Fernando Portillo hace un balance a lo que han supuesto estos cuatro años al frente de la Presidencia de Foro Judicial Independiente, que dejará el próximo 7 de noviembre. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Fernando Portillo, presidente de FJI: “Sin un poder judicial independiente la democracia se convierte en autocracia, en totalitarismo”

20 / 10 / 2025 00:45

El próximo 7 de noviembre Fernando Portillo deja la Presidencia de Foro Judicial Independiente tras cuatro años al frente de una de las asociaciones más combativas y con mayor peso dentro de la carrera judicial.

Lo hace con la serenidad de quien ha librado muchas batallas y la convicción de que sin un poder judicial libre y autónomo no puede hablarse de democracia. “Sin jueces independientes la democracia se convierte en autocracia, en totalitarismo”, afirma con rotundidad.

Durante su mandato, Portillo ha defendido la independencia judicial frente a los intentos de injerencia política, ha impulsado movilizaciones históricas y ha conseguido avances como una subida salarial sin recurrir a la huelga.

Magistrado en Melilla, juez “tuitero” divulgador en redes sociales y autor del libro Destripando el derecho, se ha convertido en una de las voces más reconocibles dentro de la judicatura, tanto por su claridad expositiva como por su capacidad para acercar el lenguaje jurídico a la ciudadanía.

En esta entrevista, repasa los logros y desafíos de su gestión, reflexiona sobre la politización de la justicia, la falta de medios, el papel de los fiscales y el futuro de la judicatura.

También habla de su faceta más personal: de cómo la carrera judicial no es una herencia de élites, de su paso por la Escuela Judicial, de su esposa —también jueza—, y de la vida cotidiana de quienes administran justicia en un sistema sobrecargado.

Portillo, que ahora vuelve plenamente a su labor como magistrado, asegura que seguirá siendo juez divulgador y “tuitero”, comprometido con la idea de que el ciudadano debe entender las decisiones judiciales, porque “si la justicia emana del pueblo, el pueblo tiene derecho a comprenderla”.

El Eclesiastés dice que hay un tiempo para todo bajo el sol, hay un tiempo para plantar y hay un tiempo para desplantar, hay un tiempo para amar y un tiempo para arrojar piedras, ¿no? Y yo diría que también un tiempo para hacer balance. ¿Cuál ha sido el tuyo al frente de Foro Judicial Independiente, ahora que dejas la Presidencia?

Llevo seis años seguidos en la Directiva. Dos como vicepresidente y los cuatro últimos como presidente. Antes había estado cuatro años en la dirección, con una pausa entre ambos periodos, de dos años. De los últimos doce años, diez los he pasado implicado en las actividades de Foro Judicial Independiente. Pero estos cuatro últimos, como presidente, han sido los más intensos.

El balance es positivo. Me llevo muchas experiencias y el privilegio de haber trabajado con personas muy valiosas de las que he aprendido mucho. Aunque aún quedan grandes objetivos por lograr, hemos conseguido algunos avances importantes, como una subida salarial sin necesidad de convocar una huelga. Más adelante, también organizamos con éxito una huelga de jueces y una manifestación frente al Tribunal Supremo.

Sin embargo, lo que más satisfacción me da son las pequeñas cosas: haber podido ayudar a compañeros concretos que atravesaban dificultades y ver que nuestra intervención les sirvió de apoyo. Eso, en lo personal, me compensa todo.

Lo cierto es que el ritmo es agotador; mantener esta tensión constante pasa factura, pero aun así, la experiencia ha merecido la pena.

La inmensa mayoría de los jueces y magistrados que conforman la carrera judicial no proceden de familias de jueces o fiscales, como Portillo. En la entrevista explica que no proceden de ninguna casta. Se lo ganaron por medio de una dura oposición. La judicatura, para ellos, ha sido un ascensor o una escalera social. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Dentro de unos días dejas, en Albacete, donde se va a celebrar el XXI Congreso de tu asociación, la Presidencia de la Comisión. Ahora mismo ya  eres un presidente… con fecha de caducidad.

