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Estafadores del amor: El sesgo cognitivo del llamado «Efecto Halo»

Javier Nistal Burón
Estafadores del amor: El sesgo cognitivo del llamado «Efecto Halo»
Javier Nistal explica en su columna lo que es el "Efecto Halo" y cómo afecta a nuestras relaciones con nuestros semejantes; nada es lo que parece.
01/6/2022 06:48
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Actualizado: 01/6/2022 01:15
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Son muchos miles el número de personas que recurren a las aplicaciones de citas de internet, o a los sitios de las redes sociales para encontrar una relación amorosa, pero en lugar de eso, muchas veces, lo que se encuentran es con un estafador, cuyo único interés es el dinero de las posibles víctimas. Quienes practican esta técnica de engaño reciben el nombre de “estafadores del amor”, que no es una modalidad delictiva nueva.

El estafador de los sentimientos amorosos ya está presente en algunos Manuales Criminológicos de los años 50 del pasado siglo, concretamente, en la obra “Tratado de Criminología” del autor Ernst Seelig.

Esta tipología delictiva admite diversos métodos, siendo el más perverso por sus demoledoras consecuencias para las víctimas, el denominado método del “Lover Boy”, que se basa en el falso enamoramiento de mujeres, generalmente muy jóvenes, por hombres apuestos y con ciertas dotes seductoras, que logran sacarlas de su entorno familiar con falsas promesas de un prometedor futuro en común para, posteriormente, explotarlas sexualmente.

Todos estos métodos, que están basados en el “falso romance” tienen como denominador común el sesgo que genera el denominado “Efecto Halo” en las posibles víctimas.

¿QUÉ ES EL “EFECTO HALO”?

Se conoce como el “Efecto Halo”, la tendencia a efectuar una evaluación tendenciosa de otra persona basándose en sus características externas.

Es un fenómeno psicológico que tiene una gran influencia en nuestras relaciones sociales y que ha sido objeto de un amplio y profundo estudio por parte de la psicología social.

Sencillamente, significa que la característica física más dominante de una persona, ya sea positiva o negativa, afecta a la forma en la que se perciben el resto de los atributos de dicha persona, lo que se refleja en el proverbio popular “según te vean así te miran”.

Fue el estadounidense Edward L. Thornidike, prestigioso profesor de psicología, el primero que, en el año 1920, hizo investigaciones empíricas que respaldaban el “Efecto Halo”, como esa tendencia a generalizar un rasgo físico positivo o negativo de una persona y, basándose en ese rasgo, crear una opinión de sobre dicha persona.

El “Efecto Halo” es el causante de que “la primera impresión” sea la que cuenta”.

Son los primeros rasgos físicos que se observan en alguien, los que influyen en la valoración global que se hace sobre él y, además, esas impresiones generan unas expectativas, que nos determinarán una opinión concreta al respecto; lo que, por otra parte, es difícil de evitar, porque el “Efecto Halo” influye, inconscientemente, en las percepciones, lo que condicionará nuestra posterior emisión de juicios, valoraciones y toma de decisiones.

El «Efecto Halo» en Marilyn Monroe. Siendo la misma persona la percepción de cada una de las tres imágenes es distinta.

La variable que más evoca el “Efecto Halo” es, sin duda, el aspecto físico, que es lo que primero que salta a la vista y, que se considera determinante en dicho “Efecto”; hasta tal punto que, a una persona considerada guapa, con buena presencia, elegantemente y apuesta, generalmente, se le asocian toda una serie de rasgos atrayentes y positivos, sin saber si los tiene o carece de ellos.

Tan determinante es el sesgo cognitivo del “Efecto Halo”, que se han hecho experimentos presentando diferentes fotografías a una serie de personas, que no conocían de nada los rostros de esas fotos, para que emitieran un juicio de valor sobre las imágenes, y como resultado se apreció, que las personas que en esas imágenes aparecían como más atractivas eran percibidas como más inteligentes, más felices, incluso de mejor estatus social, laboral y económico, que las personas que en las fotografías aparecían como menos agraciadas físicamente (estudio realizado por Karen Dion y Berscheid en 1972).

EL ALCANCE CRIMINOLÓGICO DEL “EFECTO HALO”

Un experimento semejante, aunque en el campo criminológico, realizó Monahan ya en el año 1941, presentando a un grupo de personas fotografías de criminales reales para que juzgaran si los mismos podían haber cometido algún delito.

Quienes participaron en el estudio encontraban difícil de creer que los criminales más atractivos hubiesen incurrido en actividad delictiva alguna.

Y es que una persona puede ser un delincuente peligroso, pero si es guapo, atractivo y apuesto se tiende a pensar, erróneamente, que es más bondadoso y honesto, que sus colegas menos agraciados físicamente.

Nuestro subconsciente nos lleva a pensar que cuando una persona guapa es acusada de un delito horrendo, ha debido existir un error; no nos acabamos de creer que sea posible que alguien apuesto y agraciado haya podido hacer algo tan abominable –no le pega esa conducta–.

Es por esta razón, que el “Efecto Halo” tiene un importante peso en el campo criminológico, tanto en la facilitación para la comisión de determinados delitos, como en el castigo del delincuente e incluso en el cumplimiento de la condena.

