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Opinión | «El vicio del poder», el oscuro poder en la sombra de Dick Cheney

Opinión | «El vicio del poder», el oscuro poder en la sombra de Dick Cheney
Christian Bale, en el papel de Dick Cheney (vicepresidente de Estados Unidos). Al lado, su mujer, Amy Adams (Lynnie Cheney, la mujer inteligente detrás del poder), Steve Carell (Donald Rumsfeld, su mentor político), Sam Rockwell (George W. Bush, presidente de los Estados Unidos) y Tyler Perry, como Colin Powell, en la película "El vicio del poder"
12/5/2024 06:35
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Actualizado: 13/5/2024 11:34
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En «El vicio del poder«, la película se presenta como una franca declaración de sus intenciones: explorar los rincones más oscuros y corruptos de los círculos de poder donde los líderes deciden los destinos de una nación.

«El vicio del poder», una película que profundiza en los oscuros recovecos del poder político en Estados Unidos, destapa cómo figuras aparentemente secundarias pueden moldear el rumbo de una nación desde las sombras.

La cinta se centra en Dick Cheney, un hombre cuyo retrato cinematográfico encarna la antidemocracia, el oportunismo y una ambición sin límites para triunfar; representa esa política detestable “del todo vale”.

Porque como dice la voz en «off» que recorre toda la cinta: “Temed al hombre silencioso, pues cuando otros hablan, él observa; cuando otros actúan, él maquina; y cuando los otros por fin descansan, él golpea”.

Esta imagen refleja a Cheney en segundo plano, con un presidente Bush, llevando las riendas de la nación. A veces la realidad no es lo que parece.

Poder en la sombra para moldear la política

La película no solo ofrece un análisis crítico de la figura de Cheney, sino que también pone de manifiesto una verdad incómoda sobre la presidencia estadounidense: cómo el poder en la sombra puede moldear la política nacional e internacional, dejando consecuencias duraderas tanto para la nación como para el mundo en general.

Cheney es, sin duda, un personaje que puede encarnar todo eso. El que fuera vicepresidente bajo George W. Bush en sus dos mandatos –desde el 20 de enero de 2001 hasta el 20 de enero de 2009– es descrito como un arquitecto clave en decisiones polémicas e interesadas que definieron la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.

Incluyendo la invasión a Irak, la implementación de métodos controvertidos como la tortura y centralizar el poder ejecutivo en el presidente.

Esta visión del poder en la sombra es crucial para entender cómo las decisiones que afectan a millones pueden ser moldeadas no solo por las figuras que el público elige -aunque llegó a ser vicepresidente sin someterse a escrutinio público, sin contestar a las 83 preguntas, sin entregar su historial médico, por aquel entonces ya había sufrido dos infartos-, fue una decisión personal de George W. Bush, sino también por aquellos en posiciones de influencia detrás de bambalinas.

Christian Bale, conocido por su versatilidad y su habilidad para sumergirse completamente en cada personaje que interpreta, entrega una vez más una actuación destacada como Dick Cheney.

A través de un intenso proceso de caracterización, que incluyó un significativo cambio físico y largas sesiones de maquillaje, Bale ofrece un retrato auténtico y detallado de Cheney.

Su interpretación abarca no solo la imagen externa del ex vicepresidente, sino también sus complejidades internas y su astucia en el ámbito político, una actuación que le mereció un Globo de Oro.

A su lado, Amy Adams (Lynnie Cheney, la mujer inteligente detrás del poder), Steve Carell (Donald Rumsfeld, su mentor político) y Sam Rockwell (George W. Bush, carisma e ingenuidad) complementan con actuaciones que son igualmente fuertes y convincentes. Cada uno añadiendo profundidad y matices a la narrativa​​.

La película recorre su vida desde su expulsión de la Universidad de Yale por borracho, su ascenso en el Partido Republicano, de la mano de su mentor político, el maquiavélico Donald Rumsfeld, con el que comenzó de asistente, durante los mandatos presidenciales de Richard Nixon y Gerald Ford.

