PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

El «lobby» de los “pseudoescépticos” puede dejar sin trabajo a muchos profesionales competentes si dos ministros hacen suyas sus políticas

Fellicísimo Valbuena, catedrático emérito y periodista, es el autor de esta crítica columna.
|

¿A que suena duro atribuirles de esto a dos ministros? Pues solo pido paciencia a quienes lean esta columna y, quizá, al final, piensen que el título de la columna responde a la realidad.

Creo que lo mejor para abordar este asunto es preferir las palabras próximas –Pedro Duque, María Luisa Carcedo– a las lejanas –Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades o Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social-. Igualmente, habría que hacer con los responsables del Consejo General de los Colegios Oficiales de Médicos de España, que se meten donde no deben y practican el intrusismo profesional.

PUBLICIDAD

 Sí, porque ¿qué hacen y qué buscan unas personas que no son profesionales de la Psicología ni de la psicoterapia opinando y condenando lo que no conocen?

PUBLICIDAD

Estos dos ministros y los responsables de ese Consejo y de un grupo de farmacéuticos no tienen políticas propias. Se la han hecho y se la hacen unos lobbies a los que englobamos bajo el rótulo de “pseudoescépticos”.

Duque sabrá de Astronáutica, pero tiene unos conocimientos someros, por no decir coloquialmente que no tiene ni idea, de las psicoterapias.

PUBLICIDAD

Y Carcedo es médica pero no ejerce desde 1991.

Entonces, si deja de ser ministra, ¿está capacitada para ejercer la Medicina? Seguramente, no, porque la medicina ha avanzado mucho desde que ella prefirió la política a la medicina.

Luis Yáñez fue honrado y, cuando tuvo que dejar la política, reconoció que no estaba preparado para ejercer la medicina, que había abandonado muchos años antes.

PUBLICIDAD

Pues aquí tenemos a Carcedo, que no domina su campo, metiéndose a saco, porque es a saco, en el de las psicoterapias.

Entonces, voy a enunciar una serie de proposiciones y voy a ilustrarlas, esperando  que lleguen al mayor número de personas que están amenazadas con irse al paro. Y desde aquí reconozco que no hubiera podido escribir esta columna si no hubiera conocido diversos trabajos de Ana Gimeno-Bayón y Ramón Rosal, doctores en Psicología y directores del Instituto Erich Fromm de Psicoterapia Integradora Humanista de Barcelona.

PUBLICIDAD

1.- Duque, Carcedo, los “pseudoescépticos” en los que se apoyan, el Consejo de Médicos citado y un grupo de farmacéuticos quieren llevar al BOE unas normas que se acercan mucho a las que regían los Tribunales de Honor 

María Luisa Carcedo y Pedro Duque, ministros de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, la primera, y de Ciencia, Innovación y Universidades, el segundo.

Por supuesto que ellos lo negarán, como beatos Tartufos de la ”ciencia”, pero la realidad es que al final, también como Tartufo, quieren quitar el trabajo a los demás. En Tartufo, al final, triunfa la Justicia.

En España, por ahora, no. Aquí hay una serie de «lobbies» que quieren “tibetanizar” España. Y unos ministros que, encantados con los lobbies, se dejan llevar.

El pasado 14 de noviembre de 2018, los dos ministros presentaron un documento, que ellos llamaron Plan para la protección de la salud frente a las pseudoterapias.

El penúltimo párrafo del documento dice:

Cabe destacar que para el diseño de este Plan se han considerado las propuestas de actuación en relación a las pseudoterapias realizadas por la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, Círculo Escéptico, Farmaciencia, Red de Prevención Sectaria y del Abuso de Debilidad y la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

PUBLICIDAD
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Fernando Cervera, José Manuel Gómez y Fernando Frías, directivos de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, a quienes se refiere el profesor Felicísimo Valbuena en esta columna.

 

 En toda la historia de los gobiernos de nuestra Democracia, incluido el actual, no ha existido un solo ministro/a cuya política se la hayan hecho unos lobbies, unos grupos de presión, y que así lo hayan hecho constar en un documento.