1. EN LA COMISIÓN DEL DELITO

Existe determinada tipología delictiva cuya comisión está basada en el engaño, siendo en esta actividad donde mayor presencia activa tienen aquellas personas que gozan de una buena presencia física.

Estas personas se aprovechan de ese denominado “Efecto Halo” que les otorga su atractivo ante sus posibles víctimas, para engañarlas, particularmente, en cuestiones relacionadas con la seducción y el amor romántico, pero también en otros ámbitos relacionados con el mundo de los negocios, la actividad económica y empresarial.

Y es que la primera impresión que proporciona una apersona atractiva, educada y carismática, conduce a impresiones también positivas sobre otros aspectos de la misma.

Podemos afirmar, que en el tipo de delitos relacionados con la estafa y el engaño el “efecto Halo” es, sin duda, facilitador de esta actividad delictiva porque estas personas son más creíbles ante sus posibles víctimas.

Otro ejemplo del «Efecto Halo». Siendo la misma persona, la imagen del doctor proyecta confianza mientras que la del joven tatuado produce la impresión contraria.

2. EN EL CASTIGO DEL DELINCUENTE

Tanto peso tiene el “Efecto Halo”, que en un estudio llevado a cabo por Efran en 1974, se demostró que las personas más atractivas son sentenciadas a condenas más pequeñas que las personas poco atractivas, incluso cuando habían cometido, exactamente, el mismo delito.

Otro estudio más reciente de la Universidad de Cornell (Nueva York), publicado en 2010, mostró que los criminales feos tienden a recibir condenas más duras, de una media de veintidós meses superiores a las condenas de las personas atractivas, que cometen los mismos delitos.

Y es que los resultados de estos estudios, aunque nos puedan parecer poco creíbles, quedan contrastados por la realidad, cuando podemos comprobar que, si bien es verdad que hay muchos delincuentes guapos, hay muchos más feos.

En 2011, los profesores Naci Mocan, de la Universidad Estatal de Luisiana y Erdal Tekin, de la Universidad Estatal de Georgia, analizaron los perfiles de una muestra de 20.745 personas, así como su comportamiento entre 1994 y 2002, descubriendo que las personas consideradas feas tenían una “ratio” de criminalidad mucho mayor que las consideradas guapas, es decir que delinquían más los feos que los guapos.

Esta mayor “ratio delincuencial” en las personas feas es un caso típico de lo que se llama profecía autocumplida.

La sociedad tiende a pensar que las personas feas son más proclives al delito, por lo que son empujados a este tipo de comportamientos desde la más tierna infancia y, al final, acaban cometiendo esos actos delictivos, lo que tiene su fundamento en la teoría criminológica del etiquetamiento o “labelling approach”, que defiende que la desviación no es inherente a un acto, sino que muestra la tendencia de las mayorías a la calificación negativa o etiquetado de las minorías, a las que se ve como desviación del estándar de las normas culturales y sociales.

La teoría hace referencia a cómo la propia identidad y el comportamiento de los individuos puede ser determinado o influido por los propios términos utilizados para describir o clasificar dicho comportamiento y, se asocia con el concepto de los “estereotipos”.

Esta teoría del “labelling approach” ha prestado especial atención a distintos colectivos minoritarios que, habitualmente, sufren el etiquetado o calificación negativa por su desviación de la norma social mayoritaria.

3. EN EL CUMPLIMIENTO DE LA PENA IMPUESTA

No existen estudios científicos sobre el peso del “Efecto Halo”,  en la toma de decisiones que afectan al cumplimiento de la condena, pero el sesgo de la “primera impresión” podría tener un terreno muy propicio en el medio penitenciario, donde  las decisiones, que condicionan la forma de cumplir la condena y la duración de la misma, en un sistema calificado como de “individualización científica”, requieren de juicios valorativos, la mayoría  de ellos, de tipo subjetivo, que podrían estar condicionados, inconscientemente, por ese sesgo del “Efecto Halo”.

Y es que nadie es ajeno a desarrollar sesgos que actúan como impulsores no conscientes e influyen en la toma de decisiones.

Sería muy interesante realizar una investigación empírica en el campo de la ejecución penal para comprobar si los delincuentes guapos cumplen menos condena que aquellos que son menos agraciados físicamente.

A MODO DE CONCLUSION

El “Efecto Halo” puede llevar a conclusiones tan erróneas como cada uno se puede imaginar –el hábito no hace al monje–.

Por ello, este sesgo, tan frecuente en el ser humano, que nos conduce a valorar a las personas, positiva o negativamente, a partir de su aspecto físico y, generalizar a partir de la primera impresión características que, posiblemente, nada tienen que ver con la realidad, conviene conocerlo y ser conscientes de su influencia en la toma de decisiones, para tratar de evitar errores perceptivos y, en general, para poder ser más precisos y libres a la hora de realizar juicios de valor, porque el peligro del “Efecto Halo”, es que aunque uno mismo crea que no le condiciona, en realidad, la mayoría de las veces ni siquiera se es consciente de su indudable peso, lo que saben muy bien todos aquellos que trabajan en el mundo del marketing y la publicidad.

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