Sí, dejaré la presidencia el 7 de noviembre, durante el Congreso que se celebrará en Albacete. Ese día, por la tarde, se votarán los nuevos cargos y entonces dejaré oficialmente el puesto. Aún no se sabe quién me sucederá.

Actualmente, la asociación cuenta con unos 350 socios de un total de unos 5.500 jueces en toda España. Hemos mantenido un crecimiento constante a lo largo de los años, algo que no todas las asociaciones han conseguido.

¿Os equivocasteis con la convocatoria de la última huelga de jueces y fiscales?

No nos equivocamos. En aquel momento, la carrera judicial estaba muy descontenta, especialmente por la situación de los jueces y fiscales sustitutos, y nuestra labor era canalizar ese malestar. Creo que actuamos correctamente.

Es cierto que nuestras acciones no detendrán por sí solas la tramitación de las leyes, porque su aprobación no depende de razones jurídicas, sino de cálculos políticos. Si el Gobierno tiene los apoyos necesarios, las sacará adelante; si no, no lo hará. Pero al menos sirvió para que la sociedad viera a sus jueces, comprendiera su papel y entendiera que el poder político no puede hacer cualquier cosa sin límites.

El mensaje más importante es ese: el poder judicial es esencial para la democracia. Sin jueces independientes que garanticen que las leyes se cumplen y que el poder actúa dentro de la legalidad, la democracia desaparece. Podremos seguir votando cada cuatro años, pero sin justicia independiente, lo que queda es una autocracia o un régimen totalitario.

Sin un poder judicial independiente la democracia se convierte en autocracia, en totalitarismo.

«El papel del ministro Bolaños es el de un político y, desde ese punto de vista, creo que sus decisiones están perjudicando al Poder Judicial»

¿Cómo ha sido la relación con el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños?

La relación personal ha sido cordial cuando hemos coincidido, y eso siempre se agradece. Poder hablar con naturalidad y humanidad con los altos responsables del país es positivo. Sin embargo, no olvido que su papel es el de un político, y desde ese punto de vista, creo que sus decisiones están perjudicando al Poder Judicial.

La llamada “Ley de Tribunales de Instancia” es un ejemplo claro. Se está impulsando sin escuchar la voz de las asociaciones judiciales y sin prever el presupuesto necesario, lo que demuestra una forma equivocada de actuar. Además, parte de un diagnóstico erróneo: se piensa que los problemas de la justicia se deben solo a la organización, cuando en realidad el principal problema es la falta de jueces.

La mayoría de nosotros trabajamos con una carga excesiva y eso impide ofrecer al ciudadano la respuesta rápida y de calidad que merece. Mejorar la organización es importante, pero sin más jueces, la justicia no podrá funcionar adecuadamente.

Bolaños se ha puesto como objetivo aprobar una nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal que sustituya a esta de 1882 y que le dará a los fiscales la instrucción que ahora ostentan los jueces de instrucción. ¿Crees que lo conseguirá?

Ahora mismo el proyecto está pendiente del informe del Consejo de Estado. Según el Ministerio, su intención era que la ley estuviera en vigor a comienzos del próximo año, aunque, viendo cómo están las cosas, eso parece poco probable. En cualquier caso, si llega a aprobarse, todo apunta a que tendrá un periodo de vacatio legis, es decir, un tiempo de suspensión antes de su entrada en vigor, bastante largo.

Lo fundamental es que, si se reforma la Ley de Enjuiciamiento Criminal, debería modificarse al mismo tiempo el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Solo así los fiscales podrían tener la autonomía e independencia necesarias para asumir funciones que hoy corresponden a los jueces.

Si esa reforma no se produce, mi deseo sería que la entrada en vigor de la nueva ley se retrase indefinidamente, como ocurrió con la del Registro Civil, que tardó once años en aplicarse.

La entrevista se realizó en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, donde se encuentra esta escultura de la Justicia. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

¿Crees que la imputación del fiscal general del Estado está ayudando a la idea de la positive implantación de la futura LECRim?