Unos orgullosos Cheney, brillan en una cena de Gala, pos sus recientes nombramientos.

Se observa cómo va adquiriendo poder, cómo empieza a ser temido por el Partido. Algo que sintetiza muy bien en este diálogo con su mujer, tras ser nombrado presidente de la Cámara de Representantes en 1987.

Lynne Cheney: ¿No lo sientes, Dick? La mitad de esta gente nos envidia. Y la otra mitad nos teme. Sé que George Bush (padre) es el sucesor natural, pero después de eso, ¿quién sabe?

Dick Cheney: Yo respeto mucho a Reagan, pero nadie le ha mostrado al mundo el verdadero poder del presidente de Estados Unidos.

Se van sucediendo imágenes en la Cámara de Representantes donde va votando y vetando distintas enmiendas, que marcarían el devenir de la historia de la política y los medios en Estados Unidos.

Y, cómo empiezan a crecer los denominados “laboratorios de ideas de derecha”, de la mano de las grandes familias adineradas como los Koch y los Coors, quienes hartos de pagar impuestos irrumpen en Washington DC.

Así, a través de “Cato Institute”, “American Enterprise Institute” o “The Heritage Fundation”, “conseguirían cambiar la percepción del mundo de muchos norteamericanos”, como señala la onmipresente voz en «off».

Doctrina de la imparcialidad, germen del nacimiento de FOX

En una conversación con el entonces vicepresidente George H. W. Bush –Bush padre–, éste le da las gracias por conseguir que la Cámara aprobase la “doctrina de la imparcialidad”.

George H.W. Bush: Quería agradecerte que la cámara no invalidase el veto del presidente a la doctrina de la imparcialidad

Dick Cheney: No hay de qué. Es un placer eliminar las regulaciones del Gobierno.

Este hecho, hizo posible el nacimiento de FOX News. Hasta entonces imperaba una ley de los años 40 que obligaba a las cadenas de radio y televisión a presentar de forma ecuánime las dos caras de un asunto.

Su derogación daría paso al «boom» de las noticias de opinión. “Y con ello se materializaría el sueño de Roger Airles (FOX News), que se convertiría en la cadena informativa más vista de EE.UU, haciendo que el país se inclinara más a la derecha”.

Con la llegada de Bill Clinton se pasó al ámbito privado, asumiendo el liderazgo de Halliburton, una compañía petrolera que obtuvo ganancias considerables a raíz de la intervención estadounidense en Kuwait.

En concreto, «en los años posteriores a la invasión de Irak, las acciones de Halliburton aumentaron un 500%».

Christian Bale, en el papel de Dick Cheney (vicepresidente) y Sam Rockwell (en el papel del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush), en la película «El vicio del poder»

Vuelta a la política, con mucho más poder

Dick Cheney regresó a la política en el año 2000. Ese año fue elegido como vicepresidente de George W. Bush (hijo). En un principio rechazó la idea, cobraba demasiado en Halliburton. Percibió 26 millones de euros de indemnización de esa compañía cuando finalmente decidió dar el salto de nuevo a la res pública.

Además, su mujer, que siempre era quien inclinaba la balanza en sus disputas políticas no era muy partidaria, como le recuerda: “El vicepresidente solo sienta a esperar a que el presidente muera. Tú mismo lo dijiste”.

Pero Chaney, tras reunirse con Bush hijo, se da cuenta de la debilidad de carácter del que estaba llamado a asumir la Presidencia.

Finalmente, decide aceptar, pero le impone condiciones al futuro presidente: “Encargarse de las tareas más triviales. Supervisar las administraciones, gestionar el Ejército, la energía y la política exterior”.

Le dice también que él no podrá cargar contra el matrimonio homosexual porque su hija Mary es lesbiana. “Una línea grabada en piedra para él”, aunque entiende que el partido lo ataque. (Algo que no durará en saltarse él para que su otra hija, Liz, consiguiera un escaño al Senado por Wyoming). 

