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La Fiscalía y la Justicia son los auténticos enjuiciados en la causa contra Francisco Javier Lara

La Fiscalía y la Justicia son los auténticos enjuiciados en la causa contra Francisco Javier Lara
La causa contra el decano emérito de Málaga tiene su origen en la pandemia de COVID y en su defensa de la salud de cuatro abogados del turno de oficio. Foto: Confilegal.
04/6/2023 06:31
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Actualizado: 04/6/2023 14:15
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El juicio contra el decano emérito del Colegio de Abogados de Málaga, Francisco Javier Lara, que comienza mañana y termina el miércoles en la ciudad de la Justicia de Málaga jamás tendría que haber tenido lugar.

Ni la magistrada del Juzgado de Instrucción 10 de los Juzgados de Málaga, Estela Gómez Giner, tenía que haber deducido testimonio por desobediencia el 6 de mayo de 2020 contra el entonces decano del Colegio de Abogados de Málaga, Francisco Javier Lara.

Ni el fiscal jefe de Málaga del momento, Juan Carlos López Caballero debía haber ordenado la presentación de la denuncia a su actual sucesor, Juan Bermejo, cuya articulación tiene que hacer el también fiscal Antonio Francisco Román Capeli.

Ni mucho menos el compañero de la magistrada, Gómez Giner, Juan Carlos Velasco Báez, instructor de la causa, como titular del Instrucción 6 de Málaga, debía haber dado alas a la cosa que mañana tendrá que verse ante el Juzgado de lo Penal 15 de Málaga a partir de las 10 de la mañana. Y el próximo miércoles, también.

Porque todos ellos han obviado el tiempo y las circunstancias tan especiales en las que sucedieron los hechos.

Por eso digo que los que van a ser juzgados, los que de verdad se van a sentar en el banquillo, son ellos: la Fiscalía y la Justicia.

No puede haber un proceso más injusto que este. Y no solo lo pienso yo. Lo piensa la mayoría de los abogados españoles que ven a Lara como la víctima de una injusticia.

Todos ellos se sienten Francisco Javier Lara.

Todos se sienten juzgados, con él.  

Porque todos habrían hecho lo mismo que el hoy decano emérito de Málaga.

Era su deber y lo cumplió. Para eso fue elegido. Para protegerlos.

Es paradójico que ahora se enjuicie a Lara por hacer lo que tenía que hacer.

Esto es lo que parecen haber olvidado jueces y fiscales en esta causa. En la persona de Francisco Javier Lara se está juzgando a la abogacía misma.

Y parecen no entenderlo.

ESPAÑA CONFINADA

Como tampoco parecen entender el contexto en el que sucedieron los hechos.

Recordemos que España entera estaba confinada desde hacía 51 días. El Gobierno había impuesto el estado de alarma para hacer frente a la pandemia de COVID-19 el 14 de marzo de 2020.

A través de los medios de comunicación las noticias no podían ser más preocupantes y desalentadoras.

En esas fechas en España ya había 229.325 casos diagnosticados. Estábamos a la cabeza de Europa. 122.439 personas habían precisado hospitalización. Las Unidades de Cuidados Intensivos de los Hospitales estaban al límite.

Las muertes ya se elevaban a 26.834 personas (la cifra final oficial a día de hoy es de 121.416 personas). Los ataúdes fueron apilados en pistas de hielo, pabellones de deportes y lugares por el estilo.

En Andalucía los contagiados se elevaban a 12.450 personas; 6.131 estaban hospitalizadas. Los fallecidos entonces ya sumaban las 1.334 personas (en Andalucía 11.350, a día de hoy).

Y subiendo. Nadie sabía cómo se estaba transmitiendo el COVID-19. La sensación generalizada era de ignorancia y, sobre todo, de pánico.

El Gobierno no impuso el uso obligatorio de la mascarilla hasta 15 días después, el 20 de mayo. Las benditas vacunas todavía no habían sido desarrolladas.

A los calabozos no iba nadie.

LO QUE NO SE CUENTA Y TAMPOCO SE QUIERE TENER EN CUENTA

Sólo con estos datos tendría que haber sido suficiente para valorar la situación y pasar página.

La magistrada de guardia sabía que no se estaban enviando a abogados del turno de oficio a los calabozos. Y que los detenidos no estaban siendo trasladados a los juzgados.

Todos se hacía por videoconferencia.

Lo que no se cuenta es que el entonces decano del Colegio de Málaga había tenido un encontronazo con el esposo de la magistrada Estela Gómez Giner –la juez instructora– el también magistrado Pedro Molero Gómez, destinado en la Sección Octava de la Audiencia cuatro días antes.