Precisamente lo que estamos viendo ahora confirma los riesgos que ya habíamos señalado: la posibilidad de que el poder político influya en la justicia. El caso del actual fiscal general del Estado es un ejemplo. Aunque sigue contando con la presunción de inocencia, la imagen que transmite es la de alguien más preocupado por defender al Gobierno que por garantizar la legalidad, que es su verdadera función.

Más allá de lo que finalmente determine la justicia, esa percepción ya ha calado en la sociedad. Hoy, la ciudadanía es más consciente de lo peligroso que resulta una Fiscalía que no rompa de forma clara sus vínculos con el poder político, especialmente si se le otorgan mayores competencias, como la instrucción de los delitos (la fase inicial de investigación de un caso penal).

En la mayoría de los casos, esa diferencia entre que investigue un juez o un fiscal no tendría consecuencias, pero el problema surge en ese pequeño porcentaje de asuntos con relevancia política o mediática. Ahí es donde se pone en juego la independencia del sistema judicial, y ese es el verdadero riesgo.

El reciente informe de la Comisión de Venecia ha venido a daros la razón. En especial a vosotros y a la Asociación de Jueces Francisco de Vitoria. No lo dice expresamente pero, ¿veis reflejadas vuestras propuestas específicas? Porque lo de que la Carrera judicial elija a los 12 vocales jueces también lo defiende la APM.

Es uno de los aspectos que más satisfacción me deja de estos cuatro años. Me alegra despedirme de la presidencia viendo que el trabajo realizado durante tanto tiempo por Foro Judicial Independiente, junto con la Asociación Francisco de Vitoria, ha dado sus frutos.

Aunque la Comisión Europea no mencione nuestros nombres ni reproduzca literalmente nuestras propuestas, reconozco que muchas de las garantías que ahora recomienda para evitar la politización del Consejo General del Poder Judicial ya estaban recogidas en nuestro informe.

Medidas como las listas abiertas, el voto limitado a un máximo de seis candidatos o el voto ponderado formaban parte de nuestras propuestas, y sabemos que la Comisión tuvo acceso a ellas. Por eso, ver ahora que un organismo europeo respalda, por escrito, las mismas ideas que llevamos defendiendo durante años es, para nosotros, una verdadera victoria moral.

«La presidenta, Isabel Perelló, está defendiendo a los jueces frente a las críticas y ataques, a veces velados, del poder político, y al mismo tiempo mantiene una relación institucional adecuada con los otros poderes del Estado, algo que también es necesario. Me convence su voluntad de diálogo y de buscar consensos, aunque no comparta todas sus decisiones».

Actualmente se está produciendo una paradoja preocupante. El sistema judicial español es muy garantista y ese garantismo enlentece el avance de las causas, lo que, a su vez, está produciendo desconfianza en su propio funcionamiento y en el de los jueces. La consecuencia no deseada es que ese estado de cosas se convierte en un disolvente de la confianza en la Justicia. ¿Le ves alguna solución?

Es cierto que nuestro sistema judicial es muy garantista, incluso más que el de otros países igualmente democráticos. Sin embargo, creo que es necesaria una reforma de las leyes procesales que permita agilizar los procedimientos sin perder esas garantías.

Por ejemplo, actualmente se puede recurrir casi cualquier decisión durante la fase de instrucción (la etapa en la que se investigan los delitos), y eso se utiliza a veces para retrasar los procesos de forma intencionada. Habría que revisar esas normas para evitar abusos y hacer que la justicia sea más rápida, pero siempre sin renunciar a la protección de los derechos.

Además, el problema no es solo legal, sino también de medios. Muchos juzgados están saturados y eso retrasa los casos. Lo vemos claramente en comparaciones: las investigaciones que lleva el Tribunal Supremo, donde los jueces no están sobrecargados, avanzan mucho más rápido que en los juzgados ordinarios.

Por eso, además de reformar las leyes con sensatez, es fundamental dotar a la justicia de más recursos humanos y materiales.

¿Te convence el trabajo realizado hasta ahora por la presidenta del Consejo y del Supremo, Isabel Perelló?

