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Cartas desde Londres: Anécdotas y curiosidades de los tribunales de Inglaterra y Gales (IV)

Josep Gálvez
Cartas desde Londres: Anécdotas y curiosidades de los tribunales de Inglaterra y Gales (IV)
Sobre estas líneas una caricatura de Frederick Edwin Smith -F.E. Smith o Lord Birkenhead para los amigos–, sobre el que Josep Gálvez centra hoy su atención, fue uno de los "barristers" más brillantes –y arrogantes– de la moderna historia de la abogacía inglesa. Foto: Vanity Fair, 1907.
05/7/2022 06:48
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Actualizado: 05/7/2022 09:48
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De entre todos los ‘barristers’ que han pisado los tribunales ingleses, seguramente Frederick Edwin Smith F.E. Smith o Lord Birkenhead para los amigos– sea el epítome del dandi de los pleitos, aunando arrogancia, una mente privilegiada, gastos suntuosos así como carísimos honorarios, pero sobre todo una implacable determinación en ganar el caso.

De él se ha dicho que fue “un soldado moderno de fortuna; el intelecto de Lord Birkenhead era su espada, y su confianza, su espuela”.

De hecho, es sabido que el personaje de Sir Robert Morton QC en la famosa novela de Terence Rattigan, ‘The Winslow Boy’ (“El Caso Winslow”), fue basado en gran medida en la persona y leyenda del mismo F.E. Smith.

Por cierto que, si vieron la excelente adaptación para el cine de 1999, no dejen de comprobar que la anterior película de 1948, con el mismo nombre, es incluso mejor ya que cuenta con un irrepetible Robert Donat en estado de gracia para encarnar magistralmente a este enigmático ‘barrister’.

Aunque la vida de F.E. Smith serviría para una serie de cartas, ya que ostentó altos cargos en la Gran Bretaña de principios del siglo XX, como por ejemplo ‘Lord High Chancellor’, fue íntimo amigo de Winston Churchill, así como parlamentario conservador en la Cámara de los Comunes, hoy nos detendremos en su faceta como ‘barrister’.

Y cómo no, en sus anécdotas ante los tribunales.

UNA PERSONALIDAD TAN PARTICULAR COMO CARISMÁTICA

Como habilísimo orador que era, F.E. Smith estaba llamado naturalmente a una carrera en el «Bar» de Inglaterra y Gales y, en efecto, su trayectoria profesional como procesalista le trajo una fama bien merecida, aunque como todo en su vida, también con evidentes excesos.

Cuenta su ‘clerk’, Sydney Aylett, en la fantástica autobiografía ‘Under the Wigs’ (“Bajo las Pelucas”), su particular relación con F.E. Smith, dado que se trataba de un abogado mucho más arisco que sus compañeros y que fueron también auténticos mitos de la profesión a principios del siglo XX como el gran Marshall Hall, del que hablaremos otro día.

Pero a diferencia de aquellos, ante los tribunales, F.E. Smith era conocido por sus implacables contrainterrogatorios (‘cross-examination’) y, aunque su arrogancia, frialdad y agresividad provocaban que jueces y jurados estuvieran inicialmente en su contra, después se los ganaba en el informe final gracias a su carisma y apelando al recto sentido de la justicia.

En cualquier caso, según relata Aylett, F.E. Smith era un tipo muy diferente por ejemplo, a su hermano Harold, con el que compartían despacho en esa misma ‘chambers’ londinense.

Ante los tribunales, F.E. Smith era conocido por sus implacables contrainterrogatorios (‘cross-examination’) y, aunque su arrogancia, frialdad y agresividad provocaban que jueces y jurados estuvieran inicialmente en su contra, después se los ganaba en el informe final gracias a su carisma y apelando al recto sentido de la justicia

Así, mientras Harold era simpático y le saludaba siempre con una simpática sonrisa cuando se lo cruzaba, F.E. Smith “ignoraba completamente mis ‘buenos días, caballero” (‘good morning, sir’) en las cuatro o cinco ocasiones en que lo intentó, lo que hizo que finalmente desistiera, ya que ni se molestaba en mirarme”.