Uno de los motivos que me ha animado a escribir varias columnas -ésta es la quinta- y que seguiré publicando, es para animar a periodistas de investigación a que estudien a fondo este asunto de los “pseudoescépticos” y de estos dos ministros. Es un hecho tan escandaloso que conviene que se entere el mayor número de personas.

Los dos ministros, los lobbies y quienes se adaptan a ellos porque les interesa, se olvidan de un pequeño detalle, al que Chesterton llamaría “tremenda insignificancia”: El artículo 26 de la Constitución Española dice: “Se prohíben los Tribunales de Honor en el ámbito de la Administración civil y de las organizaciones profesionales.”

Las personas y grupos citados recuerdan prácticas de otros tiempos ya muy pasados. Sus hechos apolillados despiden olor a naftalina. ¡Pero qué antigua es mentalmente toda esa gente! Todo lo hacen a las espaldas de los interesados.

Aquí los tenemos juzgando y condenando a otros profesionales- entre ellos, a los de las escuelas de psicología humanista- sin conocimiento de causa y sin ni siquiera escucharlos. La Inquisición daba audiencia a los acusados y, si los denunciantes no probaban sus cargos, la culpa recaía sobre ellos.

2.- Los anteriormente citados prefieren obedecer a los “lobbies” que consultar a quienes de verdad saben de qué están hablando

Las palabras lejanas –Organización Médica Colegial del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos– sirven para ocultar la identidad de unas personas que no quieren dar la cara. Son, a la vez, serviles con el poder y presuntuosos con los psicólogos.

Como diría Frantz Fanon, en las antesalas del poder sueñan con pronunciamientos: primero, clasifican y después vaporizan a las Psicoterapias Humanistas.

Pero ¿qué saben ellos/as sobre ciencias psicológicas? Ni tienen competencia para juzgar a los psicólogos ni moral para, como los antiguos Tribunales de Honor, declarar indigno de la profesión de psicoterapia a nadie ni a expulsarlo de la profesión.

Y no pueden dar lección alguna de profesionalidad a miles de psicólogos.  

Una pregunta muy sencilla: ¿Han consultado Duque o Carcedo, o sus manos derechas, su plan con profesionales del Análisis Transaccional, Gestalt o Psicoterapia Integrativa, por ejemplo? ¿Han leído las alegaciones que han presentado?

No. Han preferido consultar a sus «lobbies» preferidos, esos con los que se retroalimentan mutuamente.

 Y lo que es peor: Los «lobbies», que tienen a tantos incompetentes, aspiran a que sus disparates sean aceptados por las Universidades y, lo que más les gusta, presionar con prosa de abogados para hacer la vida imposible a mucha gente.

Puesto que estoy escribiendo en Confilegal, no está de mal recordar algunos artículos de nuestra Constitución. Artículo 35 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio”, y que por tanto, quien quiera ser psicoterapeuta humanista, respetando la legalidad de los requisitos para ser terapeuta, puede hacerlo al amparo del artículo 38: “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado”.

Es lo que ni Duque ni Carcedo quieren respetar. Y que no vengan con ruedas de prensa conjuntas y melifluas. En este asunto tan crucial, el más torpe sabe hacer relojes de madera.

Pero ¿piensan el abogado Fernando Frías, que actúa como si él dominase la Sanidad del Levante español, y Elena Campos-Sánchez, actual presidente de AETP (Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas), que los psicoterapeutas humanistas van a ser tan dóciles a ellos como la exministra Carmen Montón? ¿O como Carcedo y Duque?

Elena Campos-Sánchez, actual presidenta de AETP.

No. Los que han elaborado la “lista negra” de las 139 terapias naturales, a las que ahora han cambiado el nombre por “pseudoterapias” han dejado que Frías haya hablado demasiado con ese estilo tan suyo de torpeza triunfalista.