La presidenta me ha convencido, sobre todo por la forma en que fue elegida. Su nombramiento mostró que realmente fue una decisión de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, sin presiones ni apoyos de partidos políticos, y eso ya me pareció muy valioso. Desde entonces, su forma de actuar ha confirmado esa impresión.

La presidenta, Isabel Perelló, está defendiendo a los jueces frente a las críticas y ataques, a veces velados, del poder político, y al mismo tiempo mantiene una relación institucional adecuada con los otros poderes del Estado, algo que también es necesario.

No es un equilibrio fácil, porque además debe atender las demandas de la carrera judicial, que muchas veces recaen directamente sobre el Consejo.

Me convence su voluntad de diálogo y de buscar consensos, aunque no comparta todas sus decisiones, especialmente en materia de nombramientos, donde creo que algunas podrían haberse abordado de otra manera. Aun así, me gusta su estilo y considero que tenemos la suerte de contar con la presidenta que tenemos ahora.

Fernando Portillo está satisfecho con el informe de la Comisión de Venecia que ha venido a refrendar el informe conjunto que realizaron Foro y la Francisco de Vitoria para devolver a los jueces la elección de sus 12 vocales jueces con medidas para impedir la politización del Consejo General del Poder Judicial. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Sabes muy bien que la revolución tecnológica nos ha traído las redes sociales que son, la causa, en gran parte, del gran ruido que impera, y que es el abono para la confrontación y la polarización de la que hablamos. Y eso no tiene ningún remedio, por ahora. ¿O sí?

Así es. La polarización, de la que tanto hablamos, se alimenta a sí misma. En las redes sociales, para tener éxito, hay que ser polémico: cuanto más rechazo generas, más visibilidad obtienes; y cuanto más te adoran unos, más te atacan otros. Estar en una posición intermedia no funciona para los algoritmos, aunque la vida real esté fuera de las redes.

Romper ese ciclo no es fácil, aunque creo que existe una parte importante de la sociedad que rechaza esta confrontación constante. Muchos ciudadanos estamos esperando que surja una nueva generación de líderes políticos capaces de ofrecer un mensaje más constructivo y menos dividido.

Es cierto que hoy buena parte de la comunicación pasa por esos canales, incluso los medios tradicionales se nutren de ellos. Pero llegará un momento en que esta saturación se reduzca y más personas comprendan que la vida no está en el teléfono, sino en lo que ocurre fuera de él. Espero que eso lleve también a exigir una política más madura, que trate a los ciudadanos como adultos y no como niños, algo que echo de menos.

En cuanto a mi etapa al frente de Foro Judicial Independiente, sí, ha merecido la pena. Ha supuesto un esfuerzo personal, familiar y emocional, pero también me ha dado muchas satisfacciones. He intentado aportar ilusión y ganas de trabajar, y quizá mi mayor acierto ha sido rodearme de personas muy valiosas. Tal vez no siempre he tenido las mejores ideas, pero sí he sabido reconocerlas cuando las veía y apoyar las que merecían la pena. Y creo que eso, en sí mismo, ya compensa todo.

Además de presidente de Foro Judicial Independiente has compaginado tu trabajo de magistrado de lo contencioso-administrativo en Melilla con el de decano de los Juzgados…

Dejé el cargo hace unos meses, después de ocho años, porque decidí no presentarme a la reelección. Un compañero tenía intención de asumir la presidencia y me pareció el momento adecuado para dar un paso atrás.

Liderar una asociación requiere un ritmo muy intenso y, como no estamos liberados de nuestras responsabilidades profesionales, el trabajo se acumula. Al final se saca adelante, pero lo más difícil es el tiempo que se le quita a la familia, porque ese no se recupera. Por eso, este tipo de cargos deben ser necesariamente temporales.

En este tiempo te ha dado hasta tiempo para escribir un libro. “Destripando el derecho”, que firmaste con el seudónimo que usas en X, antes Twiter: Judge the Zipper, Juez el destripador, que es un guiño humorístico a Jack el destripador.

