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Cartas desde Londres: La fase de «Disclosure» en el proceso civil en Inglaterra y Gales (III)

Cartas desde Londres: La fase de «Disclosure» en el proceso civil en Inglaterra y Gales (III)
Sobre estas líneas, la juez Sarah Cockerill, de la High Court, que tuvo que dilucidar en primera instancia el caso del Mellat Bank. Un asunto de largo recorrido, como bien cuenta el "barrister" y abogado español Josep Gálvez en su columna. Foto: Wikipedia.
04/10/2022 06:49
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Actualizado: 21/2/2023 12:00
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Como recordarán, estábamos ante la ‘High Court’ de Londres para que el tribunal decidiera si el banco iraní estaba obligado a revelar los datos de sus clientes o, por el contrario, el riesgo de responsabilidad penal que ello supondría en algunas jurisdicciones justificaría eludir esta exigencia procesal del derecho inglés. 

Así de sencillo y de complicado a la vez.

El asunto tenía su origen en una Orden del Tesoro que, bajo sospecha de financiación del terrorismo, impidió al Mellat Bank operar durante varios años en la plaza y que fue tumbada finalmente por el Tribunal Supremo en el 2013, abriendo la puerta a una cuantiosa reclamación por daño patrimonial contra el Estado por los daños sufridos.

El problema en el nuevo proceso de reclamación por los daños sufridos viene en la fase de ‘disclosure’ y el banco se opone a identificar a los clientes cuyas pérdidas servían de base para cuantificar las pérdidas sufridas. 

En concreto, el Mellat Bank alegaba que, si entregaba todos esos datos sensibles se expondría a un “riesgo real” de ser procesado penalmente en Irán, Turquía o en Corea del Sur por ser un hecho constitutivo de un delito en dichos países.

Así, por ejemplo, en Irán se trataría de un delito muy serio, ya que la privacidad es un principio religioso de la ley islamica, la ‘Sharia’ y que está consagrado incluso en la constitución del país.

O sea que ojito.

Como es lógico, los ‘solicitors’ del Tesoro de Su Majestad se oponían a cualquier tipo de cortapisa y señalaban que, claro, si el banco cifraba en 4.000 millones de dólares las pérdidas sufridas… ¡Qué menos que saber la identidad de los clientes afectados!

El Mellat Bank o Bank Mellat trataba de proteger la identidad de sus clientes, bajo la amenaza de sufrir represalias en otros países con implantación.

LA PRIMERA INSTANCIA POR ‘MRS. JUSTICE COCKERILL’

Presentadas las alegaciones de ambas partes, se celebró la correspondiente vista ante la Jueza de la ‘High Court, ‘Mrs Justice Sara Cockerill’, una «barrister», ‘QC’ (ahora ‘KC’) especializada en pleitos mercantiles de complejidad y sobre todo en cuestiones de derecho probatorio.

Como anillo al dedo, vamos.

Ah, como curiosidad, Cockerill también es autora, entre otros, de un imprescindible volumen, que les recomiendo encarecidamente, sobre la fascinante figura de Leonor de Castilla, llamado ‘Eleanor of Castile: The Shadow Queen’, la Reina de Inglaterra nacida en Burgos, ya que se desposó con el mayor monarca del Medievo inglés, el Rey Eduardo I (‘Edward I’).

De hecho, si se encuentran por casualidad en la zona del ‘Charing Cross’ londinense, deben saber que su nombre se debe al lugar donde se alzaba la última de las doce cruces monumentales que se erigieron desde la ciudad de Lincoln, en recuerdo a la querida reina castellana, fallecida en el 1290.

Y es que, como dice la canción, “La española, cuando besa, es que besa de verdad«.

En fin, volvamos al tema, que me voy por los cerros de Úbeda.

Para resolver este auténtico nudo Gordiano, la jueza Cockerill lo tuvo claro y se resume de la siguiente manera:

Del disclosureinglés no se salva ni Dios.