Y por la boca muere el pez. Si hay un juicio, o varios, y si hay abogados bien preparados, pueden aprovechar las declaraciones de Frías y de otros. Claro que también han de saber cómo contrarrestar las ideícas de coartada los que se la tienen jurada a quienes no piensan como ellos/as.

3.- Las consecuencias del plan: espiar, calumniar, desacreditar

El plan se plasma en cuatro líneas a seguir, cada una de ellas con varios objetivos, que se concretan en acciones. La primera ínea del plan dice:

Línea 1. Generar, difundir y facilitar información, basada en el conocimiento y en la evidencia científica más actualizada y robusta, de las pseudoterapias a través de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud, en colaboración con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Traducción: Basándose en la información anticientífica y falaz de los lobbies, unos funcionarios desinformados y/o crédulos van a espiar, por todos los medios posibles, a quienes en su trabajo emplean los hallazgos de las escuelas humanistas.

Sabiendo el modo de actuar de Duque, Carcedo y sus lobbies, esta línea de acción se parece al “permiso para matar” que el Gobierno británico daba a James Bond, el agente 007. Si el agente caía en manos enemigas, Gran Bretaña no sabía nada de él. Es decir, él no podía reconocer que estaba cumpliendo una misión que le había encomendado su Gobierno. A la vez, éste empleaba todos sus recursos en el mundo para salvar a James Bond.

Las palabras lejanas de la Línea 1 no pueden ocultar que Duque y Carcedo están dando “permiso para  calumniar” impunemente y desacreditar los modelos y métodos de las psicoterapias humanistas llamándolas “pseudociencias”.

Y están dispuestos a justificar cualquier exceso de sus “lobbies”.

Menos mal que de los escarmentados nacen los avisados y muchos/as lo saben. Hay prosa del BOE que, fundamentalmente, está escrita para ocultar la realidad. George Orwell se reía mucho de ese tipo de prosa. Entonces, lo mejor es prepararse para el engaño y la difamación, desenmascararla y combatirla.

Objetivo 2. Difundir la evaluación de las pseudoterapias bajo los principios del conocimiento y la evidencia científica a todos los grupos de interés (administraciones públicas, profesionales, ciudadanía, medios de comunicación, colegios profesionales, movimiento asociativo, etc).

La prosa de este Objetivo 2 se parece mucho a los sermones de los clérigos que cada domingo predican -algunos muy mal- en el programa religioso de la 2.

Emplean términos que no pueden ser más equívocos: ¿Qué principios del conocimiento? ¿Qué evidencia científica? Y lo que va entre paréntesis suena mucho a “Id y predicad el evangelio a toda creatura”. Si por lo menos tuvieran formación, harían recordar al filósofo Auguste Comte, que en su filosofía positiva difundía los principios de altruismo, orden y progreso. Pero ¿los “pseudoescépticos”? Ni en broma.

Se puede tener el pensamiento débil, pero no tan débil. Y encima aparecen en los medios de comunicación y van a las escuelas a predicar sus ridiculeces.

A ver si surgen profesionales aficionados al cómic, que sepan contar el fondo oculto de esa prosa.

Segunda Línea, Objetivo 1 y Acción 1: Desarrollar normativamente la necesidad de que las personas sean informadas del conocimiento y de la evidencia científica de las pseudoterapias que se ofrecen en centros sanitarios no pertenecientes al SNS.

Objetivo 2 y Acción 1. Incluir en la regulación los actos o encuentros que conlleven la publicación o promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria.

Acción 2. Incluir en la regulación la utilización de internet o redes sociales que conlleven la publicación o promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria.

Aquí surge lo que llevan dentro los “pseudoescépticos”: son metomentodos.

Es la línea de Fernando Frías o de  Elena Campos-Sánchez destinada a controlar todos los aspectos de la gente. Frías impidió que los responsables del “aguerrido” Colegio de Psicólogos de Murcia cediese un local para que unos médicos integrativos discutiesen sus problemas profesionales. Organizó campañas en Levante y hubo quienes se arrugaron.