Esta conducta sorprendía en gran medida, dado que como recuerda Aylett, F.E. Smith no procedía de alta cuna, sino que incluso llegó a Londres con un marcado acento de Lancashire, “del que se deshizo en seis semanas cuando se le advirtió que no podría avanzar en la profesión si no aprendía a hablar un inglés aceptable”.

Ya ven ustedes el percal.

F.E. Smith no procedía de una alta cuna pero supo elevarse a lo más alto gracias a su inteligencia.

UNA AUDIENCIA URGENTE MAÑANA A LAS DIEZ Y MEDIA

La primera anécdota de este ‘barrister’ viene precisamente de sus costumbres personales y profesionales, dado que, aunque F.E. Smith gustaba de la juerga desenfrenada y del consumo de grandísimas cantidades alcohol, parece ser que era capaz de mantener ambos mundos completamente al margen, de lo que da buena cuenta el ‘clerk’ Ayett, cuando tuvo la ocasión de comprobarlo en persona.

En una ocasión, ya había anochecido cuando un solicitor se personó en la ‘chambers’ y requirió a Ayett para que llevara urgentemente una documentación al domicilio de F.E. Smith sobre un complicadísimo caso, cuya audiencia preliminar se iba a celebrar a la mañana siguiente ante los Tribunales del Almirantazgo (‘Admiralty Courts’).

Así que documentación en mano -que al parecer pesaba un quintal- el ‘clerk’ se dirigió raudo a la vivienda de este ‘barrister’, siendo recibido en la puerta por el mayordomo de F.E. Smith, a quien advirtió de la extrema urgencia de que el abogado recibiera esos documentos a la mayor brevedad.

Se los entregaré mañana por la mañana– contestó el mayordomo (con ese desdén y careto que solamente los mayordomos ingleses pueden articular correctamente).

Eso será demasiado tarde –advirtió el ‘clerk’–. Es una documentación urgente para que el señor Smith comparezca ante el tribunal mañana a las diez y media de la mañana.

Es evidente que usted no conoce la forma de proceder del señor –contestó impávido el mayordomo de F.E. Smith.

Y siguió el sirviente:

– Me ha dado instrucciones de que no se le moleste. A las cuatro de la madrugada le despertaré con una taza de café y el señor estudiará el caso hasta las ocho de la mañana, cuando tomará el desayuno. Y puedo asegurarle que estará ante el tribunal debidamente instruido a la hora requerida.

Sorprendido por la respuesta y a pesar de las promesas del áspero mayordomo, el ‘clerk’ se encaminó preocupado hacia su casa.

Evidentemente, lo primero que hizo Ayett al día siguiente cuando llegó a la ‘chambers’ fue preguntar al ‘solicitor’ cómo había ido la audiencia de F.E. Smith ante el tribunal y si todo había salido satisfactoriamente.

– Perfecto, Billy, muchas gracias por llevar la documentación. Los argumentos de Smith ante el tribunal han sido sencillamente brillantes.

Sin duda, asombrado por las costumbres de F.E. Smith, el ‘clerk’ Ayett confesó al ‘solicitor’ lo sucedido con el mayordomo la noche anterior y el resultado de su memorable intervención ante los tribunales de Su Majestad. 

Y el ‘solicitor’ le contestó:

– ¡Ah!, entonces es que no has oído hablar acerca de la famosa historia sobre la acción de difamación de 1906.

Pues ahí que vamos.

El Rey reconoció su valía convirtiéndole en vizconde de Birkenhead.

LA FAMOSA HISTORIA SOBRE LA ACCIÓN DE DIFAMACIÓN DE 1906

El caso se refiere a la famosa compañía productora de jabones británica llamada ‘Lever Brothers’, (actualmente ‘Unilever’) y a una noticia que fue publicada periódico ‘Northcliffe Press’ en ese año.

En dicho artículo se atacaba ferozmente al propietario de la compañía, el señor William Lever (posteriormente Lord Leverhnlme), acusándole de intentar formar un cártel de jabones y así tratar de tergiversar la oferta de productos en el mercado del país.

