectura: Englishman in New York, de Sting].

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