Las relaciones históricas entre Israel e Irán, la antigua Persia, no han sido siempre de enemistad, sino que ha habido momentos de gran ayuda de Irán a Israel.
Aunque hoy pueda parecernos increíble, dada la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán —iniciada unilateralmente y sin previo aviso ni mandato internacional—, lo cierto es que históricamente Israel le debe mucho a Persia, nombre tradicional de Irán.
Tanto es así que fue el rey persa Ciro quien liberó a los israelitas del destierro que sufrían en Babilonia, en la antigua Asiria, hoy Irak, adonde habían sido llevados cautivos por el rey Nabucodonosor en el siglo VI antes de Cristo.
Seguiremos esta relación histórica teniendo en cuenta, entre otras fuentes, el interesante trabajo de Brad MacDonald, Recordando al rey Ciro de Irán, publicado en la edición de mayo-junio de 2024 de la revista Let the Stones Speak, recogido por el Armstrong Institute of Biblical Archaeology; las imprescindibles referencias de la Biblia en el Antiguo Testamento —en los libros de Esdras, Jeremías, Ezequiel, Isaías, Daniel y Ester—, y los trabajos de historiadores como el griego Jenofonte o el judío Flavio Josefo, del siglo I después de Cristo.
Comencemos por el principio.
El destierro de los israelitas a Babilonia
La mejor documentación que existe sobre la causa del destierro es la recogida en los libros de Jeremías, Ezequiel e Isaías.
Jeremías: Nacido hacia el año 650 a. C., elegido por Dios como profeta, según la tradición cristiana, desarrolló su actividad a lo largo de 40 años, comenzando en el 627 a. C.
En sus escritos predominan los oráculos contra Judá e Israel, un solo pueblo en sus tiempos, reprobando sus pecados e infidelidad con Dios, que traerá como castigos —avisa— su invasión, la destrucción del templo y el destierro, algo que sucedió dos siglos después, con su traslado forzoso a Babilonia, realizado por su emperador Nabucodonosor.
Pero dejó, a su vez, oráculos de salvación, con el anuncio de una nueva alianza entre Dios y su pueblo.
Ezequiel: Vivió dos siglos después de Jeremías; fue un sacerdote que estaba entre los judíos deportados a Babilonia en el año 587 a. C. Es considerado por Antonio Salas Ferragut, de la Orden de San Agustín —a la que también pertenece el actual papa León XIV— como el profeta de la esperanza, porque todo su mensaje se cifra en avivar la ilusión de un retorno al país.
Pero para alcanzar tales objetivos era indispensable que los exiliados adoptaran una actitud de absoluta fidelidad a Dios, como así volvieron a hacer.
Liberación del destierro de Babilonia
Se realizará por el rey Ciro de Irán, entonces Persia, a cuyo examen pasamos, objetivo fundamental de este artículo, y a propósito del cual veremos el papel de Isaías y Esdras.
El rey Ciro de Persia (Irán): Ciro el Grande (600 a 530) fue el fundador del primer gran Imperio persa, que gobernó desde el 559 a. C. hasta el 530 a. C.
Su vida está bien documentada por historiadores griegos, romanos y persas, así como por evidencias arqueológicas.
Ciro conquistó el poderoso Imperio babilónico caldeo, allanando el camino para que Persia se convirtiera en el reino más poderoso del mundo durante más de 200 años, territorialmente más extenso incluso que el Imperio romano, abarcando desde Asia central hasta el este de Europa y Egipto en África, hasta su destrucción por Alejandro Magno, rey de Macedonia y Grecia, ya en el siglo IV a. C.
Ciro fue mucho más que un conquistador prodigioso. Fue un estadista excepcional, respetando las costumbres y religiones de los pueblos conquistados.
Inauguró una forma de gobierno basada en el altruismo, totalmente distinta a la de los babilonios y otros pueblos que le precedieron, que sometían a la gente a la fuerza brutalmente con torturas y asesinatos, siendo su antítesis, como también lo es, del radical gobierno de los actuales ayatolás de Irán.
Pues bien, Ciro quiso y logró conquistar Babilonia, que era la ciudad más grande, rica y protegida del mundo, como relató el historiador griego Heródoto, en donde los israelitas llevaban 70 años desterrados y esclavizados, como vimos antes.
El rey Ciro logró en el año 539 a. C. lo que parecía imposible: conquistar Babilonia mediante una estrategia brillante y sencilla que incluyó el desvío del río Éufrates.
Fue una victoria magnífica, registrada por varios historiadores antiguos, entre ellos Heródoto y Jenofonte, lo que confirma los relatos del Antiguo Testamento de Ezequiel y Jeremías y lo que después veremos de Isaías, Esdras y Daniel.
En 1879, arqueólogos británicos, excavando en Irán, descubrieron un cilindro de arcilla de forma de barril donde estaba inscrito, en escritura cuneiforme, un decreto del rey Ciro, donde recordaba su victoria sobre Babilonia y esbozaba una política que «protegía» los derechos de los conquistados.
La primera carta de derechos humanos del mundo
Este objeto, conocido como el Cilindro de Ciro, se exhibe en el Museo Británico en Londres. Las Naciones Unidas lo consideran «la primera carta de derechos humanos del mundo».
El acto humanitario más importante de Ciro fue su decreto del año 538 antes de Cristo, liberando a los judíos después de conquistar Babilonia, reproducido en el cilindro.
