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El instante más decisivo del LAJ: Llegaron, vieron y se volvieron

El instante más decisivo del LAJ: Llegaron, vieron y se volvieron
El autor de esta columna –la segunda que escribe sobre la huelga de los LAJ– es socio director de la firma Luis Romero Abogados y doctor en Derecho Penal.
13/2/2023 06:48
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Actualizado: 13/2/2023 14:37
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Los abogados estamos acostumbrados a que nos suspendan juicios y otros actos procesales. Por eso no me debería haber extrañado la suspensión del pasado miércoles 8 si no fuera porque el juez instructor se había empeñado en su celebración, aunque yo me encontrase a mil kilómetros de su sede. Una semana antes había solicitado la suspensión de la comparecencia de los dos médicos forenses para ratificarse en su informe y responder a las preguntas de las partes en unas diligencias previas incoadas por un presunto delito de homicidio imprudente.

Para solicitar esa suspensión, aportamos copia de la providencia de un juzgado de instrucción de Barcelona que señalaba esa misma mañana dos declaraciones de testigos y que había sido dictada hacía más de siete meses, con lo cual estaba claro que nuestra petición debería haber sido aceptada.

El pasado lunes 6 hubo otras dos declaraciones en este mismo proceso en Sevilla y el LAJ no estuvo presente sin que por ello se hubiese suspendido el acto. Ahí ya le advirtió el juez a mi compañera que la comparecencia del miércoles no se suspendería, pues conocía de nuestro ruego. Cuando él sabía que había causa de suspensión.

No obstante, al cancelarse por otras causas el trámite en Barcelona, quedaba yo libre para asistir al acto de Sevilla. La tarde antes estuve repasando el amplio informe y anotando las preguntas que iba a hacerle a las doctoras. Es más, a las 08.00 de ese día tenía acordada una llamada telefónica con un perito médico forense de mi confianza para que me aconsejase alguna pregunta más. De modo que a las 09.20 horas ya estaba en la puerta de los juzgados de donde recogí a dos becarias para dirigirme con ellas hacia la primera planta del edificio.

Al llegar a la puerta de la oficina judicial, que estaba abierta, la franqueé y pregunté a un joven funcionario que tenía frente a mi.

Luis: Buenos días, vengo para la diligencia de las nueve y media.

Funcionario: Buenos días, la comparecencia va a suspenderse debido a la huelga del LAJ.

Luis: ¿Y por qué no se nos ha avisado antes?

Funcionario: Es que no nos ha dado tiempo…, bueno hemos podido avisar a los señores forenses (eran señoras).

Luis: ¡Ah, a los forenses sí y a los abogados no!

Funcionario: ¡Lo siento!

Luis: ¡No se preocupe, escribiré otro artículo en Confilegal sobre lo que está ocurriendo con esta huelga!

De manera que en este mismo juzgado, el lunes sí se celebró una testifical en la que no estaba el LAJ.

Por otros motivos, se suspende el acto procesal de Barcelona. Acudo a Sevilla el miércoles y el letrado judicial, que de todos modos no iba a estar presente en la diligencia al igual que tampoco lo estuvo en la del lunes anterior, dio orden al funcionario para informarnos de la suspensión del acto justo al llegar.

¿El juez no tiene nada que decir? ¿No se le ocurrió salir al menos para pedirnos disculpas? Si tanto celo tenía para celebrar este acto procesal el lunes negándonos un derecho contemplado en la ley.

¿Por qué no le dijo a su letrado judicial que el acto sí se iba a celebrar dado que ese funcionario no iba a estar presente de todos modos?

¿Por qué no le dijo que dejase de perjudicar a los ciudadanos que imploran justicia y a los profesionales que hacemos nuestro trabajo y no nos gusta que nos hagan perder el tiempo?

¿Estaba allí el LAJ? ¿La idea de avisar a los forenses fue del LAJ, del funcionario a sus órdenes o del juez?

¿Estaba allí a esa hora el juez? Era posible que nuestro juez aún no hubiese llegado dado que no han de fichar. Tampoco los LAJ.

¿Quién manda en el juzgado? ¿El Juez o el LAJ? ¿Puede suspender un LAJ una diligencia o un juicio por huelga si éste está en su oficina?

¿Puede hacerlo si nunca está presente en esos actos? ¿Sabe la ministra de Justicia esto? ¿Lo sabe el secretario general para la innovación y calidad del servicio público de justicia?

ESTÁ SUCEDIENDO EN TODA ESPAÑA

Esto mismo está ocurriendo miles de veces en toda España y no lo justifica la huelga de algunos LAJ, entre el 25% y el 30% según el ministerio y sobre un 75%-80% según los huelguistas.

Porque una cosa es el derecho fundamental a la huelga y otra bien distinta es el daño innecesario que se está causando a tantos justiciables, abogados, procuradores, testigos, peritos, etc.

Por el retraso en sus procesos, por el daño económico por los gastos en desplazamientos y por las horas perdidas. Me refiero al derecho fundamental a la tutela judicial efectiva y al derecho fundamental de defensa.

Pero no es solamente ese daño al proceso y el perjuicio económico, es el daño moral que sufren tantas personas que saben que su desplazamiento al juzgado en su misma ciudad o provincia o en el otro confín de la patria podría haberse evitado bien porque el LAJ no iba a participar en su acto procesal, bien porque sabía perfectamente días antes que ese día estaría de huelga.

