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Cartas desde Londres: Algunas normas no escritas sobre protocolo y etiqueta en la abogacía inglesa (IV)

Josep Gálvez
Cartas desde Londres: Algunas normas no escritas sobre protocolo y etiqueta en la abogacía inglesa (IV)
Josep Gálvez continúa en esta cuarta entrega describiendo las normas no escritas sobre protocolo y etiqueta en la abogacía inglesa; una de ellas es la de que los "barristers", como los de la foto, no se suelen dar la mano.
10/5/2022 06:48
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Actualizado: 09/5/2022 20:57
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Esta semana seguimos con otra de estas aparentemente extrañas reglas de los ‘barristers’ de Inglaterra y Gales, siendo una de las más curiosas aquella que les impide darse la mano, en cualquier circunstancia y especialmente en los tribunales.

Y no tiene que ver con la pandemia, sino con una vieja regla que todos los ‘barristers’ conocen perfectamente, aunque las nuevas generaciones no la practiquen tan asiduamente en la actualidad.

De hecho, si volvemos a la película “Testigo de Cargo”, (‘Witness for the Prosecution’), verán que, en ningún momento los ‘barristers’ se dan la mano ni durante el proceso ni fuera de él.

Ni tan siquiera cuando uno de ellos gana el caso, siendo reconocido por el otro con un saludo de reconocimiento al vencedor del pleito.

El ‘barrister’ de la acusación, Mr Myers, saluda a su contrario.

Si echamos mano de otra película más moderna, por ejemplo ‘Denial’ de 2016, en el que tenemos a un ‘Litigant in person’, es decir, defenderse a sí mismo, el ‘barrister’ opta no no darle la mano dado que técnicamente se trataría del abogado contrario y, por lo tanto, no sería correcto y, mucho menos en los tribunales.

El ‘barrister’ de la defensa, Mr Rampton rechaza darle la mano al contrario.

Pues bien, la cuestión es que según los cánones más tradicionales, los ‘barristers’ no se deben dar la mano bajo ninguna circunstancia, tampoco cuando sean presentados a otro ‘barrister’, lo que puede sorprender a más de uno cuando asiste a tal situación, algo extraña para los profanos.

Lejos de ser entendido como un comportamiento grosero, debemos recordar que es una conducta aceptada en el ‘Bar’ de Inglaterra y Gales responde -como casi todo en esta jurisdicción- a las estrictas convicciones de una profesión que sigue ejerciendo la ‘advocacy’ de la misma manera que hace cientos de años.

¿Pero de dónde sale esta regla tan curiosa?

LOS BARRISTERS NO DEBEN DARSE LA MANO, UNA POLÉMICA TRADICIÓN

Si tienen ocasión de acudir a una audiencia pública en los tribunales londinenses verán que posiblemente los ‘barristers’ siguen evitando darse la mano, aunque también es cierto que algunos profesionales más jóvenes vienen rompiendo con esta vieja práctica y saludan a su contrincante de esta manera.

De hecho, este comportamiento tan de la vieja escuela ha sido objeto de algunas críticas por ejemplo por el fantástico libro “Eve Was Framed: Women and British Justice” de 1992, donde se señala precisamente esta conducta como perteneciente a un determinado modelo conservador del ‘Bar’, propio de hombres blancos, heterosexuales y procedentes de una determinada clase social e incluso de unas concretas universidades.

Su autora, Helena Kennedy, entonces una ‘barrister’ que alcanzó posteriormente el nombramiento como ‘Q.C.’ (‘Queen’s Counsel’) y actualmente miembro de la Cámara de los Lores, dada su condición de Baronesa Kennedy of The Shaws, sacudió los pilares de la tradición judicial inglesa del momento mucho antes del famoso ‘Secret barrister’.

En cualquier caso, el libro ofreció una imagen muy crítica del funcionamiento de los tribunales y, evidentemente, de la profesión de ‘barrister’, asociada a ese arquetipo tan elitista y cuando uno piensa en uno de estos abogados de los tribunales ingleses.

Y precisamente por este motivo, la autora criticaba “esa estúpida negativa a estrechar la mano al ser presentados porque los abogados formamos parte de una fraternidad en la que no se requiere tal formalidad”.

Como se imaginarán, esto no sentó nada bien al ‘establishment’ del ‘Bar’, cuyos miembros se asociaban  a exclusivísimos clubes londinense, como contaba nada menos que Orson Welles en una famosa grabación de 1969, del que solamente nos ha llegado el metraje sin el audio, aunque tenemos la fortuna de contar con el diálogo, descubierto en 2016 en la Biblioteca de la Universidad de Michigan.