No solo liberó a los judíos sin coste alguno, sino que financió el regreso de los israelíes a su patria y la reconstrucción del templo y de Jerusalén.
Toda esta historia, documentada por historiadores y las aludidas evidencias arqueológicas, se registra con detalle en la Biblia.
Esdras: Junto al libro de Nehemías y Crónicas 2, narra el decreto de Ciro décadas después del suceso, recogiendo listas de los israelitas desterrados y narrando la reconstrucción del templo, así como las dificultades habidas durante los reinados de Jerjes y Artajerjes.
Isaías: Habla nominalmente de Ciro y aquí la historia se vuelve especialmente interesante, pues su relato, similar al de Esdras y Crónicas 2, tiene una diferencia importantísima: el libro de Isaías fue escrito 150 años «antes» del nacimiento de Ciro.
¿Es ello posible?
¿Cómo sabemos cuándo escribió Isaías y que fue mucho antes del nacimiento de Ciro?
Isaías dice que vivió en los reinados de cuatro reyes de Judá: Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, y la historia demuestra que vivieron en el siglo VIII a. C., lo que nadie discute.
Durante el siglo XX, autores escépticos con la Biblia dijeron que el pasaje sobre Ciro de Isaías fue escrito en una segunda parte del libro por otros autores y agregado años después.
Pero se descubrió una copia completa del libro de Isaías, incluyendo lo referente a Ciro, en los llamados Rollos del Mar Muerto, escritos en hebreo y arameo, descubiertos entre 1947 y 1956, hallados por los beduinos en las cuevas de Qumrán, que incluyen los textos bíblicos más antiguos.
La mayoría se encuentra en el Santuario del Libro en Jerusalén. Incluyen el Gran Rollo de Isaías y se cree que se escondieron por los esenios ante la invasión romana.
Ciro conocía la profecía sobre su persona
El historiador judío Flavio Josefo registró que Ciro conocía la profecía de Isaías sobre él mismo.
¿Cómo la conoció?
Se supone, por lógica, que fue el judío Daniel, deportado a Babilonia pero que alcanzó ser alto funcionario del Imperio persa, quien reveló el texto a Ciro.
Una pregunta planea, sin embargo: ¿por qué Dios profetizaría sobre la vida y logros de Ciro, a través de Isaías, 150 años antes de su nacimiento?
La respuesta está en el mismo Isaías 45:3. Dios dice, refiriéndose nominalmente a Ciro, que aún no había nacido: «te daré tesoros y riquezas ocultas de lugares secretos, para que sepas que yo soy Jehová, que te llama por su nombre, Dios de Israel».
Dios deja claro su propósito: «La vida y obra de Ciro demuestran la existencia de Dios».
Ciro lo comprendió, como recoge Esdras: «Así dice Ciro, rey de Persia: el Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá».
Este gran rey y gobernante ejemplar obraba con arreglo a lo que pensaba que era la voluntad de Dios, en quien creía profundamente.
Se producía la liberación ya anunciada por los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel.
Ester: Otra gran manifestación histórica de aprecio a los judíos por parte de un rey de Persia, Asuero en este caso, fue la historia de Ester, que se narra en el Antiguo Testamento de la Biblia.
Ester era una mujer judía casada con el rey persa Asuero, que desconocía su origen y que, por intrigas de soberbia y de envidia al judío Mardoqueo, tío de Ester, de su valido Amán, había firmado, a instancia de este, un decreto de exterminio de los judíos.
Sin embargo, la intervención de Ester, que reveló su condición de judía a Asuero jugándose la vida, logró derogar ese decreto e inversamente mandar al patíbulo a Amán, el perseguidor de los judíos e inductor del anterior decreto contra ellos.
Historia contemporánea
Hasta 1979, en que, tras el derrocamiento del sha Reza Pahlevi, tomó el poder en Irán el ayatolá Jomeini, las relaciones entre Irán e Israel eran buenas e incluso los líderes iraníes apoyaban a los judíos en la construcción del Estado de Israel.
Actualmente, la situación es totalmente contraria y el régimen iraní, de los ayatolás radicales islámicos chiitas, busca la destrucción del Estado de Israel y es el centro mundial del sentimiento antioccidental y de persecución y odio a los judíos.
Conclusión
Históricamente, desde hace más de 2500 años, el pueblo iraní apoyó a los israelitas en momentos importantes de su existencia.
Absurdos odios sobrevenidos en unos y otros son ahora un foco de tensión mundial, dimensionado sin duda por la acción bélica de Israel y Estados Unidos contra Irán sin previo aviso y sin necesidad alguna, rompiendo además unas conversaciones de paz que iban en buen camino.
¿Se podrá recomponer la paz algún día? Ojalá sea así.
Entre tanto, habrá que recordar las palabras de Erich Hartman: «la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan…».
En esta guerra, con instrumentos bélicos modernos antes desconocidos y con medios de comunicación e información que llegan a todos, sí se puede decir que muchos contendientes sí se odian.
Eso sí, las decisiones siguen siendo tomadas por una minoría que solo piensa en ellos. En este caso, decisión de Donald Trump, inducido por Benjamín Netanyahu.
Estos y los sucesores del ayatolá Jomeini han trastocado una milenaria relación positiva de paz y colaboración entre Israel e Irán en un clima de agresión y, en definitiva, de guerra de incalculables efectos negativos para la humanidad.