Si les dejan a los “pseudoescépticos”, claro que no permitirán anunciar en Internet un curso de Gestalt o de Análisis Transaccional, aunque se impartan en Colegios de Psicólogos. ¿Qué diferencia hay entre esas prohibiciones y las cazas de brujas?

Cualquier día se dedican a poner letras escarlatas, como en la novela de Nathaniel Hawthorne.

Como muy bien señalan Gimeno y Rosal, esto se parece mucho a una censura de la comunicación. Por lo tanto, a los “pseudoescépticos” hay que recordarles el artículo 20 de la Constitución Española:

«1.- Se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones […] d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

«2.- El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

«3.- La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España».

¿Cómo llamar a quienes no parecen respetar a excelentes profesionales, a estas alturas del siglo XXI? De momento, suena que este plan quiere saltarse los tres puntos de este artículo.  

¿Y cómo llamar a los que quieren “tibetanizar” España, poniendo todos los obstáculos posibles al desarrollo de la ciencia? En otras columnas creo haber demostrado que los “pseudoescépticos” no saben, de verdad, qué es la unidad de la ciencia, cómo se distinguen unas de otras y cuál es el desarrollo que siguen.

Entonces, como son tan ignorantes, creen liquidar el Psicoanálisis y cualquier psicoterapia humanista en pantalla y media de ordenador. Los “pseudoescépticos” se están convirtiendo en sujetos muy parecidos a muchos clérigos de las religiones monoteístas. La única religión-terapia que no prohíben es la cognitiva-conductual. Se parecen demasiado a los clérigos intransigentes.

Encarnan un retroceso muy grande de la libertad de pensamiento, de expresión, de cátedra.

A la polilla inseparable de los escritos de los “pseudoescépticos” , hay que contrarrestarles con naftalina. En este caso, con el artículo 44.2 de la Constitución:Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.”  Y desde luego que lo esperamos de ellos, pero nunca lo esperaríamos de dos ministros.

En su línea 3, veamos la simpleza con que enuncian el objetivo 1: “Garantizar que todas las actividades sanitarias se realizan por profesionales que dispongan de la titulación oficialmente reconocida.”

Pues claro. ¿O es que no hemos visto los grandes escándalos que afectan muy gravemente al prestigio de una Universidad? Y a una organización privada. Cuesta mucho adquirir la credibilidad, el prestigio, pero no se pierde al mismo ritmo. El prestigio se desescala a una gran velocidad. No es como una avioneta con la que el piloto puede planear.

La credibilidad es como un avión militar o de pasajeros al que le fallan los motores. En muy poco tiempo sobreviene la tragedia.

La falsificación de títulos es una cuestión de los periodistas de investigación o de la policía. También es verdad que los genios que han hecho avanzar tanto la tecnología de los ordenadores no tenían título universitario, pero porque ellos no necesitaban el título para inventar.

Su objetivo 2 de la línea 3 es: “Eliminar de los centros sanitarios las pseudoterapias”.

Entonces, si hay personas que han demostrado, durante años, la eficacia de su quehacer en numerosos casos, deben defenderse con argumentos y pruebas si no quieren quedarse sin trabajo por las actividades de los “pseudoescépticos”, apoyados por dos ministros.

¿O es que, se van a resignar a que, después de haber dado mucho a los pacientes, se tienen que marchar desprestigiados porque les difaman, acusándoles de “pseudocientíficos”?.

La línea 4. es: “Establecer una actuación coordinada con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad para reforzar los principios del conocimiento y de la evidencia científica en la formación a los profesionales sanitarios” señalando, dentro de las acciones del primer objetivo:

Acción 2. Elaborar un informe de recomendaciones para la verificación de títulos universitarios oficiales de grado y máster en el ámbito sanitario que aclare las prácticas y métodos que no se consideran con conocimiento y evidencia científica suficiente para ser impartidos.