Fue a propósito de la idea que el Colegio de Málaga estaba valorando realizar una huelga los 11 primeros días de agosto de ese año para protestar contra la decisión del entonces ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, de hacerlos hábiles para paliar los efectos de la pandemia.

Ocurrió el 2 de mayo, y sucedió a través de una página de Facebook.

Molero Gómez criticó, por ello, al decano y al Colegio de Abogados de Málaga. Lara le recordó que no era ni el espacio ni el momento para debatirlo. Y fue más allá: no era la función de un magistrado meterse de esa forma en aquellas arenas.

Otras voces criticaron también a Molero Gómez, por lo mismo. Ciertamente fue una equivocación del magistrado.

El 6 de mayo –como se suele decir, «el día de autos»– la esposa de Molero Gómez, de guardia en esa fecha, requirió al Colegio de Abogados de Málaga para que cuatro letrados del turno de oficio bajaran a los calabozos a atender a cuatro detenidos.

Nada de videoconferencia.

En carne y hueso.

«Le dije que no iba a mandar a ningún abogado mientras no se cumplieran las medidas de protección. Al final, la magistrada siguió nuestras indicaciones, pero la consecuencia fue que me dedujo testimonio por un supuesto delito de desobediencia a la autoridad judicial», explicó Lara a Confilegal después.

¿Ajuste de cuentas?, y no estoy diciendo que lo sea. Pero las circunstancias de su imputación son tan complejas que resulta incomprensible.

FUENTEOVEJUNA, SEÑOR

De vivir en nuestros días nuestro dramaturgo del siglo XVII (el llamado siglo de oro), Lope de Vega posiblemente habría encontrado materia para hacer una segunda parte de su celebérrima obra «El alcalde de Zalamea».

Su escena cumbre es cuando el juez, que ha sido enviado por los Reyes Católicos, a investigar al pueblo cordobés la muerte del comendador mayor, que fue asesinado por el pueblo cuando trató de llevarse a palacio a una joven que deseaba y que acababa de contraer matrimonio con un joven campesino.

A la pregunta del juez de: «¿Quién mató al comendador?». El pueblo respondió: «¡Fuenteovejuna, señor!».

El juez volvió a inquirir: «¿y quién es Fuenteovejuna?».

A lo que todos respondieron «¡Todos a una!».

Traducido: Hemos sido todos.

En el juicio del lunes y el miércoles Fuenteovejuna son todos los abogados, hombres y mujeres, que ejercen esta profesión esencial para el Estado de Derecho.

Así lo entendieron los 200 abogados que asistieron el pasado viernes al II Congreso Andaluz del Turno de Oficio, celebrado en Jerez de la Frontera, organizado por el Colegio local y por el Consejo Andaluz de Colegios de Abogados (CADECA), que representa a los 11 colegios de esa Comunidad Autónoma.

Todos ellos ovacionaron el manifiesto de apoyo de la Abogacía de Málaga (como se ha rebautizado el Colegio de Abogados de Málaga) a su decano emérito.

«La Junta de Gobierno quiere reiterar, una vez más, el firme apoyo de la Abogacía de Málaga a nuestro Decano emérito», dice el texto del Colegio que ahora pilota el decano Salvador González.

«Seguimos confiando en la Justicia y en una resolución favorable, al entender que las actuaciones que se llevaron a cabo por el Colegio en esa fecha fueron bienintencionadas y en defensa de la salud de los abogados de oficio, que tenían el encargo constitucional de asistencia al detenido, atendida la precariedad de los medios preventivos existentes en ese momento», añade

Un apoyo sin fisuras, que confirmó a Confilegal el presidente del CADECA, Federico Fernández Rodríguez, decano del Colegio de Jerez.

Y que también ratificó el Consejo General de la Abogacía de España cuya presidenta, Victoria Ortega, comunicó a Lara que la Comisión Permanente del máximo órgano de representación de los 83 colegios de abogados –y de sus 155.000 abogados ejercientes– de nuestro país se había adherido al mismo manifiesto.

Cuando se conoció la imputación contra el decano emérito las muestras de apoyo de compañeros de toda España se sucedieron en lo que pareció una catarata interminable.

El lunes estarán con Lara, para apoyarlo, el decano de la Abogacía de Málaga, Salvador González y el del Colegio de la Abogacía de Madrid, Eugenio Ribón, El miércoles irá el de Melilla, Blas Jesús Imbroda.

Pueden parecer tres decanos tan solo, pero representan a todo el colectivo.

Un colectivo que se siente juzgado en la persona de uno de los suyos por tomar la única decisión que solo podía adoptar para salvar a compañeros, colegiados, que podían jugarse la vida por la decisión de una magistrada que, visto lo visto, no era necesaria.

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