Pero sin duda, una de las grandes obsesiones de Cheney, fue conseguir poner en marcha la “Teoría del Poder Ejecutivo Individual”, algo en lo que empieza a interesarse desde su posición de jefe de gabinete de la Casa Blanca, algo que plasmaría durante sus mandatos como vicepresidente.

Una imagen de la estupenda transformación de Bale en Cheney. Su interpretación fue premiada con un Globo de Oro.

“Teoría del Poder Ejecutivo Individual”

Para ello, cuenta con las ideas de su principal asesor jurídico, David Addington. Es una reveladora conversación telefónica:

David Addington: Verás, el vicepresidente es parte del Poder Ejecutivo. Y, con su voto desempata votaciones en el Senado, también es parte del poder legislativo, ¿verdad?

Chaney:

David Addington: Eso significa que el vicepresidente, a su vez, no está ni el ejecutivo, ni en el legislativo.

Chaney: Entonces, podría afirmarse que… ningún poder supervisa al vicepresidente.

David Addington: No solo podría afirmarse. Te lo estoy afirmando.

Chaney: Es brillante, David.

Chaney se alzó con la Vicepresidencia, tras un dudoso recuento de votos. Solo 537 votos decidieron la victoria de Bush. Y fue, precisamente, Antonin Scalia (antiguo conocido de Chaney), y el Tribunal Supremo quienes impidieron que el Estado de Florida terminara el segundo recuento de votos y que la Presidencia cayera del lado del candidato demócrata, Al Gore, que había sido vicepresidente con Bill Clinton.

En su nuevo cargo, Cheney se rodea de todo un equipo que será el auténtico poder en la sombra en toda la Administración Bush, porque como le dice su mujer: “Él tiene aliados, contactos, Dick… Eres nuevo en su entorno, no conoces el terreno”. Por eso decide investigarlos a todos a conciencia “expedientes financieros, médicos, entrevistas, prensa…”.

Scooter Lybby, jefe del gabinete de Dick. Asesor de Seguridad Nacional y asesor especial del presidente; Mary Matalin, asesora del vicepresidente y asistente de Bush; David Addington, principal asesor jurídico de Dick, “el centrocampista en lo concerniente al poder ejecutivo”.

Y en el Pentágono, coloca como secretario de Estado de Defensa a su mentor Donald Rumsfeld.

Genial la interpretación de Steve Carell como Donald Rumsfeld, mentor político de Cheney, al que ascenderá a secretario de Estado de Defensa durante gran parte de su vicepresidencia. Hasta que le deja caer.

Deciden intervenir todos los «emails» de Bush y su agenda. “No habrá rastro, serán destruidos después”. Al igual que los informes de los servicios de Inteligencia.

Igualmente, reparten 800 cargos más entre los grupos de presión, entre los principales reguladores.

Cheney está en todas partes. Consigue despacho en la Cámara de Representantes, en el Senado, en el Pentágono e incluso una sala de reuniones en la CIA.

Aunque según relata la película, uno de los verdaderos centros de poder era un nuevo laboratorio de ideas llamado “Americanos por la reforma Fiscal”, financiado por los hermanos Koch, las grandes petroleras y las tabacaleras.

“Su reunión de los miércoles era el centro del mundo republicano”. Gracias a las ideas del “gurú del marketing”, Frank Lunz, los “focus grup” y el apoyo de la FOX, consiguieron revertir algunos conceptos que aún hoy siguen en nuestro imaginario colectivo.

Por ejemplo, el impuesto de sucesiones (que nadie quería apoyar), pasó a denominarse “impuesto de la muerte”; el calentamiento global (algo que da mucho miedo), pasó a llamarse “cambio climático”….