En cualquier caso, ya ven ustedes por dónde va el tema de la prohibición de estrechar la mano y su estrecha vinculación a formar parte de una determinada clase social, tan presente en el subconsciente británico, por cierto.

DEBE DIRIGIRSE SIEMPRE AL ‘BARRISTER POR EL APELLIDO’, NO POR EL NOMBRE

Si le preguntan a un ‘barrister’ que cuente ya con algunas canas y le preguntan sobre esta regla, seguro que les confirmará que, durante su juventud se le advirtió por su mentor que los miembros del ‘Bar’ inglés no se deben darse la mano.

El motivo, según algunos, se debía al reducido número de sus miembros, de tal manera que todos los ‘barristers’ se conocían entre sí y que, por tanto, el apretón de manos resultaba totalmente innecesario, un auténtico alivio para los usos y costumbres británicas, poco amantes de arrimarse al personal y mucho menos de morreos sociales en mejillas ajenas.

De hecho, por la misma razón, los ‘barristers’ se dirigen entre sí solamente por el apellido y nunca por el nombre, dado que es la forma protocolaria para referirse a otro miembro del ‘Bar’, evitando caer en una intimidad tal como llamarlo por el nombre de pila, algo impensable.

De ahí que conozcamos popularmente a los ‘barristers’ siempre por el apellido y también a los jueces, dado que tradicionalmente proceden de sus filas, como pasa con los ‘Justices’ de la ‘High Court’, a los que nos referimos como ‘Mr Justice (señor juez) Nicklin’, o ‘Mrs Justice (señora juez) Cockerill’, por ejemplo.

Aunque también es cierto que hay cierta tendencia judicial durante los últimos años consistente en incluir también al nombre de pila en el tratamiento o título que ostente el juez inglés, como pasa en el caso de Mr Justice Christopher Clarke, entre otros.

En cualquier caso, recuérdese que los clásicos de la literatura jurídica, si aparece un ‘barrister’ habitualmente se dirigirán a él por el apellido, como pasa con ‘Rumpole’, ya que su nombre es ‘Horace’ o la serie de televisión del ‘barrister’, “Kavanagh QC”, cuyo nombre de pila era James.

“Kavanagh QC” el famoso ‘barrister’ que marcó a una generación de abogados, interpretado por el inolvidable John Thaw.

Esta tradición, por cierto, no ha seguido en los Estados Unidos, de ahí que, por ejemplo, Perry Mason sea claramente un ‘attorney at law’ norteamericano y no un ‘barrister’, dado que se refieren a él con su nombre y apellido, algo a evitar en la jurisdicción de Inglaterra y Gales.

UNA COSTUMBRE CON ORIGEN ¿MEDIEVAL?

Según otras fuentes, la costumbre de los ‘barristers’ de no estrecharse las manos procedería del Medievo, cuando el apretón de manos era el medio adecuado para demostrar al contrario que uno no iba armado.

De esta manera, cuando el personal estrechaba la mano estaba demostrando que no llevaba  una espada y que, por lo tanto, venía en son de paz.

Aunque, claro está, siempre quedaba la otra mano para clavar al otro la puñalada en la espalda, algo que ha pervivido también hasta nuestros días, dentro y fuera de la abogacía de cualquier país.

La cuestión es que, dado que los orígenes de los ‘barristers’ están vinculados con la nobleza y el estamento caballeresco. Al parecer, sus miembros no necesitaban darse la mano, confiando los unos en los otros, dado que la puñaladas traperas eran cosas propias de cutres y no de altas alcurnias.

Si se dan esos sablazos es que no son ‘barristers’ (¿o tal vez sí?).

En fin, por último y, a mi entender, la más plausible de todas estas posibles explicaciones a esta tradición ‘barristerial’ sería aquella que justificaría que no se estrechen las manos por no dar a entender de ninguna manera que pudiera existir un acuerdo entre los ‘barristers’.

Por aquello de guardar las formas y especialmente cuando el cliente está atento a su ‘barrister’, la regla evitaría levantar las sospechas sobre la lealtad del profesional de los tribunales, sobre todo cuando el caudal, la libertad o incluso la vida del reo pendía de ello.

De ahí que alguien del ‘Bar’, con acierto, advirtiera a sus pupilos que era mejor dejarse de estrechar la mano con el contrario, ya que la mujer del César “no solamente ha de serlo, sino también parecerlo”.

Cosas y manías propias de esta profesión, oigan.

En fin, seguiremos la semana que viene con otra curiosísima regla no escrita según la cual, los ‘barristers’ nunca llevan maleta a las audiencias ante los tribunales.

Lo vemos en la próxima carta; hasta entonces.

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