Así que, con un buen cabreo, el señor Lever decidió tomar medidas contra la prensa y expuso los hechos ante dos eminentes procesalistas, quienes coincidieron en desaconsejar la interposición de una demanda por difamación en vista de la opinión pública generalizada en su contra, precisamente por los hechos denunciados en el artículo.

Pero como el Sr. Lever no era precisamente fácil de convencer, no se rindió y decidió entonces consultar a otro ‘barrister’ que era, claro está, F.E. Smith, quien entonces se encontraba en Liverpool, por lo que mandó enviarle un telegrama urgente para que se personara en Londres ‘ipso facto’.

Para gran sorpresa del ‘solicitor’, lejos de las comprensibles sudoraciones y palpitaciones, con la confianza característica de este ‘barrister’, F.E. Smith ordenó que le trajeran champán y dos docenas de ostras, como si de un festejo se tratara y empezó a leer

Cuando F.E. Smith llegó al Hotel Savoy esa misma tarde, en su habitación ya estaban esperándole un ‘solicitor’ y un montón de libros y documentación sobre el caso que llegaban casi hasta el techo, emplazándole para que emitiera su opinión legal (‘counsel Opinion’) a la mañana siguiente.

Para gran sorpresa del ‘solicitor’, lejos de las comprensibles sudoraciones y palpitaciones, con la confianza característica de este ‘barrister’, F.E. Smith ordenó que le trajeran champán y dos docenas de ostras, como si de un festejo se tratara y empezó a leer.

Estuvo trabajando durante toda la noche y exactamente a las ocho de la mañana, escribió su opinión.

Como verán, era precisa e iba directamente al grano: «No hay contestación contra esta acción por difamación, y los daños serán enormes. F.E. Smith”. (‘There is no answer to this action for libel, and the damages must be enormous- F.E. Smith’).

Es decir, para F.E. Smith el caso estaba ganado si Lever interponía una demanda por difamación.

Y así fue, porque cada de una de esas palabras pesaron más que el oro.

Iniciada la reclamación ante los tribunales, el ‘Northcliffe Press’ y el señor Lever finalmente alcanzaron un acuerdo extrajudicial por el cual el periódico pagó una auténtica fortuna: 50.000 libras esterlinas, la mayor cantidad recibida en compensación en un caso de difamación hasta entonces en la historia de Inglaterra y Gales.

Llegó a ser portada de la revista Time el 20 de agosto de 1923.

UN APERITIVO PARA ACABAR POR ESTA SEMANA

Pero fíjense que todavía no hemos hablado de ninguna de sus anécdotas ante los tribunales.

Les dejo con este aperitivo y me despido hasta la semana que viene.

Uno de los asuntos más famosos de F.E. Smith, donde por cierto ejerció la acusación, fue el llamado caso de Roger Casement, un activista irlandés al que se juzgó por rebelión por su participación en el llamado ‘Easter Rising’.

Estos hechos se remontan al lunes de Pascua de 1916, cuando aprovechando la situación del Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial, un grupo de nacionalistas irlandeses proclamó la República Irlandesa y, junto con unos 1.600 seguidores, protagonizó una rebelión contra el gobierno británico en Irlanda.

Pues bien, durante el proceso contra Casement, se pusieron de manifiesto unas supuestas aventuras homosexuales del acusado, para escándalo del personal, dado que dicha conducta sexual fue considerada un grave delito bajo el sistema penal hasta 1967.

Así que, surgida la cuestión durante el juicio, el juez que presidía se preguntaba alborotado, cómo era posible que un hombre se dejara sodomizar y dijo:

– Podría decirme qué cree usted que uno debe dar a un hombre para que este se deje sodomizar? (“Could you tell me what you think one ought to give a man who allows himself to be buggered?”)

A lo que F.S. Smith contestó:

– Oh Milord, pues treinta chelines o dos libras; lo que sea que usted lleve encima (‘Oh, Mylord, thirty shillings or two pounds; whatever you happen to have on you’).

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