Y tras esto ocurrió el 11-S, una excusa perfecta

El vicepresidente vio una oportunidad para acaparar más control a través de la llamada Teoría del Poder Ejecutivo Individual, y lejos de la invasión de Afganistán, la película no se abstiene de mostrar los aspectos más oscuros y controvertidos de Cheney, incluyendo su influencia en eventos significativos como la Guerra de Irak, justificada en unas inexistentes armas de destrucción masiva, y las políticas de tortura post-11 de septiembre​​.

Impresionante, en este aspecto, el «sketch» que tiene como protagonista a un chef interpretado por Alfred Molina y su particular “carta” de platos de todos los derechos que se quebraron bajo la presidencia de George W. Bush, inspirados en muchas ideas de John Yoo (Asesoría del Fiscal General), que refuerzan su idea de la Teoría del Poder Ejecutivo Individual.

La primera opinión jurídica del fiscal general adjunto Yoo, permitió al gobierno de EE.UU. vigilar las llamadas, los mensajes telefónicos o el correo de cualquier ciudadano sin orden judicial. Pero la obra maestra de John Yoo, fue el “Memorando de la tortura”.

La carta se la recita a Cheney ya todo su núcleo duro, sentados en una mesa de restaurante.

El chef interpretado por Alfred Molina, junto al núcleo duro del vicepresidente Cheney.

Chef: Buenas noches caballeros, la Ley que hoy les sugerimos es la del Combatiente Enemigo, por la cual una persona no es ni prisionero ni criminal, por lo que no está amparado por ninguna ley. También puedo ofrecerles la “entrega extraordinaria”. A los sospechosos se les secuestra, sin dejar pruebas en suelo extranjero y se les lleva a cárceles donde se practica la tortura.

Donald Rumsfeld: Eso suena delicioso.

Chef: También tenemos la bahía de Guantánamo, que, aunque es muy complicado, permite actuar al margen de todos los procedimientos legales, en un lugar que no es territorio estadounidense, pero sobre el que aún tenemos control.

Asimismo, tenemos una interpretación deliciosa de la ley de Poderes de Guerra, que le otorga al brazo ejecutivo amplios poderes para atacar a naciones o personas que considere que son una amenaza.

Recuerden que según la Teoría del Poder Ejecutivo Individual, si el presidente hace cualquier cosa, es legal. Pueden hacer lo que les de la gana [risas de Cheney]. Bien caballeros, ¿qué les traigo?

Cheney: Tráigalo todo.

Y así, fue actuando Cheney. Mucha gente pidió su dimisión tras demostrarse las mentiras que justificaron la guerra de Irak, pero aunque hubo muchas dimisiones y despidos, el suyo no fue uno de ellos. Eso solo ocurriría con la llegada de Barack Obama al poder.

«El vicio del poder» se escuda en el humor para abrir los ojos al mundo sobre el tipo de líderes que mueven los hilos de la política y, sobre todo, de cómo sus asesores son capaces de utilizar los medios de comunicación y todo tipo de estratagemas para manipular la realidad y esconder bajo nubes de humo unos errores catastróficos.

La guerra de Irak, como aparece en los créditos finales de la película, costó la vida “a 4.530 soldados estadounidenses muertos y más de 32.325 heridos”. También “se saldó con más de 600.000 civiles iraquíes muertos”.

“La Casa Blanca declaró haber perdido 22 millones de ‘emails’, un periodo de apagón”.

A través de una mezcla de técnicas narrativas que incluyen el uso de material de archivo, narración en «off», y una estructura que rompe frecuentemente la cuarta pared, la película desmenuza la esencia misma del poder político y su impacto en la sociedad contemporánea.

Y nos invita, como espectadores, a reflexionar sobre la política estadounidense de las últimas décadas.

Nos recuerda, que muchas de esas leyes o “memorandos” contra los derechos constitucionales y humanos, instauradas en esa época oscura, aún pueden ser aplicadas en los Estados Unidos. De hecho, se han aplicado tanto bajo la presidencia de Donald Trump como en la actual de Joe Biden.

¡Increíble, pero cierto!

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