Así que el 19 de septiembre de 2018, Su Señoría ‘Mrs Justice Cockerill’ desestimó de plano la defensa del banco iraní.

Para ello, la juez de la ‘High Court’ tuvo en cuenta la prueba del derecho de Irán, aportada mediante la intervención del perito Dr. Kakhki, pero sus conclusiones “parecían haber cambiado entre sus dos informes, sin explicación” para inferir si efectivamente existía «un riesgo tan real» de enjuiciamiento penal.

Es decir, un riesgo de acabar un proceso que lleve a una temporada en el trullo iraní.

Pero muy al contrario, el experto no convence a la jueza y aunque acuerda que se constituya el ya célebre “Club de la Confidencialidad” mediante sistema cifrado, tumba las pretensiones del Mellat Bank, ya que considera que el riesgo ser condenado no es “tan grave” como sugería el Dr. Kakhki en relación con la “divulgación voluntaria”.

Como es lógico, el banco no estuvo conforme con la decisión y solicitó de inmediato la correspondiente autorización para recurrir ante la ‘Court of Appeal’.

Y así, al tratarse de una cuestión controvertida, se autoriza la apelación y ahí que nos vamos a la segunda instancia de la jurisdicción.

La juez de este caso, Sarah Cockerill, el diputado Brian Mooney, jefe de los Comuneros y Paul Double, recordador de la Ciudad, en una foto tomada en 2020, cuando el Tribunal de Comercio celebró con retraso su 125 aniversario con una cena en el Guildhall, organizada por la ciudad de Londres.

EN SEGUNDA INSTANCIA ANTE LA ‘COURT OF APPEAL’

Curiosamente, en la segunda instancia, el pleito se centró en si el Mellat Bank debía proporcionar únicamente los datos de los clientes iraníes, dado que el banco no recurrió respecto de sus clientes en Corea del Sur y además, había renunciado previamente a reclamar los daños sufridos en su sucursal en Turquía.

Así pues, en esa alzada, el tribunal de apelación, con Lord Peter Jackson, Lord Coulson y Lord Justice Gross a la cabeza como ponente, vuelve a analizar las pruebas y en concreto examina en detalle la intervención del experto en derecho iraní, el Dr. Kakhki y concretamente sus respuestas a ciertas preguntas clave formuladas en la primera instancia:

– ¿Tiene el Bank Mellat un derecho o un deber, según la legislación iraní, de no proporcionar información sobre sus clientes al Tesoro de Su Majestad a través de un club de confidencialidad, en la forma propuesta?”

A lo que el experto contesta:

– El Bank Mellat tiene tanto el derecho de no revelar la información de los clientes como el deber de no revelar la información confidencial, y correría el riesgo de ser investigado penalmente y de incurrir en responsabilidad si lo hiciera.

No es difícil encontrar ejemplos de detenciones y procesamientos de empleados de bancos iraníes por delitos contra la privacidad. Por ejemplo, una noticia del 26 de julio de 2016 detalla la detención de 4 empleados por difundir información relativa a más de 200.000 clientes del banco (incluyendo nombres y direcciones) sin autorización….”

Es más, el Dr. Khaki advierte que:

– [La] revelación a un club de confidencialidad como se propone, no eliminaría la responsabilidad y es poco probable que reduzca el castigo si se investiga.

Y aquí es donde entra la ‘finezza’ del tribunal en analizar en detalle el resultado lógico alcanzado por su colega de la ‘High Court’ señalando sencillamente que:

– Creo que la jueza [Mrs Justice Cockerill] abordó la cuestión final correcta -el riesgo real de enjuiciamiento- y llegó a la respuesta correcta. Sin embargo, en el camino, parece haber dado un paso en falso.

La intervención del doctor Mohammad Hedayati-Kakhki, explicando la peligrosidad de revelar las identidades de los clientes, no convenció ni a la juez de primera instancia, de la High Court, ni al tribunal colegiado de la Court of Appeal.