Mi objetivo era hablar de derecho para quienes no son juristas. Por eso quise evitar el lenguaje técnico, los latinismos, las notas a pie de página o las citas de sentencias y artículos de ley. La idea era ofrecer una lectura ligera y accesible, capaz de atraer a personas que normalmente no se acercan a estos temas.

«Llevo desde 2016 ejerciendo como juez divulgador, y creo que esa labor sigue siendo necesaria. Esa tarea de explicar decisiones judiciales de forma comprensible va más allá de lo que hace la oficina de comunicación. Por eso, creo que el Consejo debería plantearse crear una figura o espacio específico para cumplir esa función pedagógica».

Con esa publicación, saliste del armario. Dijiste “urbi et orbi” que Judge the Zipper eras tú, Fernando Portillo.  

Sí, así es: salí del anonimato, y tú fuiste testigo de ello. Firmé el libro con mi seudónimo de Twitter, y al principio dudé si hacerlo público, porque estaba muy cómodo en el anonimato, sobre todo en una red social cada vez más agresiva.

Sin embargo, había decidido donar los beneficios que me correspondían como autor a la investigación de la ELA, así que quería que el libro se vendiera bien. Para eso era necesario promocionarlo, y salvo que quisiera aparecer en los actos con un casco, como Daft Punk, tenía que mostrar mi identidad.

Al final pensé que era el momento y que no había mejor causa para hacerlo que apoyar la investigación de esta enfermedad. Además, el tiempo me dio la razón: después supe que a otros compañeros los habían sido desenmascarados en redes o incluso desde la política. En mi caso, al menos, fui yo quien decidió hacerlo y a mi manera.

¿Tuvo alguna consecuencia el hecho de salir del armario en Twitter?

Ninguna consecuencia negativa, al contrario. Para mí fue liberador. Antes, al escribir, evitaba contar experiencias personales por miedo a que me identificaran. Ahora, al haber hecho pública mi identidad, me siento más libre para compartir mi día a día y las reflexiones que surgen de él, sin temor a “ser descubierto”.

En cierto modo, ha sido una liberación. Sigo usando el mismo perfil porque ya se ha convertido en una especie de marca personal.

En el pasado tú y yo hemos hablado de los jueces divulgadores, de esta necesidad que tiene el poder judicial de explicar sus decisiones en un idioma que la ciudadanía entienda. Desde X tú eres un juez divulgador. ¿Crees que el CGPJ debería montar una estrategia comunicativa para hacerse entender?

Llevo desde 2016 ejerciendo como juez divulgador, y creo que esa labor sigue siendo necesaria. Actualmente existe una oficina de comunicación del Consejo General del Poder Judicial que hace un gran trabajo al acercar la actividad de los tribunales a la ciudadanía, pero su función no es pedagógica, y ahí está el vacío.

Cuando empecé en redes sociales, mi intención era precisamente acercar la figura del juez a la gente, mostrar que somos personas con vidas comunes y que nuestro trabajo, aunque particular, no deja de ser un oficio más. Con el tiempo, me vi también explicando sentencias polémicas para que pudieran entenderse, no para defenderlas, sino para que cualquiera pudiera formarse una opinión con conocimiento de causa.

Esa tarea de explicar decisiones judiciales de forma comprensible va más allá de lo que hace la oficina de comunicación. Por eso, creo que el Consejo debería plantearse crear una figura o espacio específico para cumplir esa función pedagógica.

Fernando Portillo cree firmemente en la figura del juez divulgador, una figura que él ha asumido desde 2016. Y piensa que el CGPJ debería plantearse abordar esa asignatura pendiente. La ciudadanía necesita que la justicia le explique sus decisiones. En la imagen, ante la puerta de la Biblioteca del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

En Holanda existen esas figuras. Y las utilizan mucho.

Claro, se trata precisamente de eso: de acercarse a la ciudadanía y explicar las cosas con un lenguaje sencillo, que todo el mundo pueda entender.

Definitivamente se ha roto el anquilosado axioma de que los jueces habláis a través de vuestras sentencias.  Si la justicia emana del pueblo, como dice la Constitución, el pueblo tiene que entenderlas. Y hay que explicárselas en su idioma.