Desarrollar alianzas con la Conferencia de Decanos, los/as Rectores/as, las CCAA, la comunidad universitaria y los colegios profesionales para no promover títulos propios u oficiales sobre pseudoterapias a través de la promoción de acuerdos en la Conferencia General de Política Universitaria y en el Consejo de Universidades.

Es decir: que buscarán eliminar de la Universidad lo que los ministeriales de turno consideren que son pseudoterapias; así es que puede acabar ocurriendo que prohíban las asignaturas de Psicología Humanista en las Facultades de Psicología.

Ana Gimeno-Bayón y Juan Rosal han identificado la trampa de llamar “pseudociencia” a la que no sea la propia. “La denigración del que tiene seguidores o éxito, por parte de aquellos que querrían tener la exclusiva de los mismos, es tan antigua -seguramente- como la historia humana.

“Los científicos no están libres de la tendencia cainita y si, además, hay intereses económicos o de prestigio académico de por medio, es fácil que esta trampa tome la forma de degradar la categoría intelectual o científica de los otros.

“Y parece que tanto el Ministerio de Salud como el de Ciencia han caído en la trampa urdida por organizaciones médicas y laboratorios farmacéuticos, a quienes les vendría muy bien que desaparecieran los psicólogos humanistas. Algunos colegas de otras corrientes se han sumado a esta denigración y han formado coro con los funcionarios ministeriales, y las organizaciones médicas para calificar a la Psicología Humanista de pseudociencia”.

El objetivo 4. es el siguiente: “No otorgar el reconocimiento de interés sanitario a actos de carácter científico que promuevan la utilización de pseudoterapias”.

Dentro de las acciones comprendidas en el mismo, está la siguiente:Acción 1. Revisar y adecuar los criterios para el reconocimiento de interés sanitario para los actos de carácter científico, con objeto de que no obtengan este reconocimiento aquellos actos que promuevan la utilización de pseudoterapias”. Es decir: si los profesionales de las Escuelas humanistas celebran un congreso o unas jornadas de psicoterapias, no podrán obtener el reconocimiento de interés sanitario.  O sea: más degradación del estatus de las profesiones.

4.- ¿Qué hacer? Las verdaderas ideas son las de los náufragos. Desenmascarar las mentiras de los “pseudoescépticos” y llevarlos a los tribunales, si hace falta.

Los profesionales de las terapias humanistas y los profesionales de otras disciplinas que se basan en los fundadores de esas Escuelas, harían muy bien en hacerse a la idea que he venido configurando en los apartados anteriores:

Duque, Carcedo, los lobbies y los intrusos profesionales, médicos y farmacéuticos quieren verlos entre el suelo y el estribo. Así de claro. Éstos/as nunca lo reconocerán. Pero la realidad es así.

“Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a lo que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Estas son las únicas ideas verdaderas; las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad. (José Ortega y Gasset, «La rebelión de las masas», Espasa Calpe, Colección Austral, 1995, p. 200)

En el artículo 51.2 de nuestra Constitución, se dice que: “2. Los poderes públicos promoverán la información y la educación de los consumidores y usuarios, fomentarán sus organizaciones y oirán a éstas en las cuestiones que puedan afectar a aquéllos, en los términos que la ley establezca”.

Los “pseudoescépticos”, ahora con Elena Campos-Sánchez a la cabeza, que han tomado afición a conseguir “abajofirmantes” para apoyar una carta falaz y ridícula dirigida a la Ministra de Sanidad, no toman en serio a los pacientes.

Lo único que se les ha ocurrido hasta ahora ha sido hinchar el número de fallecidos y presentar hechos solitarios. Pues bien, a ellos se les puede aplicar un dictamen parecido al que Gustavo Bueno emitió sobre otros “abajofirmantes”:

“El manifiesto (la carta) no merece el más mínimo respeto. Es un manifiesto ridículo e ingenuo, y lo único que se podría decir, para salvar a los firmantes (algunos son amigos) es esto: o bien suponer que lo han firmado sin leerlo, o bien recordar que cien individuos que, por separado, pueden formar un conjunto distributivo de cien sabios, cuando se reúnen para hacer un manifiesto como el que comentamos, constituyen un conjunto atributivo formado por un único idiota”.