Hoy lo decía en su excelente artículo mi compañero Francisco Javier Lara, decano emérito de Málaga, que se había desplazado hasta Melilla al igual que su cliente, con el desembolso de tiempo y gastos, pasando allí la noche, volando en avión, para que un LAJ, que no hubiera estado presente de todos modos, se permitiese provocar la suspensión.

Lara había llamado al juzgado para cerciorarse, pero le dijeron que no podrían informarle de lo que ocurriría hasta esa misma mañana.

Otro abogado andaluz me decía hace dos días que estaba en la estación de Atocha para tomar el tren de vuelta con su cliente pues como no quisieron informarle antes de partir, llegaron, vieron y se volvieron (“Veni vidi et discessi”).

También lo narraban recientemente y muy acertadamente en sus columnas en este medio, nuestros compañeros Manuel Álvarez de Mon y Lourdes Pulido.

ES UNA GUERRA CONTRA EL MINISTERIO PERO LA PRINCIPAL VÍCTIMA ES LA JUSTICIA

Al salir a la calle y notar el frio de la mañana, sugerí a mis alumnas tomar un buen desayuno en Capuccino, que de celebrarse el acto hubiésemos disfrutado horas más tarde.

De camino a la cafetería, me preguntaron:

Themis: ¿Por qué crees que han avisado a los forenses y no a nosotros?

Luis: Porque son funcionarios y se ayudan entre ellos. No deseaban que se desplazaran en vano.

Themis: ¿De verdad crees que ha sido algo premeditado?

Luis: Lo deduzco. Las médicas forenses trabajan en el IML-Instituto de Medicina Legal, muy lejos del juzgado. Además, si se hubiese celebrado la comparecencia, quizás habrían venido desde sus casas. No creo que se hayan arriesgado a avisarlas esta misma mañana; les advertirían ayer, aunque no quiero ser malpensado.

Themis: ¿Y no podría ser que el LAJ haya decidido esta misma mañana hacer huelga?

Luis: Lo lógico es pensar que ya lo había resuelto el día anterior, al menos. Creo que no existió ese instante decisivo al amanecer en el que una luz le iluminara sobre su sabia y suprema determinación

Themis: Nosotros hemos salido a las nueve del bufete y hemos tardado quince minutos en llegar al juzgado. Con que hubiesen avisado media hora antes, nos hubiéramos ahorrado el desplazamiento.

Luis: Por lo que me dicen muchos compañeros abogados y procuradores de toda España, esa es la regla general: no avisar hasta momentos antes de la hora en que tiene lugar el acto. Da igual que el abogado y sus clientes viajen desde miles de kilómetros, incluso desde los archipiélagos, o que el acto se celebre en las islas y viajemos desde la península. O como le ha ocurrido a Javier Lara, que se haya desplazado desde Marbella a Melilla. Les trae sin cuidado, salvo honrosas excepciones.

Némesis: Parece que estamos hablando de una guerra sin batallas. Unos se desplazan desde el sur al centro, otros desde el norte al este, algunos desde la península a las ínsulas, los insulares hacia la península. Y al llegar a su destino, todos se vuelven. Es una movilización general para al final coger otra vez el petate y volver a casa.

Luis: Es una guerra contra el Ministerio, pero solo aparentemente. En realidad, la víctima principal de esta guerra es la Justicia, y no solamente porque las suspensiones de juicios y otros actos que vuelven a señalarse para meses o años después, causen un gran perjuicio a la administración de justicia, sino porque nosotros los profesionales no merecemos el respeto de los LAJ. Tampoco nuestros clientes, los testigos, peritos, etc.

Némesis: ¿Y qué dicen nuestros colegios de abogados?

Luis: He leído hace unos días que el Consejo General de la Abogacía pedía a los LAJ que informasen previamente de las suspensiones. Pero no he visto que les hagan mucho caso. Espero que mi decano en Madrid aproveche su mediación con los LAJ para pedirle a sus representantes que acaben con esta falta de cortesía.

Némesis: Ellos dicen que no avisándonos intentan conseguir que nosotros presionemos al ministerio para que atienda sus reivindicaciones.

Luis: Creo que sus cálculos son erróneos pues están haciendo trampas inaceptables en esta huelga sin que hasta ahora les haya servido de mucho. Una cosa es que se suspendan los actos y otra que nos hagan perder horas, días y dinero a miles de profesionales y ciudadanos. Eso no está bien.

Némesis: No solamente eso, pues nos hacen preparar nuestras intervenciones con interrogatorios, informes, pruebas, para nada. Esto podría evitarse si los LAJ actuasen como un buen padre de familia.

Themis: No seamos tan mal pensados, quizás este letrado judicial tomó la decisión esta misma mañana y como nos ha dicho el funcionario, no les ha dado tiempo a llamarnos. Aunque lo cierto es que sí han avisado a los forenses.

Némesis: Esto merece una respuesta contundente por parte del Ministerio y por parte de los colegios de abogados y procuradores, además del Consejo General de la Abogacía y del Consejo General de Procuradores. ¡No hay derecho!

Luis: ¡Hay derecho a la huelga, pero no hay derecho a fastidiarnos con premeditación y alevosía!

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