Si la gente no entiende las decisiones judiciales, algo falla. Por eso, muchos compañeros y yo usamos las redes sociales para hacer una labor pedagógica y explicar nuestro trabajo. Como bien sabes, en comunicación los vacíos se llenan: si las instituciones no ofrecen información clara, otros lo harán.

Yo mismo tengo miles de seguidores interesados en entender cómo funcionan los tribunales y las resoluciones judiciales, algo que nunca imaginé. Esa demanda demuestra que existe una necesidad real de información jurídica accesible. Y cuando no se cubre desde los canales oficiales, somos los propios jueces —y en ocasiones las asociaciones judiciales— quienes tratamos de hacerlo. Al fin y al cabo, como se dice, la naturaleza detesta el vacío.

¿Qué profesión ejercía tu padre?

Mi padre era subinspector de trabajo. Era funcionario del grupo B y mi madre ama de casa.  

¿Por qué te hiciste juez?

Me hice juez porque, de algún modo, la vida me llevó a ello. Siempre se me dio bien estudiar y, durante la carrera, la idea de ser juez me atraía mucho. Sin embargo, me echaba para atrás tener que preparar una oposición tan larga y después pasar dos años en la Escuela Judicial.

Mi abuelo solía decir que en España los notarios no son los que mejor entienden las cosas pero sí los que mejor viven. Seguí su consejo: decidí preparar notarías pensando que así aprovecharía mi capacidad de estudio sin pasar por una formación tan prolongada. Pero, como suele decirse, si quieres hacer reír a Dios, haz planes.

Con el tiempo dejé notarías y volví a replantearme mi futuro. Recuperé entonces aquella vocación inicial por la judicatura, que encajaba mejor con mi forma de ser, con mi sentido de la justicia y con mi sensibilidad ante las desigualdades. Esta vez no me importó tener que pasar años estudiando ni los dos de Escuela Judicial.

Y la decisión fue acertada: la Escuela me permitió conocer a grandes amigos —con los que sigo en contacto— y, además, allí conocí a mi mujer. Así que aquello que en su momento me había frenado acabó cambiándome la vida por completo.

«Percibo un interés en desprestigiar al poder judicial. Como he señalado en otras ocasiones, la justicia es un poder incómodo para la política porque limita sus aspiraciones de control. Y una forma de debilitarla es restarle legitimidad ante la sociedad, algo que ahora vemos con más intensidad que nunca».

¿Tu mujer también es juez?

Sí, la conocí en la Escuela Judicial. Y, de hecho, gracias a su apoyo y generosidad he podido ejercer como presidente de Foro estos años. Como decía antes, este cargo exige sacar horas de donde no las hay: el trabajo se retrasa, aunque al final se saca adelante, pero el tiempo que se quita a la familia no se recupera.

Te he preguntado de tu padre porque hay una corriente de pensamiento entre la ciudadanía que piensa que todos procedéis de castas de familias de jueces y de fiscales. ¿Cuántos de tus compañeros que tú conoces proceden de familias de jueces y fiscales?

En mi promoción, menos del 5% de los 140 que aprobamos teníamos padres o abuelos jueces. No es una profesión que se herede ni que fomentemos entre nuestros hijos. De hecho, cada vez son menos los hijos de jueces que deciden seguir este camino.

No sabemos “venderles” bien la carrera, y tampoco es un oficio ligado a clases acomodadas. La mayoría venimos de familias de clase media que vimos en la judicatura una forma de ascender socialmente y dedicarnos a algo que realmente nos gusta.

Cuando en la Escuela Judicial nos preguntan por qué queremos ser jueces, las respuestas más comunes son dos: porque nos apasiona el derecho y porque queremos proteger los derechos y libertades de los ciudadanos.

En mi caso, siempre ha sido lo primero. Ser juez me parece una forma honesta y hermosa de convertir el amor por el derecho en una profesión, sin los condicionantes que tiene, por ejemplo, la abogacía, donde a veces hay que defender una postura, aunque no se comparta.