Si, de verdad, estos ministros quieren proteger a los consumidores, harían mejor abandonando la pasión que tienen por prohibir corrientes y escuelas.

El político de verdad, el que perdura, el que pasa a la historia es el que se desclasa y es capaz de hacer planes y programas para todos. El político vulgar actúa como Duque, Montón o Carcedo y tantos otros de todos los partidos. Sirven a intereses particulares.

Ya me he ocupado de Carcedo y de su formación médica. Desde luego, muchos renunciaríamos a viajar por el espacio con el astronauta Duque al mando de la nave, porque toma las decisiones sin originalidad alguna, como si fuera un robot, siguiendo a los “lobbies” de los pseudoescépticos”.

Mientras los dos ministros no están dedicándose a su profesión, hay miles de profesionales que tienen la preceptiva formación académica más un dominio de una o varias escuelas humanistas.

Es muy importante que cada profesional que se dé cuenta de que su puesto de trabajo peligra, se disponga a hacer un marcaje férreo de los dos ministros, de los “pseudoescépticos” y estén dispuestos a contrarrestar los avances irracionales de esos grupos. Si no lo hacen, que luego no se lamenten.

Muy importante: Hay que marcar muy bien a los programas de salud de prensa, radio y televisión. Como ya he escrito en otra columna, si los presentadores solo dan voz e imagen a los “pseudoescépticos”, no son programas periodísticos sino propagandísticos. En este trabajo pueden ayudar mucho los profesionales jubilados, que quizá tienen tiempo y afición a ver esos programas.

Los «lobbies pseudoescépticos” no dejan de escribir sobre “peligros”, cuando el verdadero peligro son ellos.

Entonces, ha habido algunas organizaciones que han denunciado a los “pseudoescépticos en los tribunales: Asociación Española de Médicos Integrativos, la Sociedad Hahnemaniana Matritense ,en representación de los médicos homeópatas, y ACUS (Asociación de Ayuda a Consumidores u Usuarios).

En el punto 9) de la denuncia, estas organizaciones concretan:

  • Se ha requerido a la ministra -y a la anterior- a que de explicaciones y aporte informes que dice tener;
  • se ha solicitado la apertura de expedientes disciplinarios a aquellos cargos de las organizaciones colegiales que se han excedido en sus manifestaciones de forma temeraria;
  • se ha instado procedimiento ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que continuará en el expediente abierto en la Comisión Europea;
  • y se ha denunciado ante los Tribunales de Justicia a una de las asociaciones que parecen constituir los únicos asesores expertos de los Ministros en el diseño del plan.

Conclusión 

La falta de sentido de la realidad de los “pseudoescépticos” les ha llevado a sobrevalorar sus fuerzas; sobre todo, porque han contado con el apoyo acrítico de dos ministros, hecho que no se había visto en toda la historia de nuestra Democracia, incluyendo el Gobierno actual. Sin embargo, han surgido voces y escritos, cada vez más críticos, contra las bases de ese triunfalismo.

Ahora, depende de los profesionales de las Escuelas de Psicología Humanista detener a los “pseudoescépticos”. Esta columna ha querido contribuir a contrarrestar el avance de quienes tienen a su ignorancia como única coraza.

Voy a seguir escribiendo columnas y, como me han pedido que ponga los enlaces de las anteriores, así lo hago.

Carcedo, ministra de Sanidad, y Duque, de Ciencia, se empeñan en hacer el ridículo, hasta el último minuto, con las “pseudociencias”.

 

Los caza-“pseudoterapias”, ¿científicos o “pseudocientíficos” y camelistas?

Los “pseudoescépticos”: censores, dogmáticos y metomentodos

Los “pseudoescépticos”, sus falacias y cómo manipulan las pruebas