EL CRITERIO DE LA COURT OF APPEAL EN EL ASUNTO ‘MELLAT BANK’

En primer lugar, la ‘Court of Appeal’ examina el riesgo real en base al informe del perito y el tribunal concluye con rotundidad:

– El único caso que se da de la detención y el enjuiciamiento de empleados bancarios iraníes por incumplimiento de su deber de confidencialidad es el que se encuentra en el párrafo 5 del informe complementario, un ejemplo evidentemente alejado de los hechos del presente caso.

Y es que, ¡oh sorpresa!, el ejemplo que aporta el experto en su informe es un artículo de prensa sacado de la página web de la BBC, por lo que la ‘Court of Appeal’ no considera que la mera aportación de esa noticia sea suficiente para acreditar el riesgo efectivo de acabar siendo juzgado penalmente en el caso del Mellat Bank.

En segundo lugar, la ‘Court of Appeal’ distingue claramente entre riesgo de enjuiciamiento y riesgo de sanción, descartando que la jueza Cockerill los haya confundido:

– Cabe destacar que […] la jueza se refirió en términos a la cuestión relevante para la discreción del Tribunal: «cómo de real es el riesgo de persecución en el Estado extranjero«. Por lo tanto, estoy convencido de que la jueza tenía bien presente que el riesgo que le preocupaba era el riesgo de enjuiciamiento, y no la sanción posterior. Ciertamente, una lectura justa de la sentencia no sugiere que ella considerara que el riesgo de enjuiciamiento era insuficiente para pesar en la discreción del Tribunal, a menos que fuera acompañado por el riesgo de una sanción posterior».

Y por último lugar,  excluye que la conclusión de Mrs. Justice Cockerill sea ilógica habida cuenta de que la única prueba del derecho iraní sea la aportada por el banco mediante la intervención del Dr. Kakhki:

– En mi opinión, el riesgo real de enjuiciamiento en Irán implica una investigación claramente distinta de la que se refiere al derecho iraní o incluso a la interpretación y aplicación del derecho iraní.

Por lo tanto, no puedo estar de acuerdo en que la prueba pericial del Dr. Kakhki (sin más) fuera determinante en esta cuestión.

Y es aquí donde la ‘Court of Appeal’ se luce al advertir con claridad que:

– Incluso en la medida en que el riesgo real de enjuiciamiento implicaba una cuestión de derecho iraní y entraba en el ámbito de conocimientos del Dr. Kakhki, hay que recordar que la carga de la prueba recae en el Banco para establecer el riesgo pertinente y que el Tribunal tiene derecho a utilizar su propio criterio para examinar esa prueba.

Dicho de otra manera, el experto será un “crack” ,pero eso no significa que aquello que diga vaya a misa, siendo una carga procesal de quien alega la excepción a la regla procesal. Bien al contrario, la prueba estará además sujeta siempre al conocimiento del tribunal y a aquellos principios que en España seguramente traduciríamos como las reglas de la sana crítica.

Y aquí es donde Lord Justice Gross se explaya a gusto:

– A este respecto y con todo respeto, las pruebas del Dr. Kakhki fueron cualquier cosa menos convincentes.

El resultado, como se imaginarán fue la desestimación del recurso de apelación por el Banco ya que el deber de confidencialidad según el derecho iraní acreditado por el Dr. Kakhki no es para nada “absoluto”, sino puede ser incluso eliminado por una orden judicial del país.

Y así, concluye Lord Justice Gross que:

– Se podría presentar una solicitud en Irán para la aportación de los documentos de acuerdo con los requisitos de la orden del Tribunal Inglés.

Es más, advierte que esta solicitud a las autoridades del país no “sólo podría ayudar al Banco en la prosecución de su demanda, sino que además que, de tener éxito, “beneficiaría al  propio Estado iraní, a través de la participación del Gobierno iraní en el Banco.”

O sea que, ‘keep calm and disclosure’ (“mantén la calma y entrega la documentación”)

Ya lo ven, así de fino y certero corta la ‘Court of Appeal’, como el buen jamón de bellota.

Seguimos con más la semana que viene.

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