En la judicatura uno puede decidir con independencia, aplicando la ley con las pruebas y herramientas que tiene. Y para eso no hace falta venir de una familia rica. En mi caso, mi padre era funcionario, mi madre ama de casa y éramos cuatro hermanos.

Como he contado alguna vez, cuando en casa se acababan las magdalenas, no se compraban más hasta el mes siguiente, y la leche era siempre la más barata, la que estuviera de oferta. Así crecí, cambiando cada mes de sabor de leche, pero con la misma ilusión de hacer del derecho mi vida.

¿Y cuando escuchas en medios, por parte de algunos, eso de que sois una casta, qué piensas?

Creo que, por un lado, hay quienes hablan sin conocer los datos. Podría entenderse cierto prejuicio si no existieran estadísticas, pero llevamos casi 30 años de estudios del Consejo General del Poder Judicial que los desmienten.

Cerca del 60% de quienes ingresan en la carrera judicial no tienen padres con estudios superiores, lo que demuestra que la judicatura no proviene de clases privilegiadas.

Por otro lado, percibo un interés en desprestigiar al poder judicial. Como he señalado en otras ocasiones, la justicia es un poder incómodo para la política porque limita sus aspiraciones de control. Y una forma de debilitarla es restarle legitimidad ante la sociedad, algo que ahora vemos con más intensidad que nunca.

Se ha llegado incluso a cuestionar el carácter constitucional y democrático del poder judicial, como si fuéramos una herencia del pasado. Pero eso no es cierto: todos los jueces actuales nos hemos formado y ejercemos en democracia, bajo los principios de la Constitución.

No merecemos los ataques que buscan simplemente desactivar un poder del Estado que resulta incómodo, sobre todo cuando investiga casos de corrupción que afectan a quienes gobiernan.

La respuesta de algunos ha sido intentar deslegitimar a los jueces, calificarnos ideológicamente o promover cambios en el sistema de elección judicial que podrían comprometer nuestra independencia. Y eso es, precisamente, lo más preocupante.

La entrevista tuvo lugar en el TSJM con motivo de la celebración de la IV Jornada para el Estado de Derecho, que tuvo lugar el viernes 17 de noviembre, organizada por Foro Judicial Independiente. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

¿Qué consejo le darías a tu sucesor o sucesora, la persona que va a asumir la manija de Foro Judicial independiente desde el 7 de noviembre próximo?

Le daría dos consejos. El primero, desde el punto de vista de la asociación: que mantenga la línea que Foro Judicial Independiente ha seguido hasta ahora en los temas esenciales. Durante mi presidencia he procurado continuar el trabajo de quienes me precedieron —como Concha Rodríguez o Conrado Gallardo—, y creo que eso es clave para conservar la identidad que nos distingue como asociación judicial.

El segundo consejo, en el plano personal, sería que aprenda a delegar. Que se rodee de personas trabajadoras, honestas y comprometidas, y confíe en ellas. Saber delegar es fundamental para poder liderar bien.

¿Tú supiste delegar?

Confieso que no he sabido delegar tanto como debería. Pero es mi forma de trabajar, y mi manera de ejercer la presidencia no tiene por qué ser la misma que adopte quien venga después.

¿Cuáles son tus consejos sobre la relación con los poderes, el Ejecutivo y el Poder Judicial?

Le diría que mantenga siempre una actitud abierta al diálogo. Solo en casos muy excepcionales debería dejar de asistir a una reunión o mesa de trabajo. Hay que estar presente en todos los espacios, dispuesto a debatir y, sobre todo, a ser escuchado.

Cada encuentro con otras instituciones es una oportunidad para sembrar una idea sobre cómo mejorar las cosas, y nunca se sabe cuándo esa semilla puede dar fruto.

¿Y sobre los medios de comunicación?

Creo que es fundamental que Foro Judicial Independiente esté presente cada vez que se debatan asuntos relacionados con la justicia. No se trata solo de difundir comunicados oficiales o expresar nuestra postura ante determinados temas, sino también de participar en conversaciones públicas sobre cuestiones que, aunque no afecten directamente a la asociación, preocupan a la sociedad.

Defiendo que mantengamos esa independencia en nuestra relación con los medios, porque nos permite orientar la comunicación hacia lo esencial: la defensa del poder judicial, la denuncia de la falta de medios y la reivindicación del respeto a las decisiones judiciales.

Cada aparición pública es una oportunidad para poner en valor el nombre de Foro Judicial Independiente y para explicar, con claridad, conceptos jurídicos que muchas veces resultan desconocidos para la ciudadanía.

¿Y con respecto a la relación con el resto de las asociaciones?

Le recomendaría que mantenga siempre un diálogo sincero y transparente con el resto de asociaciones judiciales. En mi experiencia, actuar con honestidad acaba siendo recompensado, y es esencial para lograr avances reales.

Las cuestiones más importantes solo pueden conseguirse si las cuatro asociaciones trabajan unidas, y eso requiere confianza mutua.

El futuro presidente o presidenta no debe dar una imagen de doble discurso ni actuar con estrategias ocultas. La sinceridad es clave. Por supuesto, cada asociación tiene sus propios intereses y, en ocasiones, es necesario actuar de forma independiente para responder a las demandas de los propios asociados. Pero los grandes objetivos solo se alcanzan sumando esfuerzos y manteniendo una comunicación honesta con los demás.

En cuanto al Consejo General del Poder Judicial, las relaciones deben ser fluidas y constructivas. Es un órgano de gobierno con sus propias competencias y prioridades, que no siempre coinciden con las de las asociaciones.

Aun así, hay que mantener el contacto, insistir y llamar a su puerta cuando sea necesario para impulsar los cambios que estén en su mano, aunque a veces las decisiones dependan más del Ministerio de Justicia que del propio Consejo.

En este nuevo periodo de tu vida, ¿vas a seguir ejerciendo de juez divulgador, de juez tuitero? ¿Vas a seguir escribiendo libros?

Seguiré, en la medida de lo posible, siendo juez tuitero y divulgador en redes sociales. Continuaré colaborando con los medios, aunque ya no lo haga como presidente de Foro Judicial Independiente. Sigo siendo magistrado y miembro del Foro, y me gustaría aprovechar ese espacio para seguir acercando la justicia a la ciudadanía.

Además, tengo en mente un nuevo reto: escribir un libro de ficción. Estoy muy satisfecho con el anterior, pero era un libro sobre lo que conozco. Ahora quiero probar algo distinto, crear una historia desde la imaginación. No sé si llegaré a hacerlo ni si seré capaz, pero es un proyecto que me ilusiona.

Noticias relacionadas:

La mayoría de asociaciones judiciales denuncian avances «insuficientes» en el II Plan de Igualdad en la Carrera Judicial

FJI exige a Bolaños que rectifique su acusación al CGPJ de «corporativismo judicial», y le recuerda que él participó en la elección de los vocales

FJI y AJFV alertan al Ministerio de Félix Bolaños del «deterioro estructural» de la Justicia

FJI y AJFV expresan su preocupación por el descrédito político hacia el poder Judicial tras la condena a García Ortiz

Foro Judicial Independiente nombra presidente a Roberto García Ceniceros y pide la dimisión del ministro Bolaños

Fernando Portillo, presidente de FJI, muy crítico con Félix Bolaños: «no puedo pasar por alto las veces que ha puesto en duda la imparcialidad e independencia de los jueces»

Lo último en Mundo Judicial

Arnaldo

Enrique Arnaldo alerta en Brasil del avance de las presiones sobre la independencia judicial: “Sin jueces libres, la democracia se debilita”

Apoyo Aurora Angulo

El Pleno del CGPJ otorga el amparo a la magistrada del caso Juana Rivas y alerta contra las campañas de presión mediática sobre el Poder Judicial

Audiencia Nacional

El CGPJ otorga a la Audiencia Nacional el premio «Justicia más transparente» por la creación de la mesa de lo Social

Granada

Los presidentes de los Tribunales de Instancia advierten: «La desorganización se ha trasladado a la generalidad de los tribunales»

Isabel Perelló

Perelló defiende la independencia judicial y advierte: «No hay Estado de Derecho sin jueces independientes»